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domingo, 26 de marzo de 2017

La hermana ( Monólogo dramático)



(Es un poco largo. No mucho, pero algo. Si no os apetece leerlo pasad. Si queréis comentar podéis bajar y poner: "Hay que joderse...")

(Fondo negro. A la izquierda del escenario  una actriz de unos setenta años se balancea en una mecedora con la mirada perdida. Está vestida y peinada con esmero pero con cierta austeridad, viste una blusa blanca mate con lazada, una servilleta atada al cuello a modo de babero y una falda como de andar por casa de color indefinido. Aprieta contra su regazo una fotografía. A su lado, la hermana, una mujer de similar edad, elegantemente vestida, peinada y maquillada, en pie, sujeta un plato y una cuchara. Detrás, una mesita  supletoria de jardín.  Ambas se mantienen inertes con la mirada perdida mientras el público se sienta.)

Hermana:

(Intentando meter una cucharada del puré en la boca de Rose).
No sé en qué momento normalizamos esta atrocidad. A decir verdad prefiero no pararme a pensarlo. (Se incorpora). O detienes la mecedora ya o te llevo adentro y no te saco en lo que queda de día. (La mecedora se detiene y Rose abre la boca mecánicamente sin dejar de mirar al vacío. Da un manotazo y la cuchara salta por los aires ensuciándole el pelo). Ya está. Ya lo has hecho otra vez. ¡Maldita seas!

(Deja el plato sobre la mesita, coge un paño y le frota los mechones de pelo sucios con suavidad).
Ay, el tiempo. Se te enredó en la aspereza de esos rizos. Cada hora transcurrida desde entonces trenzada en estas canas tuyas, tan blancas…, demasiado para tu edad. ¿Lo hiciste adrede, verdad? Confiésaselo a tu hermana. Saltaste cincuenta años hacia adelante, te escaqueaste de todo. Fuiste  más lista que yo…

(Deja el paño, coge el plato y se dispone a darle el puré pero vuelve a dejarlo sobre la mesita).
Anda, dame esa foto, suéltala. (Rose  reacciona, se encoge tratando de proteger la fotografía). ¡Dame la maldita foto, los vas a manchar! (Rose, con la mirada siempre perdida, emite un chillido como de animal herido).

Tranquila, cielo, tranquila, no te la quito, tranquila. (La acaricia). Es solo que no queremos mancharlos, ¿verdad? (Rose se calma poco a poco), las dos les queremos mucho, no es cierto, ¿mi niña?  (Como si nada hubiera pasado Rose sigue balanceándose. La hermana trata a duras penas de darle el puré).

¿Los recuerdas aún? ¿Viven ellos tras esos ojos tuyos? ¿Es ahí donde vives? ¿Con ellos? ¿Y yo? ¿Por qué me has dejado aquí sola? Enséñamelos, anda, cielo…
(Mecánicamente Rose separa la fotografía de su vientre, sin mirarla,  y la deja a la vista de su hermana).
¿Quiénes son, Rose? Dime sus nombres… venga, dime algo, ¿Qué recuerdas?... Vamos, habla… (Pausa) ¡Dime algo, Rose! ¡Maldita sea, dime algo!  ¡Cerda egoísta! ¡Eso es lo que eres, una maldita cerda egoísta!

(Deja el plato sobre la mesita). Debería dejarte morir de hambre… Qué más quisieras tú, ¿verdad, querida? No te liberaré Rose, no te hagas ilusiones, debes cumplir con  tu parte: eres la presencia irritante que me mantiene en vida… (Pausa. Desplazándose al centro del escenario) En vida… VIDA…(Suspira) ¿Estamos vivas, Rose? ¿Estamos vivas?

 (Cenital.  La hermana   habla al público).
Oh, Rose, cómo lo amaba, tú jamás sentiste algo así, no estaba en tu naturaleza. Tu amor era aburrido, Rose, repugnantemente impecable.  Intenté una y mil veces borrarle de mi mente. Pero, créeme,  me fue imposible, yo no era yo, era mil brasas ardientes de deseo.

Al principio me resultó fácil, cuando éramos solo tú y yo y Jack y la pequeña Jenny. Me bastaba  fantasear con su amor. El modo en que me miraba me colmaba. Arrebatártelo en mis sueños, con eso me conformaba.

Hasta el día en que lo descubrí y  me di cuenta de que no nos amaba a ninguna de las dos. Cualquier mujer inteligente se habría dado cuenta menos tú, Rose. Aparcaba el coche frente a la casa cada día,  transcurrían las horas y él no venía. Los celos me destrozaban, sin embargo tú, la esposa confiada, nunca maliciaste nada. Ni siquiera cuando él te decía que se había parado a consolar a Betty Smith de su dolorosísimo divorcio. (Se gira hacia su hermana y grita). ¡¿Cómo fuiste tan idiota, Rose?! (Avanza hacia ella. Se ilumina la parte izquierda del escenario. Rose, sigue balanceándose abrazada a su foto).  Siempre fui más avezada que tú. Tendría que haberse casado conmigo. Le hubiera hecho feliz, no la hubiera necesitado a ella (Se tapa la cara y llora. Mira a su hermana con rabia). ¡Ni siquiera se escondían, Rose! ¡Idiota! ¡Tuve que arrastrarte engañada, pegar tu estúpida nariz a aquella ventana para que abrieras los ojos de una jodida vez! ¡Para que sufrieras en tu  carne muerta lo que yo sufría cada noche viéndoles retozar desnudos sin siquiera tomar la precaución de correr las cortinas, Rose, así de tonta te hacían! ¡Así de idiota eres, Rose!

(Más calmada) Recuerdo el alivio que sentí esa noche,  cuando pensé que por fin lo había destrozado todo: a ti, a Jack, a Betty, a mí misma. Un gran estallido, una gran bomba de mierda saltando por los aires. Por fin pude dormir, me dormí como una niña escuchando vuestros gritos.

Pero tú, idiota, tuviste que perdonarle ¿Cómo se puede ser tan débil, eh, Rose? (Empuja la mecedora una y otra vez). ¡Nos jodiste la vida!

Por el bien de Jenny, dijiste. ¡Dos años,  tenía dos años! ¡No se enteraba de nada!  Jenny sería feliz ahora, todos seríamos felices si le hubieras dejado ir. ¡Con tu silencio causaste un jodido desastre, Rose!

(Vuelve al centro del escenario. Rose queda en penumbra. Más serena, habla al público).
Veo esa maldita escena ante mis ojos cada día. Aquel rayo de sol cegándome los ojos. Mi mano a modo de visera (hace los gestos). Jenny riendo ahí delante, justo tras esa cancela. El sonido de la puerta del coche de Jack al cerrarse. Corro para no perderme ni un segundo  de su llegada. Por fin le veo. La piel tostada de su rostro. La camisa  tan blanca. Su sonrisa iluminada corriendo a besar la de Jenny.  Oigo la vocecita de Jenny gritando papá. La voz rotunda y viril de Jack exclamando “hijita”. Y entonces, como un trueno subiendo del mismísimo infierno, aquel ruido infame: el rugido de satanás saliendo de un tubo de escape. El rostro altivo de  Betty,  erguida y majestuosa al volante de su Ford. ¡¡Dios mío, no, no, no!!!!  (Va hacia Rose) ¡Cada maldito día les veo volar por los aires, Rose!!  ¡El cuerpecito de Jenny! ¡La camisa ensangrentada de Jack! (Patea la silla de ruedas) ¡¿Me oyes, maldita cobarde??!!  ¡Despierta, maldita,  despierta! ¡No me dejes con la culpa, Rose! ¡No me dejes con la jodida culpa! ¡Idiota, Rose! ¡Estúpida, Rose! ¡¿De qué huyes?! ¡¿No ves que ya estamos muertas?! (Exhausta cae a los pies de Rose y solloza acariciándole las manos):

¿Estamos muertas, Rose? ¿¿Es esto el infierno??  (Rose, con la mirada perdida,  acaricia la cabeza de su hermana).

                                                                TELÓN.
                                                                 
                                                               ©2017
                                                                      





domingo, 19 de marzo de 2017

El abuelo mágico ( Anécdotas)


En los años 70 no había autopistas y la Avenida de Alicante era paso obligatorio para todo vehículo que a través de la costa levantina se dirigiera hacia el sur.

Agarrados de la mano, mi abuelo mágico y yo habíamos dejado atrás la pronunciada curva que combaba la carretera al llegar al centro de la ciudad. El tráfico era escaso por aquellos tiempos y hacía un buen rato que no veíamos pasar  ningún coche. Repentinamente mi abuelo se detuvo y tiró de mi mano, metió la suya en el bolsillo de la chaqueta y sacó papel y boli. “Toma, niña, apunta lo que te voy a decir”.Levanté mi cara expectante y entusiasmada hacia él esperando que me transportara a uno de sus mundos mágicos una vez más. «Mira allá», dijo señalando la silenciosa curva al principio de la avenida. «Dentro de nada verás aparecer un coche por ahí. Apunta esta matrícula…»  Cuando acabé de escribirla permanecimos los dos quietos en silencio, la mirada fija en la curva, a la espera del milagro.  Enseguida escuchamos el ronroneo de un motor aún lejano. El coche dio la vuelta a la curva y fue agrandándose en nuestra retina a medida que se acercaba. «!Mira!», exclamó mi abuelo entusiasmado. V45206-A.  Los mismos números y letras que yo había garabateado. «¿Cómo lo haces, abuelito?», pregunté. «Soy un zahorí», contestó, como siempre que me contaba uno de sus milagros.

Ateo confeso  casado con una beata, mi abuelo mágico gustaba alardear de sus hazañas. De cómo enriqueció en tres ocasiones a sus amigos del pueblo soplándoles la quiniela que iba a salir esa semana.  Un catorce y dos plenos al quince. De la última fui yo testigo. Con una de ellas  compró un apartamento en la playa para toda la familia.

Una y otra vez le oí relatar como una noche sin luna le paró la guardia civil mientras conducía su motocicleta por  un camino de naranjos. «Baje de la moto, no lleva usted luz», le amonestaron los dos agentes. «Ustedes con carburan. Me ha alumbrado todo el camino. ¿Cómo si no hubiera llegado hasta aquí?» «Era verdad, la moto no tenía luz», me contaba, «pero yo la vi todo el camino».

Al llegar a la adolescencia me di cuenta de que había heredado sus poderes. En ocasiones yo podía predecir quién iba a aparecer por la esquina y cómo iba vestido. Lo decía en voz alta y la gente no me creía hasta que lo veían con sus propios ojos. Por la noche cerraba los ojos y en mis pensamientos volaba a la casa de alguna persona, cosa que solo podía hacer si me daban la dirección exacta aunque yo no supiera dónde estaba dicha calle. Mis amigas me hacían peticiones, yo me visualizaba entrando en la cabeza del chico  objeto de su interés  y le transmitía mentalmente  la petición de mi amiga, generalmente de tipo amoroso. Al día siguiente, en el Instituto, se cumplía.

Pasó el tiempo y no quise saber nada de los supuestos poderes, simplemente los olvidé y nunca más he querido siquiera intentarlo.

Mi niño-abuelo mágico olvidó su magia con los años y el sufrimiento. Tras sobrevivir milagrosamente a 17 infartos de miocardio murió a los 84 años «Se le ha hecho el corazón demasiado grande y ya no le cabía en el cuerpo», dijeron los médicos.

Nunca le cupo en el cuerpo, sobrevivió porque era mágico.


sábado, 11 de marzo de 2017

Mascletá teatrera


Ya en puertas de Las Fallas de Valencia, el domingo  fui a ver una de las primeras mascletás ( hay todos los días de marzo hasta el 19) con los actores de la obra "Cosas de Papá y Mamá", de Alfonso Paso, que andaban de gira y actuaban estos días en Valencia.

El vídeo de la mascletá de ese día. Los que no lo conozcáis no os perdáis el apoteósico terremoto final.



Esperando el comienzo . A la izquierda el actor José Bustos, al que podremos ver a partir de la semana que viene en la serie "Hermanas". Mi gran amigo Juan Meseguer  (La señora, Gran Reserva, Isabel, etc.)  nos recomienda no perdernos su nueva serie "La verdad" que se estrenará sobre septiembre en Telecinco (  cuando él dice que es buenísima es porque lo es), mi querida amiga Inma a la derecha.

Juan Meseguer en Isabel. Así algunos lo reconoceréis. Pedazo de actor...  de pintor y de persona!! Me siento orgullosa de él.
Nominado mejor actor de teatro , premios Ercilla 2016 y aquí recogiendo su premio al mejor actor de reparto por la serie de televisión "La señora". Le pedí una entrevista para este blog y no hay manera de que encuentre el tiempo, a ver si lo logro... 

De izquierda a derecha, Inma, la actriz y presentadora Loreto Valverde, a la que podremos ver la semana que viene en "Pasapalabras", Juan Meseguer y José Bustos, comiendo paella valenciana y arroz negro.

La gira de "Cosas de Papá y Mamá" está llegando a su fin, pero aún les quedan unos bolos. Por si os pilla por la zona, es una comedia muy divertida, si quieréis echaros unas risas os la recomiendo, los actores están genial y no es porque yo lo diga.

Reparto: María Luisa Merlo, Juan Meseguer, Loreto Valverde, José Bustos, Alberto Delgado. 


Fin de la gira. Próximas funciones confirmadas:  
San Fernando de Cádiz 18 de marzo. Barbastro, 28 de abril.  Estepona (fecha sin  confirmar).





sábado, 4 de marzo de 2017

Ciclogénesis explosiva (Sketch humor / Paridas)



Ludovica barre la acera delante de su casa en el pueblo. Maruja se acerca.

Maruja: Ludovica, preparémonos que  dicen que mañana llega la ciclogénesis explosiva.
Ludovica: (Pensativa)¿Forastera?
Maruja: Sí, hija, del Atlántico nos viene. La última vez  mi Eduardo y yo nos mojamos de arriba a abajo.
Ludovica:¿En serio?
Maruja:Empapaditos.
Ludovica: ¿ Y dónde la podemos ver?
Maruja: En casa calentitos, a través de  la ventana.


Llamando hacia dentro de la casa:

Ludovica: !Filiberto!!!!
Filiberto: (Saliendo)!Mande!
Ludovica: Maruja, dile quién viene mañana.
Maruja: La ciclogénesis explosiva.
Ludovica: Arreando a la farmacia.
Filiberto: ¿A la farmacia pa qué?

Ludovica: Porque  ver a una forastera explosiva no basta para empalmarte. 

                                                               
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