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sábado, 4 de julio de 2020

CALDO DE PUCHERO ( OBRA DE TEATRO DEL ABSURDO EN 5 ESCENAS) PRIMERA PARTE ©2018


PERSONAJES:


SEÑOR DIFUSO: hombre de unos sesenta y tantos años, vestido con sombrero y traje gris, debe dar la impresión de que es un personaje de los años cincuenta del siglo XX.

SEÑOR NORIEGA: Hombre de unos cincuenta y tantos años, de clase trabajadora. Vestimenta clásica de la época actual algo desaliñada.

PEPA: Mujer de cuarenta y muchos años. Vestimenta sofisticada y surrealista para la época actual: un tocado tipo pamela , vestido barato de gasa. Un quiero y no puedo. Tonos rosa.

PATXI: Joven vasco entre los veintiocho y treinta y pocos años, vestido con vaqueros y camiseta.

MIRIAM: Mujer de edad indefinida. Etérea y ausente. Tipo hippy.

UN CHINO o actor / actriz disfrazado de chino.


                                                                ESCENA I


Los personajes están sentados en semicírculo en el centro del escenario. En medio está sentada Miriam, la coach.


SEÑOR NORIEGA:

—A mí me pone muy nervioso esperar al autobús, eso y que se me haga tarde para hacer el caldo de puchero.

MIRIAM:

—No piense en el futuro, el tiempo es una ilusión.

SEÑOR NORIEGA:

—Pues el autobús pasa cada quince minutos, eso no es una ilusión, es una realidad.

PEPA:

—Tonterías, el autobús depende del tráfico, este marca su tiempo.

SEÑOR DIFUSO:

—A mí lo que me saca de quicio es que no sé por qué ando. Ando y ando y sé que un día habré de parar y uf, solo de pensarlo. Miren ( se pone de pie), pongo un pie delante, luego adelanto el de atrás, luego el que estaba atrás vuelve a pasar delante, y así toda la vida hasta que un día se acabe y eso no me entra en la cabeza, y luego qué, ¿eh?, ¿qué? ¿Podré andar por la eternidad? No, no podré andar sin pies, no podré. Dios mío, qué va a ser de mí.

MIRIAM:

—Visualícese ya muerto. Verá qué paz.

PATXI:

—¿Paz? ¿Qué es eso? Yo estoy en el paro. En la espera eterna. En el no tiempo, y a mí el no tiempo se me hace eterno. ¿Cómo quiere que viva sin pensar en el futuro si no tengo presente?¿Qué quiere, condenarme a vivir eternamente en la nada?

MIRIAM:

—Ustedes no tienen ningún problema en el momento presente, en el ahora nunca hay ningún problema. Usted, aquí y ahora no está sin trabajo, está aquí, lo de después no existe. Ni siquiera el minuto anterior a este existe, ¿lo entienden?

PEPA:

—A mí lo que me pone de los nervios es ver que la vida se me pasa esperando. Esperando al autobús, en la cola del supermercado, en el banco, esperando a que se haga la comida, a comer, a poner la lavadora, a que acabe la lavadora y tender la ropa, a que acabe el programa de televisión para irme a dormir, a que se acabe la noche para volverme a despertar, a que suene el despertador, a ducharme y secarme el pelo, es un horror, un horror, no me extraña que no me haya casado. Lo mismo me casé y ni me acuerdo. Con tanta cosa en la cabeza es imposible acordarse de nada.

SEÑOR DIFUSO:

—Por eso mismo no me he casado yo. No hay tiempo, solo ando y ando y ando y nunca sé adónde ni por qué. Y pensar que a algunos les da tiempo a casarse y a tener hijos...

PEPA:

—Seguro que a muchos se les olvida que están casados y tienen hijos y un día, sin más, ya no encuentran el camino de retorno al hogar (llora). Lo mismo soy una de ellos... Familias llenas de falsos huérfanos, falsas y falsos viudos. Dios, qué tragedia.

PATXI:

—Pues imagínese yo, en mi tiempo eterno, en mi eterna espera. Mi mujer se aburriría infinito. Por eso estoy casi seguro de no tener mujer que si no también yo dudaría de si no tengo una familia olvidada en alguna parte, pero vaya usted a saber...

SEÑOR NORIEGA:

(Se mira el reloj)

—Se me hace tarde para el caldo de puchero. Yo siempre hago puchero para uno, por eso sé que no estoy casado que si no...

MIRIAM:

—Le voy a tener que prohibir que traiga reloj a la sesión. Aquí el tiempo no existe.

PATXI:

—Por otro lado, si encuentro trabajo, la situación tampoco será mucho mejor. Nada me librará de esperar, más bien al contrario: esperaré a que acabe la jornada de trabajo, a que llegue el fin de semana, a que me ingresen el sueldo, a que lleguen las vacaciones; eso respecto a las grandes esperas , si a estas les sumamos las pequeñas la situación se hace inaguantable: esperar el autobús, esperar el ascensor, esperar órdenes del jefe, la próxima bronca, esperar la hora de comer, la hora de volver a la oficina, que se encienda el ordenador, que se abran los emails. Un horror, creo que no quiero trabajar.

MIRIAM:

—Pues no trabaje. La cuestión es estar bien y dejar el resto en manos del universo.

SEÑOR NORIEGA:

—Pues mi puchero me lo tengo que comprar y hacer yo, a mí el universo no me hace nada, soy un pringado.

MIRIAM:

—Olvide el término “tengo que”, usted no tiene que hacer nada, solo fluir.

SEÑOR NORIEGA:

—¿Usted cree?

MIRIAM:

—Pruébelo y verá.

SEÑOR NORIEGA:

—Me cuesta creer que el puchero se compre y haga solo.

MIRIAM:

—Señor Noriega, cuando usted acepte que es y fluye con el universo ya no le supondrá ningún estrés hacer el puchero, “no tendrá que”, simplemente lo hará y disfrutará del momento de hacer su puchero.
(Mirándose el reloj)

Bien, ya retomaremos estos temas en la próxima sesión. Ahora pasemos a la siguiente fase, la fase de la liberación. Para avanzar hay que liberar el subconsciente. En esta frase han de expresarse con total libertad, decir todo aquello que les venga a la mente. ¿Preparados? (Todos asienten)

Empecemos pues. Pónganse todos en pie. Ahora cierren los ojos y respiren profundamente. Señor Noriega, diga usted lo primero que se le ocurra después sin pausa y por orden los demás. Sientan lo que anida en su subconsciente en lo más profundo de su ser.

SEÑOR NORIEGA:

—!Cuando llegue a casa tengo que poner el puchero al fuego!

PATXI:

—!Cuidado con el chucho, cuidado con el chucho! !Socorro, mamá, sálvame!

SEÑOR DIFUSO::

—!Hay que denunciar al dueño del chucho antes de que sea tarde!

PEPA:

—El dueño del chucho es un desalmado, el chucho está rabioso, el chucho muerde, el chucho ladra. El cucho se acuerda de su familia al contrario que su dueño que no recuerda dónde vive con sus hijos y a su mujer. El cucho trinca lo primero que se le pone delante y muerde y ladra y muerde y ladra. Está rabioso.

SEÑOR DIFUSO:

—!Guau, guau, guau!

PEPA:

Rabiosa

—Grrrrrr, grrrrrr, grrrrrrrr.

SEÑOR DIFUSO:

Rabioso.

—Nadie se hace cargo de los chuchos. Vamos a la deriva. Guau, guau, guau.

SEÑOR NORIEGA:

Rabioso

—Nadie se hace cargo de mi puchero. Voy a la deriva. Grrrrr, grrrr, grrrrr.

PATXI:

Rabioso.

—Mi mamá, que tanto me mimaba de pequeño, no pudo salvarme del chucho, voy a la deriva. Grrrr, grrrr, grrr.

SEÑOR NORIEGA:

Rabioso.

—!Se me hace tarde para el puchero!

SEÑOR DIFUSO:

—¿Cómo de tarde?

SEÑOR NORIEGA:

—Tarde es tarde. No hay vuelta atrás.

SEÑOR DIFUSO:

—Nunca es tarde si la dicha es buena.

PEPA:

—La dicha siempre llega tarde, y eso cuando llega.

SEÑOR NORIEGA.

—La dicha es mi caldo de puchero. Ustedes la retrasan.

PEPA:

—A usted solo le importa su puchero. No me extraña que esté solo.

Han ido abriendo los ojos a medida que hablaban.

SEÑOR DIFUSO:

—El puchero es mejor comerlo en soledad.

PEPA:

—¿Y eso por qué?

SEÑOR DIFUSO:

—Porque lo contrario es una cesión de poder personal.

MIRIAM:

—Muy bien, señor Difuso. Cada uno debe cocinarse y comerse su propio puchero. Cuando uno crea su propio puchero, atrae más puchero. Comerse el puchero cocinado por otros es ceder el poder personal. Lo cual lleva a vivir en la escasez.

PATXI:

—!Ahí va la hostia!

PEPA:

—No sé si lo he entendido bien. ¿Quiere decir que si me hago y me como sola mi puchero me haré más rica?

SEÑOR NORIEGA:

—Seguro que gastará menos.

SEÑOR DIFUSO:

—Pues estoy jodido. Yo no sé hacer puchero.

PEPA:

—No se preocupe, yo le enseño.

MIRIAM:

—Eso, Pepa, se llama estar en tu zona errónea. El señor Difuso nunca hará el puchero como tú, sería una dejación de su poder personal, él tiene todo lo que necesita dentro de sí, solo debe aceptarlo y todo vendrá dado. El señor Difuso hará exquisitos pucheros sin que nadie le enseñe. De hecho ya sabe hacerlos, solo que él lo ignora.

SEÑOR DIFUSO:

—En cuanto llegue a casa me hago uno.

SEÑOR NORIEGA:

—¿Podemos acabar la sesión ya? Se me hace tarde para el puchero.

SEÑOR DIFUSO:

—¿Cómo de tarde?

SEÑOR NORIEGA:

—Ya estamos.! Tarde!

PATXI:

—Dicen que nunca es tarde.

PEPA:

—Quizá sea tarde para casarse. No recuerdo haberme casado.

SEÑOR NORIEGA:

—Yo tampoco.

PATXI:

—Yo tampoco.

SEÑOR DIFUSO:

—Yo tampoco... Cuantas menos manos en el puchero mejor.

SEÑOR NORIEGA:

—Cierto, cierto...

PEPA:

—Pues a mí me hubiera gustado casarme para no comerme el puchero sola, sobre todo en Navidad.

SEÑOR DIFUSO:

—Un motivo tan válido como otro cualquiera.

PATXI:

—También puede casarse y no hacer puchero, sobre todo en Navidad.

PEPA:

—Pero entonces me quedaría sin comer puchero. Si acaso haré el puchero para mí y él que se haga el suyo.

SEÑOR DIFUSO:

—Creo que estamos evolucionando mucho.

SEÑOR NORIEGA:

—Puede, pero a mí se me hace tarde para hacer el puchero.

SEÑOR DIFUSO:

—Ese puchero no existe.

SEÑOR NORIEGA:

—Pero si llego a tiempo existirá.

SEÑOR DIFUSO:

—Nunca se sabe, igual muere usted antes.

SEÑOR NORIEGA:

—Hombre, por Dios, no me diga usted eso.

PEPA:

—La muerte nos pisa los talones. Debo apresurarme a encontrar a mi marido antes de que sea demasiado tarde.

SEÑOR DIFUSO:

—Lo mismo se muere su marido antes de que lo encuentre.

PEPA:

—¡No me diga eso, por Dios!

SEÑOR NORIEGA:

—La muerte nos pisa los talones y yo siempre quise llevar tacones.

MIRIAM:

—Eso tiene solución. Póngaselos antes de palmarla. Hay que estar en sintonía con la propia esencia si no luego vienen las enfermedades crónicas y terminales.

SEÑOR NORIEGA:

(Secándose las lágrimas con un pañuelo)

—!Joder, gracias, qué liberación!

PEPA:

—Propongo que acompañemos al señor Noriega a comprarse sus zapatos de tacón y luego vamos todos por mi traje de luto no sea que el señor Difuso tenga razón y mi marido se muera antes de que lo encuentre.

PATXI:

—El luto ya no se lleva.

PEPA:

—Pues es verdad. Además, no conozco al muerto.

MIRIAM:

—Claro que lo conoces.

PEPA:

—¿Usted cree ?

MIRIAM:

—Conocemos a todas las almas que nos cruzamos en el camino.

PEPA:

—¿Pero y si no me lo he cruzado?

MIRIAM:

—Si no te lo has cruzado es porque seguramente murió antes. Pero os conocéis, no lo dudes.

PEPA:

—Lo mismo está abandonado a su suerte en el cementerio y yo sin acordarme. Qué mala viuda .¿Creen que debería ir al cementerio?

SEÑOR DIFUSO:

—Sin duda alguna. Si quiere usted ser una viuda, sea al menos una buena viuda.

PEPA:

—Pero es que yo no quiero ser una viuda.

MIRIAM:

—Uno no es siempre lo que quiere ser.

SEÑOR DIFUSO:

—Pero hay que ser bueno en lo que se es.

MIRIAM:

—Efectivamente.

PEPA:

—No se hable más. Yo cuando me pongo me pongo. Seré la mejor viuda nunca vista, iré al cementerio y te encontraré, esposo mío. (Pausa). No soy de aquí. ¿Harían el favor de acompañarme?

SEÑOR NORIEGA:

—No sin mis tacones.

SEÑOR DIFUSO:

—Ya se le olvidó el puchero...

SEÑOR NORIEGA:

—Ni hablar. Primero haré mi puchero y después me pondré los tacones.

MARIAN:

—Está bien. Se acabó por hoy. Acompañaremos a Pepa mañana al cementerio a que aclare su situación. La clarificación es esencial para no desarrollar enfermedades crónicas o terminales.¿ A las doce en punto delante de la consulta?

(Todos asienten).


OSCURO



ESCENA II

Todos los personajes andan por el escenario de izquierda a derecha, de derecha a izquierda . El señor Noriega lleva sus zapatos de tacón.

SEÑOR NORIEGA:

—Duele, duele.

MIRIAM:

—Todos los cambios son dolorosos.

PEPA:

—¿Por dónde se va al cementerio? No soy de aquí.

PATXI:

—Se casaría con un forastero.

SEÑOR DIFUSO:

—Lo sabremos cuando encontremos la lápida.

SEÑOR NORIEGA:

—En las lápidas no pone el lugar de nacimiento.

PEPA:

—Mira que si es chino...

SEÑOR NORIEGA:

—¿Y por qué va a ser chino?

PEPA:

—Porque el mundo está lleno de chinos.

PATXI:

—Lo mismo es japonés. Los japoneses están en todas partes cámara en mano.

PEPA:

—Si está muerto no llevará cámara.

SEÑOR NORIEGA:

–Si es chino, en la foto tendrá cara de chino.

PEPA:

–O de japonés.

PATXI:

–Pues yo no sé distinguirlos.

SEÑOR DIFUSO:

–Yo tampoco.

SEÑOR NORIEGA:

–Yo tampoco.

PEPA:

–Yo tampoco.

MIRIAM:

—Yo tampoco.

SEÑOR DIFUSO:

–Si es un selfie será japonés.

PEPA:

–¿Por dónde se va al cementerio? No soy de aquí.

PATXI:

–Se casó con un forastero, fijo.

SEÑOR DIFUSO:

–En efecto, chino o japonés según todas las estadísticas.


OSCURO


ESCENA III



Entre todos los personajes sacan tres lápidas y las reparten por el escenario. Llevan la misma ropa que en la escena anterior. Andan alrededor de las tumbas.


SEÑOR NORIEGA:

—Duele, duele.

SEÑOR DIFUSO:

—Alégrese, señor Noriega, a esos no les duele nada.

PEPA:

—Pues si no le duele nada, ¿para qué lo busco?

PATXI:

—Y si no quiere buscarlo, ¿para qué hemos venido?

SEÑOR NORIEGA:

—A buscar a un chino.

SEÑOR DIFUSO:

—De todos es sabido que no hay chinos en los cementerios.

PATXI:

—¿No se mueren los chinos?

PEPA:

—El mío sí, pero no le importo porque no le duele.

SEÑOR NORIEGA:

—No le duele porque está muerto.

MIRIAM:

—Seguro que le duele el alma.

PATXI:

—El alma china.

SEÑOR DIFUSO:

—O japonesa.

SEÑOR NORIEGA:

—Me pregunto cómo lo vamos a distinguir.

PATXI:

—Si es japonés tendrá el brazo alargado.

PEPA:

—Pues espero que sea chino, no me gustan los hombres con brazos alargados, parecen pulpos.

PATXI:

—Alargado porque se está haciendo un selfie.

PEPA:

—¿Por qué me casaría con un chino? Ahora que lo pienso, no son mi tipo...

PATXI:

—El amor es ciego.

SEÑOR NORIEGA:

—Y tanto, mira que casarse con un muerto.

SEÑOR DIFUSO:

—Cuando se casaron no debía estar muerto.

PEPA:

—Lo mismo sí y por eso no me acuerdo.

MIRIAM:

—No te acuerdas porque quedaste traumatizada.

PEPA:

—Sí, debí quererlo mucho. (Llora).

SEÑOR NORIEGA:

—Sí, sí, pero el puchero se lo hacía para usted solita...

PEPA:

—Nos hacíamos cada uno el nuestro, para atraer la prosperidad ( Mira a Marian).

MIRIAM:

—Eres fantástica, Pepa.

PATXI:

—Tonterías, dos pucheros son más gasto que uno.

SEÑOR DIFUSO:

—Y donde come uno comen dos,

MIRIAM:

—Y donde comen dos comen tres.

SEÑOR NORIEGA:

—Y donde comen tres comen cuatro. Volvamos. Se me hace tarde para hacer mi puchero.

SEÑOR DIFUSO:

—¿Come todos los días puchero?

SEÑOR NORIEGA:

—No, pero ya he sacado el arreglo para hoy.

PATXI:

—Pues podría invitarnos , que estoy en paro.

SEÑOR NORIEGA:

––Por mí no hay problema. Pero les advierto que solo tengo arreglo para uno.

SEÑOR DIFUSO:

—Donde come uno comen dos. Me apunto.

PATXI:

—Donde comen dos comen tres. Me apunto.

PEPA:

—Donde comen tres comen cuatro. Me apunto.

MIRIAM:

—Donde comen cuatro comen cinco. Me apunto.

SEÑOR NORIEGA:

—Pues no sé yo si dará para tantos...

PEPA:

—Tenga en cuenta que voy sin marido, uno menos para repartir.

SEÑOR NORIEGA:

—Mujer, si se lo quiere traer, donde comen cinco comen seis.

SEÑOR DIFUSO:

—Yo con muertos no como.

PATXI:

—Yo nunca he visto a un chino comiendo puchero.

SEÑOR NORIEGA:

—Yo tampoco, pero haberlos haylos.

PEPA:

(Señalando una lápida)

—Este no es chino.

PATXI:

—Ni japonés. Como no hay chinos en los cementerios no lo vamos a encontrar.

MIRIAM:

—¿Está segura de que se casó con un chino?

PEPA:

—No, pero siempre me rijo por las estadísticas, son muy fiables.

MIRIAM:

—No siempre. No la hago yo con un chino, presiento que era español.

PEPA:

—Ay, qué alivio.

SEÑOR NORIEGA:

—De alivio nada, no habrá bastante puchero para todos.

PATXI:

—No creo que coma. Está muerto.

SEÑOR NORIEGA:

—Pues si está muerto a mi casa que no venga.

SEÑOR DIFUSO:

—Yo si va el muerto tampoco voy.

PATXI:

—Anda, ni yo.

PEPA:

—Pues yo tampoco, me da yuyu.

SEÑOR DIFUSO:

—¿Yuyu su propio marido?

PEPA:

—Difunto marido, que no es lo mismo.

MIRIAM:

—A los muertos no hay que temerles, son almas incorpóreas.

PEPA:

—Y las hay chinas y japonesas también. Pero la de mi marido igual no es amarilla también pudiera ser blanca como dice Miriam. No podemos saberlo a ciencia cierta.

PATXI:

—Pues si es blanca no se verá.

SEÑOR DIFUSO:

—Cierto, un alma amarilla se distingue en seguida.

PATXI:

—Si se zambulle en el puchero para zampárselo nos daremos cuenta cuando ya no quede.

SEÑOR DIFUSO:

—Mal asunto.

SEÑOR NORIEGA: 

—Muy jodido. No le pondré azafrán al puchero por si acaso.

SEÑOR DIFUSO:

—Yo no sé si probaré su puchero.

PACO:

—¿Y eso por qué ?

SEÑOR DIFUSO:

—Por si el muerto está dentro.

PACO:

—Lleva pollo, ternera y verduras. Con carne humana nunca lo he probado.

SEÑOR DIFUSO:

—Me refiero a su alma amarilla.

PATXI:

—O blanca, pues.

SEÑOR DIFUSO:

—Si es blanca veremos la mancha, si es amarilla nos lo zamparemos sin darnos cuenta

SEÑOR NORIEGA:

—Ya le he dicho que no pondré azafrán.

SEÑOR DIFUSO:

—En ese caso si es un alma blanca nos la zamparemos igual. Yo no como puchero, me traeré un bocata.

PEPA:

—¿Y si no va a comer puchero para qué va a ir?

SEÑOR DIFUSO:

—Tengo curiosidad por conocer a su marido.

PATXI:

—¿Por qué solo hay tres muertos en este cementerio?

SEÑOR DIFUSO:

—Porque nadie quiere morirse.

PEPA:

—Al parecer estos tres sí.

SEÑOR NORIEGA:

(Se recuesta sobre una tumba)

—Estos zapatos me están matando.

PEPA:

—A las mujeres llevan siglos matándonos.

PATXI:

—Pues en este cementerio no las entierran.

PEPA:

—Debemos estar en otro.

SEÑOR NORIEGA:

—Siento la frialdad de la muerte a mis espaldas.

MARIAN:

—Noriega, levántate y anda.

El señor Noriega se levanta.

SEÑOR NORIEGA:

—Duele, duele. (Pausa). ¿Por qué solo hay tres muertos en este cementerio?

PEPA:

(Lloriqueando)

—Y ninguno de ellos es mi marido.

SEÑOR NORIEGA:

—Las mujeres solo quieren enterrarnos.

PEPA:

—Yo no he dicho eso.

SEÑOR NORIEGA:

—Llora porque su marido no está muerto.

PEPA:

—Lloro porque no está aquí.

SEÑOR NORIEGA:

—Es lo mismo.

PEPA:

—No lo es.

SEÑOR NORIEGA:

—Si estuviera aquí estaría muerto. Llora porque no está muerto.

PEPA:

—Lloro porque quizá me olvidé de enterrarlo. A saber dónde ha acabado. (Lloriquea) Qué mala viuda, qué mala viuda.

SEÑOR DIFUSO:

—Vámonos, está atardeciendo y me da yuyu.

PATXI:

—Sí, a mí también me da yuyu.

PEPA:

—¿Y dónde vamos?

SEÑOR NORIEGA:

—A casa. Se me hace tarde para el puchero.

PEPA:

—¿Y dejamos de buscar a mi marido?

SEÑOR DIFUSO:

—Vendrá mañana a comer puchero.

PATXI:

—¿A qué hora mañana? Estoy en paro, me comería un muerto.

SEÑOR NORIEGA:

—A las dos en punto.

MIRIAM:

—Vámonos pues.

(Haciendo mutis todos)

SEÑOR DIFUSO:

—Me pregunto para qué hacen los cementerios tan grandes si nadie quiere morirse.



OSCURO


Segunda  y última parte: escenas IV  y  V 


©Celia Seguí 2018