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martes, 27 de diciembre de 2016

Sigo en pausa pero adiós Austria.



Os visito ocasionalmente, os dejo de visitar. Desde hace bastantes meses apenas estoy.

El motivo es que estoy en un cambio vital. Estoy cambiando de piel, de pensamiento, eliminando conceptos que ya no me sirven. Es un proceso lento e importante. 

Me voy de Austria. Vuelvo a España. Ni siquiera sé cómo voy a llamar este blog ni si voy a seguir con él o a abrir otro que se adapte más a mi nueva situación.

Este es un país bellísimo. He conocido a gente estupenda. He hecho unas pocas amistades que supongo serán para toda la vida. Ha sido una experiencia transformadora para mí.

Los austriacos, salvo un par de excepciones como en todas partes, han sido siempre agradables conmigo. Me he sentido muy bien tratada. 


Muchos españoles y personas de todas partes del mundo son felices en Viena. Es una ciudad que siempre amaré. Pero yo no he sido feliz aquí por un montón de circunstancias personales.

Hay cosas que yo no soporto: no me importa el frío, hasta me gusta. Me gusta  sentir las estaciones del año. Pero no soporto el gris casi eterno sobre el cielo, y eso que en los últimos años el clima está cambiando. Me gusta la lluvia, pero no soporto abrir los ojos y ver la niebla sobre la ciudad un día tras otro. A las 16.30 se acabó la luz, es noche cerrada.  Y así de cerrada es la sociedad.

Todo aquí está reglamentado, desde la quedada con los amigos austriacos, de lo cual ya hablé en otro post, hasta la menor mierda.

No soporto ver películas de amor donde los amantes se hablan de usted mientras se dicen que se aman y solo al día siguiente se atreven a hablarse de "tú". No lo soporto porque es así como es la sociedad en Austria y Alemania, que es de donde vienen los doblajes. No soporto más ver a padres que dan la mano a sus hijos en lugar de darles un abrazo o un beso, o las dos cosas (en las generaciones más jóvenes esto, gracias a Dios, está cambiando). No soporto tener que hablar de usted a niños de 18 años porque son mayores de edad. No soporto la falta de comunicación general.  No soporto más la sociedad del "bienestar" ni aquí ni en ningún sitio, porque produce seres alienados.

Me fui de España porque no soportaba el ambiente político, ni la mala educación en la época del boom, ahora desconozco cómo es. Pero prefiero lo que conocí a lo que conozco aquí porque esta sociedad me resulta asfixiante.

Añoro oír  por el patio de luces el típico: "!Mari, saca la tortilla!" Os parecerá una estupidez. Yo soy amante del silencio pero cuando llevas siete años de silencio absoluto te suena más a muerte que a otra cosa.


Me voy al sol, me voy al mar, me voy al bullicio, aunque muchas veces me joda. Me voy a oír y hablar mi lengua. Me voy a un lugar donde me reconozca mejor que en este a sabiendas de que no hay nada perfecto y de que soy yo la que se tiene que sentir bien consigo misma. Solo que intuyo que en "casa" me será más fácil.

Dentro de unas semanas me vuelvo a casa, no sin antes dar las gracias a las gentes de este bello país por haberme acogido tan bien. Pero yo no pertenezco a aquí. No fue un error, no existen los errores solo las experiencias y esta ha sido una de las experiencias más importantes e iluminadoras de mi vida.


No me despido de Viena, solo le digo Dankeschön und Aufwiedersehen. Volveré, pero no con lágrimas sino con una sonrisa en la boca.