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sábado, 8 de abril de 2017

La última función ( Anécdotas de actriz)

                       En "Menudo es mi padre" la serie del Fari, finales de 1996.
                                     

        El Fari, Kiti Manver y María Garralón observando la escena. Y yo con el actor Cesáreo Estébanez.


Cuatro actrices y dos actores representábamos la última función de “El pisito clandestino” de Martínez Ballesteros. Estábamos de gira por toda España y llegó el triste final, el último día de función.

Salimos al escenario tristes y emocionados, dispuestos a darlo todo, pero alguien había decidido que esta iba a ser una función muy diferente de la habitual…

Mi novio en la función, otra pareja y Elena, o sea yo, corremos al sofá a abrir un periódico para buscar un piso de alquiler. Como siempre lo abrimos y leemos los anuncios en voz alta. Pero , oh, esta vez no hay anuncios... El chocho espatarrado y peludo de una morena lasciva nos deja boquiabiertos. Ojú, estamos cara al público y hay que seguir hablando pero nuestros cuerpos saltan y nuestros carrillos están a punto de estallar. Respiramos, por turnos nos damos la vuelta y como podemos vamos diciendo nuestros parlamentos...

Un par de escenas después  , Elena, mi personaje, corre a una mesita supletoria a meterse  un buen pelotazo de whisky, o sea, de manzanilla fría. Me lo zampo de un trago y casi me quedo tiesa. Mis compañeros me miran aturdidos escuchando mis extraños sonidos onomatopéyicos.“ Es whisky, es whisky”, susurro con un hilillo de voz cazallera.

Mi novio , sentado en el sofá en el centro del escenario se mancha, tal como está marcado en el libreto. “Espera, te traeré una toalla mojada” ,  digo. Corro entre cajas, cojo  la toalla que está como siempre colgada de un clavo en un lateral y vuelvo corriendo a escena. Le tiendo  la toalla  y “fiuuuuuuu” sale ventada ella solita de vuelta  al clavo de donde ha salido dejándonos con la boca abierta y sin escena.

Llega el fin de la función y tenemos que robar dos cuadros grandes que hay colgados en el salón. “Cógelo de ahí”, una pareja se ocupa de un cuadro, mi novio y yo del otro, pero, joder los cuadros no se mueven. Seguimos tirando, pero nada. “El cabrón los ha sujetado con alambre desde el otro lado” murmura uno de mis compañeros.

Es imposible acabar la función como Dios manda de modo que hacemos el mutis final diciendo que robamos los cuadros pero dejándolos donde están.

No importa, el público aplaude a rabiar ajeno a las dos horas de pesadilla que acabamos de vivir...

Tuvimos la “fortuna” de contar con  un regidor cachondo que todavía seguía con la vieja tradición teatral, ya en deshuso en los tiempos que describo, de “destruir” la función final gastando todo tipo de bromas pesadas a los actores.

Una función que ninguno de nosotros olvidará jamás.