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domingo, 13 de noviembre de 2022

"LOS CUENTOS DE LA RADIO " REENCUENTRO DE ACTORES Y DIRECTOR





Programa dedicado a rememorar "Los cuentos de la radio" ( TVE 1 1991 ) . Enrique Villén, Charo Sebastián, Alfonso Arteseros ( Realizador), yo, Kike Ferragut. Faltan: Jon Bermúdez, Juan Carlos Viana y Paco Bernal.

2 de noviembre de 2022 un día para el recuerdo.

 La magia existe. Solo hay que abrirse a ella. Aquí están otra vez en mi vida, amigos que nunca debieron irse ( yo que nunca debí irme).  Enrique Villén, siempre en mi corazón, tan decisivo en mi vida, siempre fue grande, como persona, amigo y actor.. . Mi Charo Sebastián, mi querida amiga... Kike Ferragut y el director y realizador , el gran documentalista español ( el mejor): Alfonso Arteseros. Jon Bermúdez que no pudo acudir por compromisos profesionales y aquellos a los que no pudimos encontrar.

Qué gran día! Gracias, gracias,  y más gracias. Que hermoso el encuentro después de 31 años con algunos, con otros menos... Qué mágico todo... Jamás pensé en volver a un plató de televisión. Qué risas en maquillaje, y en el plató después del programa. Qué hermoso volver por una vez al pasado con vosotros.    Qué maravilla teneros de vuelta en mi presente!

GRACIAS , MIL GRACIAS!

El programa se emitirá en algún momento de diciembre, supongo, pero qué más da... El regalo sois vosotros

Promo del canal de mi amigo Enrique Villén.


De izquierda a derecha: Enrique Villén, Kike Ferragut, Alfonso Arteseros, Jon Bermúdez, Celia Seguí, Paco Bernal, Charo Sebastián.



lunes, 24 de mayo de 2021

Enamorada de un macho musculoso

 


A mediados de la década de los noventa del siglo XX  me enamoré locamente de un macho musculoso que se hacía llamar Mr. Hyde...

Solíamos revolcarnos por el suelo, lo dejaba lamerme de arriba a abajo y de vez en cuando compartía con él una cama individual, de unos 90 centímetros donde dormíamos los dos, él estirado, todo lo largo que era, yo encogiéndome para no robarle espacio. Y en mitad de la noche, o al amanecer me despertaban sus estertores, que parecían los de la muerte, y yo le gritaba "Mr. Hyde! Joder, vuélvete del revés o aléjate!" Y él entreabría sus lacios párpados, me intuía, los cerraba y pasando ampliamente de mí seguía resoplando. Esto me ponía de los nervios... 
Mr. Hyde me defendía de los macarras del barrio del Lucero de Madrid, donde viví durante los nueve meses en que compartí casa y algunas veces lecho con él.
Tras nueve meses me mudé a la calle Embajadores, fue tan duro sin Mr. Hyde...

Y de repente, él llego por primera vez a visitarme, y nada más abrir yo la puerta del nuevo piso de Embajadores me empotró contra la pared... era tan alto.... mucho más alto que yo, y me lamía de arriba abajo y yo gritaba llena de júbilo: por Dios, por Dios! Apartando la cara a un lado y al otro. Llena de júbilo y de amor eterno...

Desde que Mr. Hyde se cruzó en mi vida amo a los Bóxer, son mi debilidad... Su pinta de bestias no da fe de su alma infantil y juguetona... Son los perros más dulces que ha parido madre. 

Hyde debió morir hace muchos años lejos de mí...  Lo sigo amando...


domingo, 21 de marzo de 2021

CERCA DE LA INGENUIDAD DE UN NIÑO LEJOS DEL VIEJO AMARGADO

 

Mientras los muy inteligentes escupen a la vida por todo lo que les ha hecho, mientras defienden la infelicidad como la única forma de inteligencia e insultan a las personas positivas porque son lo felices que ellos no son capaces de ser, yo , que soy tonta del culo, beso la vida, limpio mis escupitajos y mando a los muy inteligentes al planeta superior al que obviamente pertenecen y que me dejen disfrutar de mi bendita ingenuidad que tan cerca está de un niño inocente y tan lejos de un viejo amargado.

(Reflexión recurrente y constatada tras ver la película "Falling")

viernes, 19 de marzo de 2021

PEDRO, LA INDIA, MI SOLEDAD...





                                           Torre de Madrid, Plaza de España.

Ando de mi buhardilla en Ópera a la plaza de España. En la torre de Madrid vive Pedro. Pedro es un amante de la India y en uno de sus múltiples viajes de trabajo me trae un Sari rojo y dorado que perdí en mi mudanza de Viena a España.

Pedro me descubre Madrid en mis primeros años, me acoge, me adora... Me dibuja y cuelga mi retrato en el pasillo de su casa. Me invita a reuniones privadas con gente variopinta, de alto nivel cultural, recuerdo a la mujer del tiempo de la TV1, el único canal por entonces. Era gente  bastante mayor que yo que cursaba el año 22 de mi vida.

Nunca sabré por qué Pedro me tenía a su lado. Yo no le ofrecía nada de lo que obviamente él buscaba en mí. En realidad no le ofrecía nada de nada.

Pedro solía fantasear con llevarme a la India y hacerme una estrella de Bollywood, según él yo lo tenía todo y él los contactos. El único interés por la India que yo tenía era el magnífico restaurante hindú al que solía llevarme detrás de la plaza de España. Uno de sus legados ,mi fascinación por la cocina hindú de calidad sigue hasta hoy.

En el salón de Pedro, un psiquiatra loco me invita a tenderme en una camilla y me hace  una sesión de regresión. Yo, dada a todo tipo de locuras, cierro los ojos y me dejo llevar a otras vidas. Tengo la suficiente imaginación para poder inventarme todo tipo de vidas, pero lo que sucede, me sorprende:
Revivo mi nacimiento y descubro, y mi madre me confirma después, que nací ahogándome con el cordón umbilical alrededor del cuello , que me salvé de milagro y achaco a este hecho el pánico y la sensación de asfixia que me acompañó durante gran parte de mi vida y que dificultó mi niñez y juventud. 
Me veo en el Nueva York de los años treinta y en la Francia de siglos pasados y recuerdo varias  escenas vividas en esas supuestas vidas pasadas, no las recuerdo, las vivo, las lloro, las siento. También veo personas que me acompañan en la vida actual con diferentes cuerpos y personalidades y reconozco conflictos por resolver.

Pedro intenta besarme una noche colándose en el dormitorio en el que duermo, en su casa. Noto sus caricias en mi cara. Abro los ojos y le digo: Pedro, no. Se aleja respetuoso y nunca más vuelve a intentarlo, aún así, sigue estando a mi lado.

Una madrugada de 1987 me lleva al Templo de Debod en su coche y me enamoro tanto de ese sagrado lugar que es el que elijo unos años  después para no suicidarme.

Cuando llega la primera noche de mi alma  me obligo a ir al templo de Debod cada día, es la terapia que no me puedo pagar, mi reconciliación con la vida. Me siento bajo un árbol y me dejo absorber por el hombre que fuma sentado en el  banco de enfrente , las hojas de un árbol cuyo nombre siempre lamentaré no haber averiguado. Las personas que conversan alegres y no parecen estar tan solas como yo me invitan a la esperanza de una vida luminosa en algún lugar del futuro. Mi soledad en mi juventud fue tan grande que mi madre , al sentir la tristeza cada vez que la visitaba, no dejaba de decir: qué juventud más amarga, hija mía... Y yo bajaba la cabeza.

Ya se fueron, mamá. La juventud y la amargura, las dos.

Encontré a Pedro muchos años después, yo estaba trabajando e  iba vestida de Marilyn Monroe. Nos abrazamos. Se había casado y tenía una hija. Me alegré tanto...
Nunca más supe de él. 
Gracias , Pedro, por tu huella indeleble en mi joven vida.
Mi juventud fue tan dura, por motivos tan diversos, que aprendí a ser feliz en la madurez. 



domingo, 21 de febrero de 2021

241 REGENT STREET

 


Princess Di aún vive. Paso por delante de su palacio cada día, de vuelta del trabajo en two four one Regent Street donde unos días después me encuentro con un desconcertado Geoffrey que  grita  tragedia como animal a punto de degüello: “Princess Diana is dead”.  Trago saliva. No quiero creerlo. Ella no. De vuelta a casa paso por la entrada trasera de Kensignton sin poder soñar con la preciosa princesa a salvo del mundo y de la muerte, con sus niños abrazados, con su chimenea y la calidez de la vida de los ricos. Me gustaba más Londres cuando sabía que la princesa estaba viva y que me la podía encontrar haciendo jogging cualquier día en que me diera por bajar a High Street Kensignton o ir a ver a los patitos de los estanques de Holland Park.

Yo era sexy y mona y perdida y sola e infeliz. Me salvaba el cielo esponjoso de Londres del que estaba locamente enamorada , no hay cielos tan esponjosos ni grandilocuentes en el mundo como el de Londres. Los miércoles por la noche iba a bailar al Scandal y disfrutaba intensamente maltratando a Paul, tan guapo o más que Tom Cruise en sus mejores tiempos. Sus ojos azules, su cara perfecta. Paul es un bello animal sexual y a mí me gusta desconcertarlo. “Why do yo do this to me, girl?” Me gusta que me llame “girl”, me da poder, un poder de lo más inglés, de cup of tea at five, de no sé qué... Le hago pagar a Paul por todos los hombres de mi pasado, pero él no lo sabe y yo por entonces tampoco. Mi relación con Paul es demencial , irracional, pasional, irreverente y tremendamente sexual.

En “two four one” reina Geoffrey, el encargado, tan viejo, tan bajito, tan judío , tan árabe, tan jodido, tan dulce con sus miniojitos de algodón de azúcar, tan avinagrados , tan de aceite de ricino. Un koala malhumorado que grita “yala, yala, yala, yala” mientras echa sal en la acera para atraer a los turistas ricachones de Rusia , de New York City y de México D.F. En two four one la mamá del joven méxicano riquísimo y timidísimo me confiesa que soy la nuera de sus sueños y me promete una vida de riquezas, quesadillas y fajitas en una fabulosa mansión de México D.F. Si dejo mi puesto de dependienta de ropa escocesa y me caso con su hijo , que enrojece a su lado , mudo de vergüenza, delante del “till”, la caja registradora donde le cobro las 150 pounds que he vendido a esta familia de locos a la que jamás he visto en mi vida. Mientras le digo que no, gracias, que no me pienso casar con su hijo, que soy una rebelde irreverente, que no encajo en México ni probablemente en ningún otro ambiente conservador. Pero la mujer insiste en que vaya esa noche a cenar con ellos. Y no, lo siento, pero tengo otros planes y le repito que no tengo ninguna intención de casarme con nadie ahora mismo. Pero la mujer, antes de irse, me deja su tarjeta.

El sótano de two four one es el lugar donde bajamos a ensanchar los suéters a base de estirones cuando al cliente le viene pequeño y no tenemos una talla más grande. El cliente no deber irse jamás de House of Scotland sin haber comprado algo, por miserable que sea. Corro abajo en busca de la talla adecuada para el cliente pero en realidad estiro y estiro el suéter con fuerza, lo doy de sí, lo deformo, cojo las tijeras y corto la etiqueta donde pone la talla, al igual que hacemos la francesa Cecile y yo con las etiquetas de los abrigos de Cashemira que delatan que los abrigos vienen de no sé qué país asiático cuando en House of Scotland todo es pura lana escocesa. También miento al cliente ruso y le digo que uso una talla 12 cuando mi talla es la 10, porque el cliente quiere una falda escocesa de mi talla para regalarle a su mujer y no nos quedan faldas Black Watch talla 10, de modo que el cliente se lleva una falda muy grande que su mujer nunca se podrá poner. Soy una vendedora corrupta que cobra una mierda de sueldo. Geoffrey sabe que una vez en Rusia es muy improbable que el cliente vuelva con un bate para romperle la cabeza. Yo, de tener el dinero del cliente ruso, me tomaría la molestia de volver y romperle la cabeza a Geoffrey y a la dependienta española que le timó , y para ello me compraría  el bate que uso Joe Dimaggio para batir 67 hits en el Yankee Stadium en 1941.  O se tiene poder o no se tiene. 

El sótano es también el reino de Jeff, el bulldog. Es guapo y alto, y elegantísimo..., pero da miedo, no a mí, pero en general da miedo. Nunca lo he visto sonreír. Sí lo he visto plantarse en la acera de enfrente de la amplia Regent Street para vigilarnos. Él no sabe que yo sé que está allí. En el baño del sótano me encierro a fumar, aunque está prohibido y Cecile, la francesa pelota, listilla e insoportable, siempre al acecho, baja, huele el humo y me delata. Entonces salgo a fumar a la calle delante del escaparate mientras el bulldog me mira fijamente desde la acera de enfrente y me pone a prueba. ¿Pero a qué prueba?  Él no sabe lo mucho que me la suda. A mí lo que haga el bulldog me da igual. Lo que haga Cecile y el enano de Geoffrey también. Ellos solo son el circo en la tragedia de mi vida. Yo era actriz, apareció un fantasma o un ente inexplicable y me fui, me piré. Y ahí estaba, desconcertada, en un mundo nuevo que no entendía, con personajes sobreactuados inimaginables en las obras de teatro que había estudiado. Yo estaba triste, estaba rota , y ellos eran solo un rico escenario del que yo, a golpe de lágrima, me alimentaba.


lunes, 12 de octubre de 2020

EL HOMBRE QUE HABLABA AL INFINITO


No decía nada. No hacía falta. El hombre que hablaba al infinito ya lo había dicho todo. Ahora solo hablaba sonidos inaudibles , palabras desprovistas de vocablos. El hombre que hablaba al infinito se había deshecho en mil partículas silenciosas de llantos , risas, caricias dadas y no dadas, campanadas a muertos y borracheras de vida. No quería amar, no quería odiar , estaba hambriento de nada.

Un día apareció una mujer y el hombre enamorado quiso hablarle . Pero ya no pudo, porque el infinito y su silencio hacía mucho lo habían devorado.

                                         Celia Seguí  ©2020


sábado, 19 de septiembre de 2020

GISELLE ( RELATO DRAMÁTICO) Viena, ©2012




Es domingo. Marta levanta la mirada del libro; la luz del sol la ilumina; observa  la tierna suavidad del cogote de Armando que lee el periódico en su sillón y se enamora.
Él siente la mirada y se vuelve hacia ella. Ambos sonríen, turbados, como si de un amor incipiente se tratara.

Abre los ojos a la conciencia de un nuevo día. Casi siempre despierta antes. Sus ojos abotargados observan la inercia en el rostro de Marta. Podría ser cualquier otra, así, dormida, desprovista de los pequeños y variados ademanes que imprimen su personalidad es sólo una preciosa concha, la envoltura del alma ausente. El tiempo presente no se evidencia hasta que ella comienza a redefinirse en el primer bostezo, el primer sacudir de párpados; es entonces cuando la existencia se ratifica. Armando ha decidido libremente esperar cada mañana a su mujer para incorporarse a la vida, como una señal secreta, un resorte que abre la puerta al nuevo día. Marta despierta a la hora acostumbrada, cuando las manillas de su reloj mental le arañan los párpados. Los cuerpos se ensamblan en un abrazo intenso y así permanecen un largo rato.

En su reluciente Audi azul se dirige al estudio. Está algo inquieta porque hoy empieza un nuevo curso. A pesar de los largos años de experiencia, el primer día de clase no puede evitar un aleteo en el estómago. Es un seminario para bailarines profesionales. Estas clases son las más gratificantes, piensa sonriente. En el reproductor de música pone la grabación de Giselle que le proporcionó el pianista de su Estudio —el Estudio de Danza Marta Abellán— y mentalmente repasa la coreografía. Tras darles la bienvenida, les pide que se presenten. Trabajarán en profundidad una escena del segundo acto de Giselle, les anuncia: la escena del cementerio, donde el fantasma de Giselle, tras atravesarse con la espada, rota de dolor por el desengaño amoroso se aparece a su amado el conde de Albrecht que ha ido a visitar su tumba. En breve se percata de que el talento de Alfonso lo desmarca del resto manifiestamente: como si los acordes musicales poseyeran el cuerpo esculpido y su alma escapara danzando por los poros de su piel. Marta tiene que hacer un considerable esfuerzo para observar el baile de los demás completamente eclipsado por la gracia asombrosa de Alfonso. Al acabar la escena, la profesora observa al resto de los alumnos. En sus caras lee admiración y miedo. Admiración por el talento extraordinario; miedo porque semejante derroche de genio les ha confrontado despiadadamente con su inanidad como bailarines.
No suele bailar en sus clases, pero Alfonso ha despertado este profundo impulso en ella, el impulso de la danza; necesita bailar con él; su cuerpo entero ansía ser habitado por el alma de Giselle. Es la única que puede darle la réplica como él necesita a juzgar por el nivel de las demás bailarinas. Para el resto de la clase será una buena lección, se excusa ante sí misma.
Él la guía en el adagio, la sujeta por la cintura con firmeza mientras ella se eleva en un cambré. Giselle danza brevemente alrededor de su amor. Él la observa de rodillas, ella se aleja y queda de espaldas con los brazos elevados, enteramente indefensa ante el nuevo avance de él. Siente la caricia de las palmas de sus manos rozando su cintura, se desliza, da varios giros alejándose, huyendo de la vulnerabilidad que su presencia le provoca. Entonces Giselle retorna despaciosamente, extiende sus brazos hacia el ser amado y hay una fugaz pausa, sucinta, concisa, en la que Alfonso y Marta se miran a los ojos antes de que ella salga danzando hacia las tinieblas.

No puede deshacerse de esa mirada. Sentada en el sofá frente al televisor, junto a Armando, es incapaz de desprenderse de ella. Se siente dividida entre la euforia que le produce esta sensación ya casi olvidada, el misterio de conectar inesperadamente y de manera estremecedora con un extraño, y la culpa. La felicidad deviene súbitamente en silencioso y secreto llanto. No entiende. No le cabe la menor duda del amor auténtico que siente por Armando. Se trata sólo de un cicatero e incongruente enamoramiento. En la oscuridad del dormitorio, entre las sábanas, todo razonamiento es engullido por la negrura; Marta no puede evitar su excitación. Es una diosa bacante: acaba de terminar la clase, el pianista y los alumnos se despiden, él queda el último; discuten algunos pasos de baile hasta que llega el momento de despedirse, pero él no se mueve; pasa su mano masculina por la melena de ella, agarra su cabeza con fuerza, la empuja suavemente contra la pared y la besa apasionadamente. Ella desliza su cuerpo hacia suelo y él roza con sus manos los muslos ocultos bajo la falda retirándole las suaves medias de baile. La penetra lentamente. Marta se revuelve en la cama cerrando la garganta para ahogar un grito. A su lado, Armando duerme ajeno a la traición.

Este imprevisto acontecimiento la ha dejado desnuda, vulnerable. Su papel de profesora representado cotidianamente sin apenas esfuerzo le viene ahora forzado. Por eso se retira un momento a su oficina, respira profundamente, se dice a sí misma que es una profesional, se yergue dignamente, sobreactuada, y entra en clase esperando que el disfraz sea lo bastante opaco. El estrés emocional que esta situación le produce logra canalizarlo a través de una inusual entrega de energía que oculta su realidad interior. El temor a que lo ocurrido entre ella y Alfonso haya sido solo un ensueño se esfuma en cuanto sus presencias se encuentran. Por mucho que Marta se escude en una potente energía pedagógica la fuerza de esta atracción animal se impone. Solo Alfonso y Marta entienden esta verdad subrepticia.

El viernes, al finalizar la primera semana de clase, los alumnos se despiden. Él queda el último; se miran en silencio. A Marta la invade una gran incomodidad: la seguridad en la que se ha estado desarrollando esta relación intangible está obviamente en peligro. Su entendimiento y su sensualidad la empujan en direcciones opuestas. El aire que la rodea chispea erizándole la piel. Mientras Marta intenta ocultar la convulsión interior, la grave y armónica voz masculina irrumpe en el espacio y la invita a tomar algo.

En el interior del coche pende un nerviosismo velado. Ningún sonido distorsiona la sensualidad latente en el aire durante los cinco minutos de trayecto hasta el semáforo en rojo. Él frena, baja la cabeza hacia el pecho, respira profundamente, la vuelve a subir lentamente y la mira; ella inspira antes de volverse hacia él. La sangre borbotea en sus rostros. Los cuerpos se aproximan. Ambos se pierden en la oscuridad calida y húmeda del beso. El resto del trayecto transcurre en una implosión muda de sexualidad refrenada.
Entra en el hotel con la cabeza gacha. Al llegar a la recepción la levanta e intenta fingir una normalidad inexistente. La vergüenza de saberse malmirada, la obviedad de la falta de equipaje la incomodan tremendamente. En un acto de autodefensa se coge las manos ocultando el anillo de casada. Él abre la puerta del dormitorio, ella pasa y permanece paralizada en el centro cubriéndose la cara con ambas manos. Alfonso la abraza por detrás y le susurra al oído que no tenga miedo. Sus labios recorren el cuello femenino, abrasadores; las manos musculosas desabrochan los primeros dos botones de la blusa blanca y le acarician firmemente los senos. Marta se estira hacia atrás gimiendo de placer o de dolor o de ambas cosas a la vez. Su frágil resistencia se consume rápida, vorazmente. Ahogada en su propia concupiscencia, gira su torso y se entrega al desorden de tocamientos.

De vuelta a casa, no sabe cómo actuar. La ineludible presencia de Armando la tortura. Tendrá que encontrar un espacio donde refugiarse. Y lo encuentra en la limpieza. A Marta le da por limpiar y ordenar la casa compulsivamente. Este desorden de carácter es más fácil de justificar que el silencio o que un estado de ánimo desacostumbrado. Sin embargo, los muebles y demás enseres que la han acompañado en estos quince felices años de matrimonio cobran una relevancia inusual, se convierten en un dedo acusador. La culpa la asalta en cada rincón de la casa. No puede hacer nada sin sentirse despreciable a cada momento. Sabe que quiere a Armando, lo quiere muchísimo; aunque se pregunta si el amor y la traición son compatibles.

A medida que el idilio se prolonga el estado de Marta se agrava. La asfixia en el hogar conyugal se le hace insoportable pero no se siente capaz de abandonarlo. Ese no abandono es el único resquicio de benignidad que Marta encuentra en sí misma. Con todo, la casa se le cae encima y empieza a pasar cada vez más tiempo fuera; esto es: en casa de Alfonso.

Armando ha ido experimentando el abandono gradualmente. Hace casi cuatro semanas que no espera a que su mujer despierte por las mañanas para empezar juntos el nuevo día. Le ha dicho que está impartiendo un seminario de danza en Barcelona.

Desde la ventana de su oficina, a 150 metros del Paseo de la Castellana, los ojos exánimes contemplan el cielo de Madrid; un aire cálido se mece en su cara. No muy lejos, treinta y dos plantas más abajo y a unas cuantas manzanas de distancia se halla el Estudio de Marta. Armando lo visualiza lleno de sus cosas, de su energía. Piensa en su hogar vacío, en el que los mismos recuerdos que han amedrentado a Marta le van sustrayendo el alma noche tras noche. Desde la oficina se ve el Círculo de Bellas Artes, donde cada tarde suelen tomar juntos una copa antes de volver a casa. Un fuerte dolor le oprime el pecho.

Marta no ha abandonado Madrid en ningún momento. En realidad no ha salido del apartamento de Alfonso. Llama el primer día a Armando y le cuenta que le han robado el bolso con el móvil, le dice que estará todo el mes absorbida por el intenso trabajo, que no se preocupe, le llamará cuando pueda. —Tal mentira le ahorra el horror de enfrentarse a su verdad adúltera día tras día. — Y se abandona a un sueño de vida marital con Alfonso. Este amor de fábula como el de Giselle y su conde de Albrecht no está adulterado por la falta de poesía de la vida real, pertenece por entero al mundo sensorial al que Marta ha dedicado toda su vida. Es un amor espontáneo, fresco. En su aislamiento cobra una dimensión épica: exuberante porque ni pasado ni futuro lo apresan; libre porque existe fuera de las convenciones; desesperado porque puede morir a cada segundo; y cómplice, por secreto. Armando queda atrás, allá donde ni Giselle ni el conde de Albrecht pertenecen. En este espacio Marta se siente a salvo, libre para vivir este amor hasta sus últimas consecuencias.

La mentira se ha instalado en Marta como un cuerpo extraño que debe quitarse de encima, de manera que decide contarle a Armando la verdad y liberarse del peso; tras lo cual lo abandonará, así se lo comunica a Alfonso. También le pide que la deje quedarse en su casa unos días hasta que encuentre algún lugar. Tal declaración cae como un fuego graneado sobre el mundo idílico de Alfonso, acorralándolo. Nunca se ha manejado bien en el tedioso mundo real, el suyo es el mundo del arte, de la fantasía, del sueño. Su amor se llama Giselle.
Tras tomar la decisión Marta conecta su móvil. Le dirá a Armando que la policía recuperó su bolso. O mejor no. No más mentiras, ya no son necesarias.

Hay varias llamadas perdidas de números desconocidos pero ninguna desde el móvil de Armando. Se arma de valor y lo llama sin lograr localizarlo. A lo largo de varias horas sigue intentándolo sin éxito. Finalmente decide ir a su casa. En el piso no hay nadie. Se para en el recibidor e inspira profundamente. De la cocina sale un fuerte hedor a basura. Abre el cubo, dentro hay restos putrefactos. En el salón encuentra un periódico de hace cuatro días. Ha anochecido cuando Marta sale del piso en busca de Armando.

Apoyado en la ventana de su oficina, Armando observa el escenario de su vida como si de una obra de teatro se tratara. Desde la lejanía física y mental en la que se halla, Madrid se perfila a sus pies como un decorado de cartón-piedra. El dolor es asfixiante, el pecho arde, la vista se le nubla brevemente y, como en un suspiro, el Madrid de cartón-piedra se ha volcado boca abajo y vuela hacia él acercándose; hasta quedar fundido en negro.

Armando ha muerto, musita una desencajada Marta en el umbral de la puerta de Alfonso. Sufrió un ataque al corazón y cayó desde el piso treinta y dos de su oficina hace cuatro días. La voz ahogada abruma a Alfonso. La abraza aterrorizado y culpable. Culpable porque no sabe qué hacer con Marta.

Tampoco Marta sabe cómo seguir. El tiempo se ha estancado y en su inercia le muestra su dislate en toda su crudeza: la futilidad de un amor sin ataduras. Debería haberse parado aquel domingo que precedió al día maldito en que Alfonso apareció en su vida; cuando enternecida observaba el mullido cogote de su marido leyendo el periódico y lo amaba.
Dios santo, cómo lo ama.

Lánguida, etérea, portando el pesado equipaje Giselle se despide de su conde Albrecht y se interna en la oscuridad.

      Viena, 2012   ©Celia Seguí






miércoles, 26 de agosto de 2020

LO QUE ME DICEN QUE HACEN LOS EXTRANJEROS EN LA PANDEMIA (Experiencias personales)

 Un colegio con una pésima dirección y un alumnado pésimo hacen la peor escuela.
Esto no es un dicho, lo digo yo, y por supuesto me refiero a un / unos gobiernos ( el general y los autonómicos) que no dan la talla y un pueblo que tampoco...

En esta casa trabajamos a diario con gente de todo el mundo vía online. Eso quiere decir con gente norteamericana, sudamericana, asiática, europea y lo que es más , cada día con gente nueva, nunca o casi nunca con los mismos... pero entre ellos abundan los que viven en Alemania en primer lugar, en Suiza y en Austria. Por supuesto, se habla de miles de cosas pero es inevitable que muy a menudo surja la pandemia e intercambiemos lo que cada uno hace y cómo se está viviendo.

Desde casi el principio , mi marido y yo coincidimos en que el carácter español era uno de los factores causantes de que la pandemia escalara en tan poco tiempo, no el único ni quizá el más importante sobre todo al principio ( el gobierno llegó tarde, etc) , pero importante.  Ni él ni yo nos podemos imaginar a los austriacos comportándose como lo que vemos en la calle todos los días, por supuesto que hay de todo en todas partes pero hay patrones y unos imperan más aquí que allá y viceversa.  Pero no se trata de opinión únicamente, vamos a hablar de hechos. De lo que le dicen a mi marido reiteradamente las personas que viven en Alemania, Suiza y otros países nórdicos:

1. No está prohibido pero nosotros salimos de casa lo menos posible ( dicho por muchos).

2-La empresa no quiere que vayamos presencialmente hasta que no sea más seguro, estamos trabajando online. (Aquí me consta que es lo contrario en general y eso que no soy defensora del trabajo online obligado  en circunstancias normales)

3. Aquí el ocio nocturno está cerrado o la gente no va ( horror para la economía, lo sé... )

ETC.

Yo solo sé que conozco al austriaco y al alemán y que en general es gente que lleva la distancia de seguridad incorporada , no creo que por nacimiento pero sí por educación, desgraciadamente para ellos y afortunadamente para su gestión de la pandemia.

Yo sí sé que en Austria y Alemania las familias no significan lo que significan aquí, que hay mucho desapego , que casi nadie se junta, salvo por Navidad y en pequeños grupos.

Yo también vi que allí la gente queda en petit comité y con uno o dos meses de antelación, lo viví en carne propia y lo conté en este blog. Yo sé que allí hay muchos padres que no besan a sus hijos cuando son mayores, les dan la mano cuando los ven y punto.

Yo sé que la gente allí no es ni la cuarta parte de efusiva que aquí, que allí nadie se toca, es más si pueden lo evitan. 

Yo sé que en Austria te ponen una multa por menos que canta un gallo y si no la pagas te las ves y las deseas y te ves en situaciones indeseables y más te vale que la pagues, lo cual me hizo odiarla por verla como un estado policial que es lo que creo que es.

No podemos comparar unas culturas con otras. Yo destesto a Kurz, el canciller austriaco de extrema derecha, pero claro, allí todo funciona mejor aunque también escale. Esto no es por Kurz , es porque la sociedad es como es, pondría la mano en el fuego. Por eso y porque son mentes cuadriculadas que no se dan al jolgorio como aquí y se lo toman todo "demasiado"??? en serio??

But Spain is different. Aquí lo tenemos todo... Políticos ineptos  y caóticos, un gobierno chulesco que se niega a llevar el timón, algunas autonomías que no quieren reconocer que no saben lo que están haciendo...  Y nuestra gracia y salero...

Sobre las escuelas:

30.000 nuevos maestros para 28.000 colegios!!!! Se jactaba Sánchez....  Ochenta y pico mil en Italia!!!!   Sánchez sale a un profe por colegio!!!! El éxito está asegurado, vaya...!!!! 

En fin... dos semanas después de abrir los colegios... es decir en un futuro muy próximo... Eureka!!!       No hay que demostrar nada, solo hay que esperar, desgraciadamente los resultados estarán aquí en breve, no hay que ser mago ni bruja, solo ellos no lo ven...

Como he dicho al principio:  un colegio con una pésima dirección y un alumnado pésimo hacen la peor escuela. 

El problema es que aquí no hablamos de niños. Ellos son solo víctimas de la ineptitud de los mayores... Es una tragedia que pasará, como todo, o nos adaptaremos a ella, pero no se está tratando con la seriedad que merece y pagan el pato los que menos se lo merecen, como siempre. Y     hoy estoy particularmente cabreada porque también escucho a mis alumnos pequeños y me  puede la rabia de ver que  a una semana de abrir los coles no saben NADA y en la mayoría no han separado clases ni hay más profes ni nada. Los echan a los leones a ellos y a sus familias donde a lo mejor hay abuelos y me dan ganas de matar a los ineptos que están haciendo este  desastre y solo puedo animar a esos niños, y en algunos noto el lastre que esto les está dejando , su falta de concentración, su decepción, el daño .... Aunque también tengo que decir que su fortaleza y madurez me deja con la boca abierta en la mayoría de los casos. Cuando una niña de diez años te dice con una sonrisa sarcástica: "bah, en dos semanas nos vuelven a confinar, lo tengo claro"... Un niño de diez años tendría que estar soñando, cabrones...





miércoles, 12 de agosto de 2020

EXTINCIÓN

 

Aplasto mis pensamientos

bajo la piedra negra.

Surca la ola una flor

de pétalos mojados

intentando arrojarse en vano

en brazos del viento.


Me extingo en la boca roja

de un firmamento atardecido,

donde hacen el amor

la nada y el universo


No soy

no vivo

no pienso.


La golondrina vuela sin alas

El pez se enamora del viento

La piedra baila entusiasmada


Y mi alma fugaz,

henchida de muerte,

halla la paz anhelada

fundida entre mil estrellas

desorientadas.


©Celia Seguí 2020


viernes, 7 de agosto de 2020

LO QUE NO SE PUEDE VER ( PENSAMIENTOS)

 “Ves lo que yo veo o no ves”

Yo veo lo que veo . Tú ves lo que tú ves.

¿Y cuando hayamos muerto, si se ve, cómo se verá lo que no se puede ver?

NO PASA NADA ( PENSAMIENTOS)

 Nada está pasando. Todo pasa.

jueves, 6 de agosto de 2020

BAILA SEXY (Mierdecillas mentales, para Liber)

 

Baila sexy y sola : sexy desde dentro, no como las mujeres que sienten que deben ser sexys, o que han aprendido a ser sexys. . Baila sexy desde un lugar nada carnal. Su sexualidad,  sabe, viene de lo lejano, de lo desconocido, de una unión silenciosa con sonidos que nadie más oye. Viene del sexo universal, de la pura sensualidad que nace del roce del cuerpo con el aire, del alma con el aire.  El mero aire, lo etéreo. La cadera se desplaza suavemente bajando y subiendo y el hombro hace lo propio, y los brazos y las manos dibujan suaves figuras en el aire, y los párpados se cierran y se abren y la barbilla roza el hombro y nada tiene que ver con sexo y sin embargo todo emana sexo. Sexo de nubes, sexo de estrellas, sexo fulgurante que no es sexo,  tan solo un alma solitaria  bailando con el puro universo. 



jueves, 30 de julio de 2020

LOS NEGACIONISTAS INDIVIDUALISTAS

Los ya llamados negacionistas de la mascarilla confunden individualismo salvaje con libertad. No son muy diferentes a Trump y Bolsonaro. Lo que proclaman es egoísta y no tiene ni pies ni cabeza. Llevar mascarilla no es de miedicas , es de personas que respetan la salud y la vida propia y de los demás. El resto, son descabezados, como Trump y  Bolsonaro. (En una ciudad es imposible mantener distancia de seguridad en según que zonas, en la mayoría, para eso no hay que pensar mucho, ¿no? Tampoco hay que pensar mucho para saber que hay muchísimo irresponsable que se toma esto a cachondeo).

Pero nada, que venga uno de estos valientes a defender la libertad de hacer lo que a cada uno le dé la gana sin imposiciones y que lo haga delante de todas las personas que han pasado un horror. 

Aquí un deportista, joven, sin patologías previas que se creyó morir en el hospital. 

https://www.diariodecadiz.es/cadizcf/Chico-Flores-Pense-morir-hospital_0_1487251544.html

Y aquí la batalla de los sumisos con bozal ( así nos llaman un gran número de ellos) contra los libres de espíritu ( así les llamo yo a ellos) . Nada, que tengan mucha suerte, yo los mandaría a todos con un cohete espacial , sin pruebas PCR,  sin mascarilla , pero con distancia de seguridad por si les apetece, con mucho whisky, vodka  y rock & roll, a darse un paseíllo alrededor del planeta, lo que dure la pandemia y luego si salen vivos, los recibimos con vítores y les ofrendamos miles de fiestas y banquetes,  y nos arrodillamos cuando pasen y pedimos perdón por haber sido tan necios , tan sumisos y gilipollas.


Si no se puede salir una época larga como a uno le dé la gana no se sale. Peor sería pasar una guerra. Lo contrario es de niñatos y niñatas caprichosos sin empatía alguna por la salud y el bienestar del prójimo. 

domingo, 28 de junio de 2020

LA MUJER DE LOS OJOS VIOLETAS ( RELATOS / RETO PALABRA CLAVE)


—Esta timidez mía me mata, no sé si nací así o si así devine con los años, solo sé que me mata, que no puedo con ella. Cada vez que veo acercarse a todos esos extraños me pongo tan rojo que todos se asustan. Se quedan paralizados ante mi visión. Pero también hay algunos valientes que no me temen y se me acercan, lo cual me agradaría si no fuera porque pasan de largo sin decirme una sola palabra, para ellos soy invisible, tan invisible que me vuelvo peligroso. Hoy, por ejemplo... Lo que ha sucedido... no sé si podré perdonármelo...

—No haces más que causar desgracias. ¿A cuánta gente has matado desde que estamos aquí? ¿ A eso llamas tú timidez? Tú lo que eres es un cenizo.

— No tienes derecho a hablarme así, sabes que no lo hago adrede, ser un gafe es una desgracia como otra cualquiera. Lo que ha pasado esta mañana me ha dejado hecho polvo... Esa chica rubia, tan etérea, que cruza por aquí cada día a las siete y media de la mañana. Tan esbelta, Tan elegante. La acompaña siempre una mujer bajita y rechoncha con gafas, a menudo hablan de lo que pasa en el trabajo, otras veces, de cosas íntimas, cosas que más me valdría no oír. Yo siempre me quedo obnubilado mirando sus hermosos ojos violetas, tanto me gusta que a veces lucho para no ponerme rojo y lo consigo, pero si me levanto pesaroso, inseguro, noto como me enciendo todo y entonces ella se para y me mira, me mira fijo, y yo tiemblo y solo espero que tú vengas a rescatarme, pero a veces tardas, la verdad...

—Es que ya es hora de que superes tus complejos tú solito. ¿Cuántos años llevamos aquí? Toda una vida y todos los días la misma cantinela y cada día te quejas de tu enrojecimiento y cada vez te enamoras de una y cada tanto causas una desgracia...

— No es verdad que cada vez me enamore de una, esta vez ha sido diferente. Estoy terriblemente preocupado por ella, ha sido horrible. Ahí tendida..

—¿Cómo ha ocurrido exactamente?

—Hará unos meses noté un cambio en la conversación entre ella y la mujer que la acompaña. De repente en lugar de hablar de envíos, paquetes, y mensajes por contestar empezaron a hablar de un hombre. Un tal Fernando. Por lo que pude captar en diversas conversaciones es un compañero de trabajo. Parece que Alba, así se llama la hermosa mujer que tan cautivado me tiene, se había
enamorado del tal Fernando, un compañero de oficina. No te puedes ni imaginar mi sufrimiento, oyendo al amor de mis sueños hablando de otro cada día, delante de mí, sin saber que yo la escuchaba atentamente. Un día las oí acordar un encuentro entre ese hombre y Alba en el apartamento de la mujer bajita, Ana se llama si mal no recuerdo, pues mi atención estaba siempre puesta en la bella de los ojos violetas. Luego no supe más hasta el accidente de ayer...

—Ayer, cuando me asomé y la vi tendida en el suelo, había un hombre abrazándola. ¿Era Fernando?

—Supongo que sí. Ese es al menos el nombre que gritó Ana: !Fernando, por Dios, Fernando! Venían paseando juntos, como cada mañana a las siete y media, pero esta vez venía también Fernando. Nada más verlos cogidos de la mano me puse rojo, rojísimo, pero no de timidez, de rabia, de celos. Simplemente no lo podía soportar, oh, Dios, cuánto lamento mis terribles sentimientos ahora. Venían juntos. Él le pasó el brazo por la cintura. La tal Ana simplemente miraba para otro sitio. Fue entonces cuando ocurrió. Justo al llegar aquí delante. Un coche paró ahí, justo en el semáforo de la calle de San Antonio y un hombre bajó. Entonces gritó: !Alba! Según pude ver, ella se apartó de un manotazo de Fernando y se quedó paralizada mirando al hombre. No pude oír qué dijo entonces, porque estaba al otro lado de la calzada, solo sé que soltó al tal Fernando y se encaminó a paso lento hacia el hombre del coche. Entonces él, entró rápidamente en el vehículo lo puso en marcha y pisando el acelerador la embistió. Ella quedó tendida aquí enfrente. Su amiga Ana y Fernando la asistieron, y el hombre del coche se fugó a toda velocidad. Nunca sabré quién era porque entonces me desmayé.

—Era su marido. Cuando tú te desmayaste me asomé yo y oí a esa mujer que debía ser Ana diciéndole al hombre que debía ser Fernando que el que la había atropellado era su marido.

—Oh, Dios mío.

—No te lo quería decir, pero Alba está muerta. Se lo oí gritar al tal Fernando.

—No , Dios mío, qué voy a hacer yo ahora.

—Cálmate, no llores, lo superarás... Me extrañó que no volvieras a asomarte.

—No pude, estaba tan conmocionado que no tenía fuerzas , me quedé totalmente apagado.

—Lo siento, he sido un impresentable echándote la culpa de esta desgracia. Su marido la hubiera atropellado igualmente estuvieras tú rojo, yo verde, o el mudo de aquí arriba en ámbar. Al fin y al cabo solo somos las tres luces de este viejo semáforo.


                                        ©Celia Seguí 2020


Reto con J.M. M  y A.V.  palabra clave: Semáforo.

martes, 2 de junio de 2020

NADA EXISTE (RELATOS DRAMÁTICOS)



DICE LA PARTE MASCULINA, RUDA, SECA , CORTANTE:

Vacío. Es lo primero que siente cuando sale. Siempre vacío. Siempre el mismo camino. Anda de madrugada. Su pasado en la espalda. Ya ni recuerda cuando fue la última vez que tuvo una vida. Una vez la tuvo. Sin duda la tuvo. ¿La tuvo? Todo cuanto se supone que existió es dudoso. ¿Cómo saber cómo fue lo que ya no es? Sin embargo, hay pruebas de que el pasado existió. Por ejemplo: un hijo. Aunque sabe que no es el hijo que tuvo, es solo el hijo que es ahora, un hijo apócrifo.

También él es un padre apócrifo, ha tenido que conformarse con adaptarse como fuere a ese que está ahí y que se llama su hijo. ¿Pero se conocen? ¿Se conocieron alguna vez?

Sale solo cada negro amanecer. No suena nada. Ni siquiera su voz interior. Es la danza del vacío: vida perdida. Alguien debería decirle que está en el camino. Que entender el sinsentido es entenderlo todo, que ha llegado al corazón de todo lo que es y lo que fue. Que no debe buscar puesto que nada existe, ni siquiera el hijo que nada tiene que ver con él. Pero TODO calla.
La gelidez de diciembre ha dejado el agua del canal helada. A él le gusta el silencio y el frío. Ve las luces de la ciudad reflejadas en el agua. Un sueño....Sus piernas se alzan sobre las paredes del puente y salta al vacío de una nueva vida; una nueva muerte.


DICE LA PARTE FEMENINA, IMPULSIVA, EMOTIVA, ORGÁNICA:

No nació frío, no , no , no... ¿cómo podía él haber sabido los muchos sinsabores que le deparaba la vida? Fue un crío tan sensible que ese Dios que lo trajo al mundo tenía que haber sido sumamente cuidadoso y no haber dejado que se le estropeara. Fue un niño miel. Hasta las abejas lo hubieran llevado en volandas presentándolo ante su dulce reina y hubiera sido agasajado como hijo del sol y del dios Néctar. Todo el que hubiera tenido la suerte de verse salpicado por semejante sensibilidad tendría que haberse visto convertido en polvo de estrellas. Nada estaba preparado para él, tan dulce era.

Nada estaba preparado para él ni él para el mundo. Intentó encajar. Hasta tuvo un hijo. Su mujer lo abandonó: demasiado complicado. El niño fue uno más entre tantos alienados tecnológicos. A menudo lo recuerda de crío, cuando él le daba el biberón, lo abrazaba, lo besaba, le cambiaba los pañales ante la tele y le hacía pedorretas en el ombligo. Pero aquello ya no es, se fue, los tiempos nunca permanecen y lo peor es que se llevan lo mejor de las personas y ya nunca regresan. Nadie regresa jamás. Tampoco su mujer, esa que una vez fue la esperanza de una vida feliz. 
Ve el puente oscuro a pocos metros. Le acompaña la memoria del bebé en la cuna riéndole sus carantoñas , el beso de su mujer al salir cada mañana a trabajar... ¿dónde fue a parar todo aquello?

Fija la mirada en la deforme ciudad reflejada en el canal; en ese mundo irreal que ahora es y al siguiente minuto desaparece... Alguien debería decirle que no haga lo que está a punto de hacer, que no hay pasado ni futuro, que vacíe el presente de todo y que si lo consigue, si consigue desposeer a todo de su significado no saltará de ese puente, no morirá, porque en realidad ya está todo muerto, porque nada es verdad, porque cada minuto es un minuto ido, cada segundo un segundo enterrado, porque nada existirá mañana en los ojos del hoy. Porque no tiene ni ha tenido jamás un hijo ni una mujer. Porque es todo mentira. Porque está él y el Universo y nada más.

Tal vez, ni siquiera eso.


                                Celia Seguí ©2020     









viernes, 29 de mayo de 2020

Stracciatella y la pandemia ( CRÓNICAS)




Stracciatella, tan bruta y hosca como un asno, a falta  de la dulzura y bondad del animal, no carece de cierto atractivo. Se operó la nariz de aguilucho de muy joven y sus ojos pequeños y enjutos delatan un halo de sorprendente superioridad concedida por algún hada o duende compasivos como medida de protección.


Stracciatella tiene un don especial: parece graciosa , despotrica . Su lengua caballuna es una ruda espátula que rasca todo lo que se le pone por delante.


Stracciatella, española de nacimiento, persiguió potros italianos desde muy joven. Colgó la bandera del país de la pizza en la pared de su dormitorio y soñaba con el día en que se casara con uno de ellos.


Pasada media vida , Stracciatella decidió que se había casado con un encantador potro italiano por miedo a la edad, por aquello de que no se le pasara el arroz, y decidió decirle arrivederci tras encontrar un potro ibérico que por fin supo empotrarla como dios manda en una fiesta a la luna de Valencia. Rectificar es de sabios.


Antes del coronavirus, Stracciatella viajaba a España cada dos semanas para ver a su potro español y visitar a su familia. Su pasión: la comida. Stracciatella te odiaba si le decías que tal restaurante te gustaba más que el otro. Alzaba su hombro derecho, inclinaba la cabeza hacia arriba, apretaba las barras, espantaba las cejas y rebuznaba: “disculpa , pero yo he estado en los mejores restaurantes del mundo, qué sabrás tú”. Entonces daban ganas de hablarle de Mariano José de Larra, de Unamuno, del existencialismo literario o del impresionismo francés o de algo tan simple como lo que sientes , lo que has sentido y lo que tienes miedo o no a sentir, por decir algo, pero hubieran bastado uno de sus rebuznos o brutales coces para dar fe de la inexistencia de tales movimientos pictóricos, literarios o cualquier indicio de vida interior no implementados por los grandes Chefs de la cocina española.


De momento el coronavirus la tiene escondida. No puede comer... No puede hablar...

Nunca sabremos cómo fue la “Equus italianus asinus” posterior a la pandemia.


 

martes, 19 de mayo de 2020

Los ovarios de Ana Frank


Siento una vergüenza inmensa. No porque haya miedo, porque la gente esté cansada y frustrada  y deprimida. Me parece de lo más normal. Pero siento una vergüenza inmensa. Porque nos estamos quejando a un nivel muy alto: me refiero a los que tenemos curro, tele, ordenata, comidita, cervecita, terracita si somos muy afortunados  y los afortunados del todo  la cuenta abarrotadita de money, de lo cual, si se lo han ganado honestamente, me alegro infinitamente  y que lo disfruten, oye, que una comunista no es.

Lo primero que hice cuando nos confinaron aparte de ser previsora y comprar varios libros fue releer el diario de Ana Frank: DOS AÑOS! Dos años de confinamiento sin cervecitas, levadura ni bizcochitos. Sin Zumba ni yoga online. Dos años sin poder hacer el menor ruido, sin ver la luz del sol salvo a través de un cristal y con cortinas. Dos años hacinados con otra familia. Y todo para acabar en un campo de concentración y morir.


De qué carajo nos quejamos ???  LLevamos dos meses de nada, con tele, ordenata, zumbita, bizcochitos, himnito nacional, banderitas, hasta los más osados "manifestacioncitas" conciertos online, espectáculos de Brodway, Netflix y  la madre que lo parió. Y se quejan de la falta de gimnasios, de no poder follar, de que no pueden ir al restaurante ni de vacaciones ni a bailar...

Vamos a ver señores: Entiendo el sufrimiento de los trabajadores de los hoteles , restaurantes, bares, cafeterías,  autónomos,  dueños de pequeñas tiendas, a todo el que ve su vida por los aires. A los familiares de personas que han muerto ( sobre todo), a los sanitarios que no superarán u olvidarán jamás el trauma vivido.  A las familias que no tienen para comer y están ya en colas pidiendo comida en toda España. Y la que nos espera....

Lo que es de vergüenza ajena es ver a quien no tiene ninguno de estos problemas quejarse sin parar  y pasarse las normas del confinamiento por el forro de los cojones, hablando en plata. Y luego vienen con teorías conspirativas y otras barbaridades.


Mis abuelos y los de muchos pasaron por una guerra. Mi madre me decía el otro día cómo su madre le contaba que todos los días comían avellanas, a todas horas, en todas las comidas y como único alimento! Mi abuelo paterno me contaba de pequeña como la gente comía ratas durante la guerra civil. Un amigo de Madrid me dijo: vamos a ver, Celia, es que tú aún eres joven ( relativamente, tengo 54)  . Los de mi generación comíamos pan con azúcar y poco más, eso sí, teníamos la calle.   
Ojalá no lleguemos a una guerra de verdad. Porque esto, por mucho que algunos se empeñen, no lo es. Es una pandemia. La manipulación, mentiras y demás forman parte de la mierda en la que ya vivíamos antes de ella y ahora se amplifica y es peligroso, y por supuesto hay que andarse con cuidado...

Yo entiendo que esto es difícil, que no todo el mundo tiene el mismo aguante. Que hay personas a las que esto les puede afectar mucho psicológicamente, nos afecta a todos.  Y más a las personas que viven solas, debe ser muy duro.  Lo que no entiendo es la superficialidad , las quejas de niños pijos y malcriados. La falta de resiliencia cuando más se necesita. 


La historia de la humanidad ha vivido episodios mucho peores que este. Es momento de ser constructivo y no destructivo, de no perder la energía en quejas que no llevan a nada. Ayudar al prójimo el que pueda en lo que pueda. 

Y ahora te hablo a ti, tú, que eres un ejemplo día y noche. Que no te quejas, piensas, analizas, haces tus críticas sin rabia (no como yo) , que ves más allá, te preguntas, dudas, te planteas, y como siempre me dices: no hay que creerse nada , siempre analizar y hacerse sus propias opiniones y por supuesto no siempre estamos de acuerdo porque somos muuuyy diferentes. Pero es que además de ser un hombre sabio y evolucionado, tú sí que tienes mérito. Tú , que no tienes prácticamente nada ofreces a tus amigos en apuros lo poco que tienes, sin miedo, sin pensar en ti. Tú piensas en la manera de ayudar a aquellos que lo están pasando mal. Hay ricachones que dan cientos de millones sin que se les mueva un pelo y ayudan a mucha más gente que tú, y salen en la prensa, pero lo que ellos dan, no significa nada para ellos, lo poco que tú das , en realidad no te lo podrías permitir. Los heroes del país, para muchos,  son ellos. El mío eres tú. Si existe el cielo, ese es tu hogar, sin duda.
Eres una pasada de criatura humana y yo tengo la suerte de ser tu mujer. No siempre lo he merecido, ni mucho menos. Pero eso quedará para siempre entre tú y yo.
Si todo el mundo fuera como tú, el mundo sería un lugar maravilloso. Por tu bondad, por tu eterna sonrisa, por tu amor a la humanidad ( a los buenos), por tu positivismo inteligente, por tu inmensa sabiduría emocional que ya quisiera yo para mí , y tú, sin meditaciones, como siempre dices: "de muy joven me puse las cosas claras"
Porque tus ojos verdes, esos que me enamoraron y me reenamoraron son el espejo de bondad en el que quiero mirarme cada día.
Tú eres, has sido y serás , mi maestro.
Gracias por perdonarme todos mis desmanes, que nunca pensé pudiera cometer y han sido mi miseria y mayor sufrimiento. 

 Gracias  por iluminarme, gracias por amarme como nadie me amó jamás. Espero poder hacerte feliz hasta el día en que me muera.




miércoles, 6 de mayo de 2020

¿De dónde sale el dinero?¿ Qué es la deuda?

Se cae el mundo y se saca dinero que antes no había y se debe dinero yo no sé a quién y los bancos cargan intereses por yo no sé qué. Y aquí todo el mundo se ha vuelto loco desde hace ya mucho, y el virus viene y expone el engaño al cuadrado, pero hay quien no se entera, y ayer me encuentro a uno de extrema derecha tras la cara madura del  que fue un  joven "normal", en el puto facebook  y quiere que la gente salga a la calle sin cortapisas porque si no la economía se cae, y el tipo aberra y defiende a uno de los muchos innombrables de la política española ; y le digo cuatro cosas, y él pone el emoticono de "flipo" y me doy cuenta de lo absurdo de entrar en eso, y borro mi comentario , e inmeditamente erradico a semejante elemento de mi estúpido muro del estúpido Facebook., del que no me he deshecho ya ( del Facebook)   por miedo, admitámoslo. Por miedo a erradicar lo que antes no existía y ahora se ha instalado  a disgusto ,en mi caso, como los móviles y los emails a todas horas y los whatsapps no deseados, pero seamos francos, no me borro porque  me sirve de cotilleo de vez en cuando, que si no... Es decir, lo mismo que ha pasado con el sistema político y económico actual, donde nadie vale un pepino, donde todo es una carga insoportable,  pero que nadie se atreve a echar y a destruir ( quizá, desgraciadamente, un virus acabe por hacerlo o por mandarnos a todos a la mierda).
Y buscando sobre el valor de la deuda y el dinero saco esta información  de Wilkipedia sobre  el Dios dinero , que nada tiene de malo por sí mismo. ( Él no es un virus, el virus somos nosotros) :

"Con la derogación del patrón oro, el único límite para la creación de dinero "mediante la promesa de pagarlo" es el dinero preexistente. Por tanto, dado que el dinero se crea de cero con una deuda igual, el pago de todas las deudas supondría la desaparición de éste. Sin embargo, los intereses hacen que la deuda total sea mayor que el préstamo, por lo que es imposible, con el sistema monetario actual, que la totalidad de las deudas sean pagadas."


La mayoría sabemos desde hace mucho que vivimos instalados en mentiras , día y noche, y que aquí se forran un uno por ciento a costa del bienestar de todos los trabajadores, y que los cabrones son dueños del mundo, pero aquí nadie hace nada. Pues nada... A mí me da ya todo igual , aunque no lo parezca, entre otras cosas porque tengo bastante asimilado que no existo ni ayer ni mañana, que solo existo hoy, y hoy ya ha pasado.

 


sábado, 8 de abril de 2017

La última función ( Anécdotas de actriz)

                       En "Menudo es mi padre" la serie del Fari, finales de 1996.
                                     

        El Fari, Kiti Manver y María Garralón observando la escena. Y yo con el actor Cesáreo Estébanez.


Cuatro actrices y dos actores representábamos la última función de “El pisito clandestino” de Martínez Ballesteros. Estábamos de gira por toda España y llegó el triste final, el último día de función.

Salimos al escenario tristes y emocionados, dispuestos a darlo todo, pero alguien había decidido que esta iba a ser una función muy diferente de la habitual…

Mi novio en la función, otra pareja y Elena, o sea yo, corremos al sofá a abrir un periódico para buscar un piso de alquiler. Como siempre lo abrimos y leemos los anuncios en voz alta. Pero , oh, esta vez no hay anuncios... El chocho espatarrado y peludo de una morena lasciva nos deja boquiabiertos. Ojú, estamos cara al público y hay que seguir hablando pero nuestros cuerpos saltan y nuestros carrillos están a punto de estallar. Respiramos, por turnos nos damos la vuelta y como podemos vamos diciendo nuestros parlamentos...

Un par de escenas después  , Elena, mi personaje, corre a una mesita supletoria a meterse  un buen pelotazo de whisky, o sea, de manzanilla fría. Me lo zampo de un trago y casi me quedo tiesa. Mis compañeros me miran aturdidos escuchando mis extraños sonidos onomatopéyicos.“ Es whisky, es whisky”, susurro con un hilillo de voz cazallera.

Mi novio , sentado en el sofá en el centro del escenario se mancha, tal como está marcado en el libreto. “Espera, te traeré una toalla mojada” ,  digo. Corro entre cajas, cojo  la toalla que está como siempre colgada de un clavo en un lateral y vuelvo corriendo a escena. Le tiendo  la toalla  y “fiuuuuuuu” sale ventada ella solita de vuelta  al clavo de donde ha salido dejándonos con la boca abierta y sin escena.

Llega el fin de la función y tenemos que robar dos cuadros grandes que hay colgados en el salón. “Cógelo de ahí”, una pareja se ocupa de un cuadro, mi novio y yo del otro, pero, joder los cuadros no se mueven. Seguimos tirando, pero nada. “El cabrón los ha sujetado con alambre desde el otro lado” murmura uno de mis compañeros.

Es imposible acabar la función como Dios manda de modo que hacemos el mutis final diciendo que robamos los cuadros pero dejándolos donde están.

No importa, el público aplaude a rabiar ajeno a las dos horas de pesadilla que acabamos de vivir...

Tuvimos la “fortuna” de contar con  un regidor cachondo que todavía seguía con la vieja tradición teatral, ya en deshuso en los tiempos que describo, de “destruir” la función final gastando todo tipo de bromas pesadas a los actores.

Una función que ninguno de nosotros olvidará jamás.



domingo, 26 de marzo de 2017

La hermana ( Monólogo dramático)



(Es un poco largo. No mucho, pero algo. Si no os apetece leerlo pasad. Si queréis comentar podéis bajar y poner: "Hay que joderse...")

(Fondo negro. A la izquierda del escenario  una actriz de unos setenta años se balancea en una mecedora con la mirada perdida. Está vestida y peinada con esmero pero con cierta austeridad, viste una blusa blanca mate con lazada, una servilleta atada al cuello a modo de babero y una falda como de andar por casa de color indefinido. Aprieta contra su regazo una fotografía. A su lado, la hermana, una mujer de similar edad, elegantemente vestida, peinada y maquillada, en pie, sujeta un plato y una cuchara. Detrás, una mesita  supletoria de jardín.  Ambas se mantienen inertes con la mirada perdida mientras el público se sienta.)

Hermana:

(Intentando meter una cucharada del puré en la boca de Rose).
No sé en qué momento normalizamos esta atrocidad. A decir verdad prefiero no pararme a pensarlo. (Se incorpora). O detienes la mecedora ya o te llevo adentro y no te saco en lo que queda de día. (La mecedora se detiene y Rose abre la boca mecánicamente sin dejar de mirar al vacío. Da un manotazo y la cuchara salta por los aires ensuciándole el pelo). Ya está. Ya lo has hecho otra vez. ¡Maldita seas!

(Deja el plato sobre la mesita, coge un paño y le frota los mechones de pelo sucios con suavidad).
Ay, el tiempo. Se te enredó en la aspereza de esos rizos. Cada hora transcurrida desde entonces trenzada en estas canas tuyas, tan blancas…, demasiado para tu edad. ¿Lo hiciste adrede, verdad? Confiésaselo a tu hermana. Saltaste cincuenta años hacia adelante, te escaqueaste de todo. Fuiste  más lista que yo…

(Deja el paño, coge el plato y se dispone a darle el puré pero vuelve a dejarlo sobre la mesita).
Anda, dame esa foto, suéltala. (Rose  reacciona, se encoge tratando de proteger la fotografía). ¡Dame la maldita foto, los vas a manchar! (Rose, con la mirada siempre perdida, emite un chillido como de animal herido).

Tranquila, cielo, tranquila, no te la quito, tranquila. (La acaricia). Es solo que no queremos mancharlos, ¿verdad? (Rose se calma poco a poco), las dos les queremos mucho, no es cierto, ¿mi niña?  (Como si nada hubiera pasado Rose sigue balanceándose. La hermana trata a duras penas de darle el puré).

¿Los recuerdas aún? ¿Viven ellos tras esos ojos tuyos? ¿Es ahí donde vives? ¿Con ellos? ¿Y yo? ¿Por qué me has dejado aquí sola? Enséñamelos, anda, cielo…
(Mecánicamente Rose separa la fotografía de su vientre, sin mirarla,  y la deja a la vista de su hermana).
¿Quiénes son, Rose? Dime sus nombres… venga, dime algo, ¿Qué recuerdas?... Vamos, habla… (Pausa) ¡Dime algo, Rose! ¡Maldita sea, dime algo!  ¡Cerda egoísta! ¡Eso es lo que eres, una maldita cerda egoísta!

(Deja el plato sobre la mesita). Debería dejarte morir de hambre… Qué más quisieras tú, ¿verdad, querida? No te liberaré Rose, no te hagas ilusiones, debes cumplir con  tu parte: eres la presencia irritante que me mantiene en vida… (Pausa. Desplazándose al centro del escenario) En vida… VIDA…(Suspira) ¿Estamos vivas, Rose? ¿Estamos vivas?

 (Cenital.  La hermana   habla al público).
Oh, Rose, cómo lo amaba, tú jamás sentiste algo así, no estaba en tu naturaleza. Tu amor era aburrido, Rose, repugnantemente impecable.  Intenté una y mil veces borrarle de mi mente. Pero, créeme,  me fue imposible, yo no era yo, era mil brasas ardientes de deseo.

Al principio me resultó fácil, cuando éramos solo tú y yo y Jack y la pequeña Jenny. Me bastaba  fantasear con su amor. El modo en que me miraba me colmaba. Arrebatártelo en mis sueños, con eso me conformaba.

Hasta el día en que lo descubrí y  me di cuenta de que no nos amaba a ninguna de las dos. Cualquier mujer inteligente se habría dado cuenta menos tú, Rose. Aparcaba el coche frente a la casa cada día,  transcurrían las horas y él no venía. Los celos me destrozaban, sin embargo tú, la esposa confiada, nunca maliciaste nada. Ni siquiera cuando él te decía que se había parado a consolar a Betty Smith de su dolorosísimo divorcio. (Se gira hacia su hermana y grita). ¡¿Cómo fuiste tan idiota, Rose?! (Avanza hacia ella. Se ilumina la parte izquierda del escenario. Rose, sigue balanceándose abrazada a su foto).  Siempre fui más avezada que tú. Tendría que haberse casado conmigo. Le hubiera hecho feliz, no la hubiera necesitado a ella (Se tapa la cara y llora. Mira a su hermana con rabia). ¡Ni siquiera se escondían, Rose! ¡Idiota! ¡Tuve que arrastrarte engañada, pegar tu estúpida nariz a aquella ventana para que abrieras los ojos de una jodida vez! ¡Para que sufrieras en tu  carne muerta lo que yo sufría cada noche viéndoles retozar desnudos sin siquiera tomar la precaución de correr las cortinas, Rose, así de tonta te hacían! ¡Así de idiota eres, Rose!

(Más calmada) Recuerdo el alivio que sentí esa noche,  cuando pensé que por fin lo había destrozado todo: a ti, a Jack, a Betty, a mí misma. Un gran estallido, una gran bomba de mierda saltando por los aires. Por fin pude dormir, me dormí como una niña escuchando vuestros gritos.

Pero tú, idiota, tuviste que perdonarle ¿Cómo se puede ser tan débil, eh, Rose? (Empuja la mecedora una y otra vez). ¡Nos jodiste la vida!

Por el bien de Jenny, dijiste. ¡Dos años,  tenía dos años! ¡No se enteraba de nada!  Jenny sería feliz ahora, todos seríamos felices si le hubieras dejado ir. ¡Con tu silencio causaste un jodido desastre, Rose!

(Vuelve al centro del escenario. Rose queda en penumbra. Más serena, habla al público).
Veo esa maldita escena ante mis ojos cada día. Aquel rayo de sol cegándome los ojos. Mi mano a modo de visera (hace los gestos). Jenny riendo ahí delante, justo tras esa cancela. El sonido de la puerta del coche de Jack al cerrarse. Corro para no perderme ni un segundo  de su llegada. Por fin le veo. La piel tostada de su rostro. La camisa  tan blanca. Su sonrisa iluminada corriendo a besar la de Jenny.  Oigo la vocecita de Jenny gritando papá. La voz rotunda y viril de Jack exclamando “hijita”. Y entonces, como un trueno subiendo del mismísimo infierno, aquel ruido infame: el rugido de satanás saliendo de un tubo de escape. El rostro altivo de  Betty,  erguida y majestuosa al volante de su Ford. ¡¡Dios mío, no, no, no!!!!  (Va hacia Rose) ¡Cada maldito día les veo volar por los aires, Rose!!  ¡El cuerpecito de Jenny! ¡La camisa ensangrentada de Jack! (Patea la silla de ruedas) ¡¿Me oyes, maldita cobarde??!!  ¡Despierta, maldita,  despierta! ¡No me dejes con la culpa, Rose! ¡No me dejes con la jodida culpa! ¡Idiota, Rose! ¡Estúpida, Rose! ¡¿De qué huyes?! ¡¿No ves que ya estamos muertas?! (Exhausta cae a los pies de Rose y solloza acariciándole las manos):

¿Estamos muertas, Rose? ¿¿Es esto el infierno??  (Rose, con la mirada perdida,  acaricia la cabeza de su hermana).

                                                                TELÓN.
                                                                 
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