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jueves, 30 de junio de 2016

Voyeurismo online ( Pensamientos)



Manda huevos, cuando publico una entrada  que implica problemas personales se incrementan las visualizaciones en la página Facebook de mi blog justo el doble o más, porque obtiene misteriosamente más visualizaciones que seguidores tiene la página en sí, pasa desde el principio, pon que tienes un trauma y todo el mundo te leerá, como si ellos no tuvieran ninguno. Mis creaciones humorísticas o de otro estilo apenas importan a la mitad.
A muchos, al parecer, les interesa si me quemo en el infierno o si me salvo, como si fuera un reality show más.

 Pues chico o chica, si me estás leyendo y no te interesan mis paridas, mis relatos, mis crónicas, hazme un favor y vete, porque tú no me interesas, mírate Sálvame de Lux, anda que yo no soy nadie. Y me da igual si te conozco personalmente o no. No quiero decir que tengas que leer siempre que posteo, pero oye, si solo te quedas para verme sufrir mejor vete, so cotilla. Porque además no te voy a dar el placer de hundirme.

Esto no va por vosotros, los que estáis ahí conmigo en el blog, ni los que me seguís por Facebook o email y leeis cuándo os apetece, faltaría más ... Pero estoy hasta los ovarios de los que se nutren de la mierda de los demás en vez de ver la propia , que por cierto les sale por las orejas.

Hala, ya me he quedado a gusto. Y prometo que lo próximo será con buen humor, leches.


lunes, 27 de junio de 2016

Yéndome (Pensamientos)



Soy consciente  de que me he pasado la vida yéndome. Me he ido de los lugares en los que ya no me encontraba, me he ido de los trabajos en los que me sentí explotada o minusvalorada. Y ahora , una vez más , me iría. Pero esta vez la vida me dice NO. 

No hablo de huir, hablo de afrontar e  irse de lo que no te llena.

Entre la aceptación y la resignación hay una gran diferencia. La primera es necesaria en muchos casos, la segunda un suicidio en otros muchos. De hecho dudo que desde la resignación se pueda crear algo.

Aprender a "ser feliz" o contentarme con lo que en realidad me disgusta es para mí  como decirle a quien se equivocó de pareja , de trabajo o de lo que sea que tiene que aprender a amar lo que no ama o tragar con lo que haya. 


No me gusta mi vida aquí y ahora y no sé si esto cambiará o si seré capaz de cambiarlo yo.  Es posible que me equivocara o quizá no y simplemente sea el destino. No tiene nada que ver con mi capacidad de adaptación, que me consta es grande, sino con las barbaridades a nivel humano  y de otro tipo que me han pasado en estos" los peores años de mi vida". 

Como no tengo opciones voy a trabajar para labrarme un pequeño jardín donde respirar. No es que no lo haya intentando, es que los pocos jardines que me he labrado en esta dura etapa, incluidas algunas amistades,  no han tardado en llenarse de lodo. 

Siempre me fui y me iría de nuevo. Pero  esta vez es diferente  ya no hay adonde ir... Apenas me queda irme con la mente. 

Yo nunca me rindo y tampoco me voy a rendir esta vez, pero ahora sí sé que si no pasa un milagro, la única opción que tengo es quedarme y aceptar primero... y si no quiero romperme  del todo quizá también resignarme, aunque mi rebeldía tiembla ante el mero sonido de esta palabra.

Pero como la vida está llena de contradicciones quizá la resignación en lugar del suicidio que me parece me descubra algo que desconozco... No sé, en estas me hallo. Bastante perdida desde hace demasiado.

Hay días en que saco fuerzas, pero he sacado tantas y tantas veces... Sin embargo  no me queda otra que seguir buscando y trabajando para reencontrarme a mí misma. Sé la dirección a seguir, solo que me parece una montaña altísima en estos momentos de mi vida y estoy agotada, emocionalmente agotada. Aun así, estoy dispuesta y preparada.
Y en medio de todo esto, quiero escribir y mi español cada vez se aleja más de mí...




domingo, 19 de junio de 2016

De algún culo saldrá sangre y Pausa.




Hago pausa de una semana apróximadamente porque mañana vienen mi madre y la tía Elisa. No sé si podré pasar a veros. Como no tengo tiempo reposteo este relato de humor basado en una expresión típica argentina. Los diálogos están escritos en argentino, si bien me he tomado ciertas licencias por temas de rima.
Si no os veo que tengáis buena semana y hasta pronto.

La mamá de Jorgito estaba segura de que los problemas  de la vida se resolvían de una manera u otra se buscara o no la solución activamente. No quiere decir esto que nunca hiciera nada para solucionar sus problemas, pero si el problema era morrocotudo, ella echaba mano de su frase favorita —un dicho típico en su país, Argentina— y seguía adelante con su vida sin preocuparse por la solución: “de algún culo saldrá sangre”, repetía.
     Jorgito creció escuchando esta frase a diario desde que nació. Hasta que un buen día, durante su tercer año de vida,  el niñito entendió de repente el significado total de la frase; abrió los ojos como bordes de cántaros, apretó el culo fuertemente, y así se quedó para los restos.  
     La madre al principio no se percató de lo ocurrido, sólo notó que el niño ponía el cuerpo raro y andaba con los ojos como un búho todo el día. Primero pensó que eran cosas de niño:
     —Jorgito, basta lindo, dejá ya de hacer el tonto y caminá bien. Y dejá de poner esos ojos de espanto, a ver si Dios te castiga y te quedás así hasta el fin de los tiempos. —Pero el niño hacía caso omiso.
    —Lucila, ¿Qué le pasó al niño? ¿Recién vio una película de miedo? —preguntó un día  Graciela María, la vecina de enfrente, que era ya casi como de la familia.
     —No, que yo sepa, pero vos ya sabés cómo son estas criaturas. Ya se cansará, ya. —Pero  el niño no se cansaba.
     Aquella noche, como todas las noches,  Lucila entró en la habitación de Jorgito mientras éste dormía, a apagar la lamparita de noche: « ¡¡¡Ahhhhh!!!», gritó horrorizada. Jorgito dormía con los ojos abiertos y espantados, como si se hallara a las puertas del infierno. Fue entonces cuando se dio cuenta de que tenía que hacer algo inmediatamente.
     El chiquillo se levantó a la mañana siguiente, y a la otra, con el culo comprimido y los ojos clavaditos a los del jovencito Frankenstein:
    
    —Mamá, me duele la panza  —comenzó a quejarse el niñito
    — ¡Querés dejar de mirarme así, que me das miedo! —le riñó  la madre—.  ¡Y cómo no querés que te duela! ¡¿No ves que si no soltás el culo no podés hacer caquita?! —gritó enfadada—. Se acabó, hay que ir al médico de inmediato.
     Al día siguiente acudieron Lucila y su hijo a la consulta del doctor Balbiani, su médico de cabecera:
      —Buenos días, Jorgito. ¿Qué te pasa? ¿Viste una película de miedo? —bromeó el doctor.
     —Ese es el problema doctor Balbiani. Lleva cuatro días con los ojos como si hubiera visto a Drácula y no hay manera de hacérselos cerrar. Ayer entré a verle mientras dormía, y me llevé un susto de muerte. No los cierra ni dormido.
     —A ver Jorgito, sentate aquí. —dijo el doctor. Y sacó una lamparita para examinarle los ojos—. Pues no veo nada raro. ¿Y usted dice que duerme así?
      —Exactamente.
     —Preocupante, muy preocupante —respondió el doctor—. A ver Jorgito, hijo, relajá los ojos —le ordenó el doctor pellizcándole los párpados—. Pues nada, ni los mueve. Esto si que es curioso. No sé que decir, Lucila. No se me ocurre la solución, la verdad. —añadió preocupado—. Me temo que esto va a ser cosa del psicólogo
     —Bueno, de algún culo saldrá sangre —se resignó Lucila—. Pero es que el problema no acaba ahí. Es que además le ha dado por andar todo el día con el culo apretado como pedo de visita, y se queja de dolor de estómago porque lleva días sin hacer caquita, y claro, ya me dirá usted cómo va a hacer caquita con el ano sellado como una lápida. Lo he retado pero no hay manera de que me haga caso.
     —A ver Jorgito, parate, que yo te vea —demandó el doctor Balbiani—. Relajá el culo Jorgito, que eso es malo para la salud. —Pero Jorgito seguía con el culo atrancado como las puertas del metro en hora punta—. Es que encima es tan chiquito que cualquiera lo hace entrar en razón.
     —Bueno, de algún culo saldrá sangre —respondió la madre negándose a perder la
esperanza de encontrar una solución—. Pero a ver, mientras encontramos la solución para que se relaje, ¿cómo hago  yo para que el niño pueda ir a baño?
    —Hombre, pues, se me ocurre que para hacerle relajar el trasero habría que conseguir ponerle en posición de fetal. ¿Es que cuando se sienta tampoco relaja el culo?
      —Mírelo doctor, ¿no ve que tiene la pelvis tirada hacia delante?
     —Pues sí que es verdad —contestó el doctor extrañado—. Pero si andar así todo el día tiene que ser de lo más incómodo. No me lo explico. Es la primera vez que veo un caso así. No sé cómo podemos solucionar esto, la verdad.
     —Bueno; de algún culo saldrá sangre —contestó la madre—, pero mientras tanto, ¿cómo consigo que evacue doctor? Si sigue así me revienta como  petardo en fiestas.
     El doctor se quedó pensativo un rato:
     —¿Tiene usted un arnés?
     —¿Cómo? ¿Y para qué voy a tener yo un arnés?—preguntó la madre asombrada.
     —Pues tiene que comprar usted un arnés y una vara. Le explico: cuelgue usted el arnés con un gancho del techo del baño, justo a la altura de la taza, y la vara enfrente, ligeramente más alta que el arnés. Meta a Jorgito dentro del arnés, cuélguele las piernas de la vara como si fuera un trapecista y así tendrá que relajar el culo por cojones, con perdón —se disculpó el médico un tanto avergonzado —. Ahora, le digo una cosa Lucila, esto es cosa de psicólogo. Lleve al niño al  psicólogo sin más dilaciones.
     —Haré todo lo que me dice doctor. Este niño no se me queda así. Andá Jorgito, vamos a comprar un arnés y verás que pronto se te va el dolor de tripa —En cuanto vea que hace caca ya verá usted como se le va la tontería esta de andar con el culo en un puño todo el jodido día  —dijo dándole un cachete a Jorgito—. Gracias por todo doctor.
     Lucila compró el arnés y la vara, y efectivamente, esa misma noche Jorgito evacuó de lo lindo. Sin embargo, en contra de sus expectativas, no dejó de apretar el culo el resto del tiempo.
     —Al psicólogo, no hay otra. Si no te da la gana soltar el culo tendremos que ir al psicólogo. ¡Mirá que hacerme gastar un dineral porque te dé a vos la gana, pelotudo! ¡La concha de la lora! —le riñó la madre mientras Jorgito la observaba con la mirada desorbitada de un lunático que ha aterrizado en Marte.

     Tras escuchar atentamente y con estupefacción las explicaciones de Lucila, su desesperada visita al médico de cabecera, y las recomendaciones del doctor, la doctora Cuesta se dirigió a Jorgito:
     — ¿Pero vos no te das cuenta de que apretando el culete no vas a conseguir lo que querés? ¿Qué es exactamente lo que querés? Decímelo —El niño la miraba pasmado sin decir una palabra.
     —No le va a sacar nada, doctora. Ya llevo yo días intentándolo.
     —Creo que está traumatizado, el niño. ¿Le pasó algo?
     —No, que yo sepa. Y no me separo apenas de él, porque ni siquiera va al colegio todavía.
    —Pobre criatura. Entonces debe de ser un trauma durante la gestación, o quizá de otra vida. Y esa mirada ofuscada me da que no es como de este mundo. Si no es algo traumático ni físico está claro que el problema viene de más atrás. Desgraciadamente a esa fase los psicólogos no podemos llegar, lo siento, pero me temo que no puedo hacer nada. Tendría usted que buscar un regresionista.
     —¿Me está usted diciendo que este niño está reencarnado y que este problema ya lo tenía antes? ¿Y quién era? ¿El jovencito Frankenstein? ¿El asesino de “Psicosis”?—profirió la madre obviamente enfadada.
     — Lo mismo. Llévese usted al niño que me da malas vibraciones. Sólo mirarlo es para cagarse de miedo —contestó la doctora Cuesta con ese  poso típico de terapeuta argentina.
     —Andate  con cuidado boluda, que te denuncio al colegio de psicólogos. ¡Pero que mal educada la piba!  Vámonos niño, que de algún culo saldrá sangre —dicho lo cual, cogió  a Jorgito del cogote y salieron de la consulta dando un fuerte portazo.
      Lucila y Jorgito se recorrieron medio Buenos Aires de consulta en consulta sin que ningún especialista diera con la solución a su problema. Un día sonó el timbre de  la puerta y apareció Graciela María, la vecina de enfrente, que siempre estaba ahí para ayudarles en lo que fuera.
     —Lucila, vos y yo tenemos que hablar seriamente —anunció pasando directamente al salón.
     —¿Qué ocurre Graciela? —preguntó Lucila tomando asiento a su lado en el sofá.
     —Lucila... ¡Tu hijo es un sabio! —exclamó mirándola admirada.
     — Vos me estás tomando el pelo, ¿no? —inquirió Lucila frunciendo el ceño.
     — Mirá esto —Graciela metió las manos en su bolso y sacó un libro de tapas grises con un gran título en colores llamativos. “HOW TO GOOD-BYE DEPRESSION”, o cómo decir adiós a la depresión, si el libro hubiera estado traducido al español.
     —¿Pero esto qué es? — preguntó Lucila entre perpleja y molesta.            
   —¿Qué esto qué es? —continuó la vecina — ¡El libro del momento, Lucila! ¡El libro del momento! ¡Y este libro afirma que la depresión se cura apretando el culo, Lucila! ¡Mirá! —añadió, ante la mirada incrédula de su amiga. Acto seguido abrió la primera página del libro  y señaló una frase en mayúsculas: “CONTRA LA DEPRESIÓN APRETAR EL CULO 100 VECES” —: ¡Tu hijo es un gurú, Lucila! —Lucila tenía ahora los ojos más espantados que los de Jorgito—. Este libro dice que apretar el culo viene muy de dentro, de lo más profundo del ser humano —parloteaba entusiasmada Graciela gesticulando intensamente con las manos—. Y mirá, ya lo dice el refrán —añadió—:«A mal dar, apretar el culo contra el sitial».
     —«Tirado el pedo, buena gana es apretar el culo» —respondió Lucila con socarronería—. El problema es que para que mi hijo se tire pedos tengo que colgarlo de un arnés. Por lo demás, el boludo cumple  a rajatabla con el refrán.     
     —«Hay que joderse y apretar el culo para no peerse», dice otro. Los refranes son la sabiduría  popular, Lucila y tú hijo la tiene innata, amiga —sentenció Graciela orgullosa.
     —¡« Con el culo se aprieta y con lo que cuelga se tapa la grieta»! —gritó Lucila ahora entusiasmada—. La que enganche a mi hijo va a ser la más feliz del mundo, jajajaja —reían las dos mujeres—. Por dios, bajemos la voz no sea que se despierte el chico. Mirá que después de tanto médico y psicólogo averiguar que mi hijo es un sabio...
     —Más vale tarde que nunca, Lucila, más vale tarde que nunca —contestó Graciela.
     —Pero ¿Y la mirada, Graciela? ¿Cómo le quito esa mirada de criminal desaforado? Ni yo me puedo acostumbrar. Hay veces que me acojona de verdad, y eso que es mi hijo.
     —Es lo que tiene ser un gurú. Tienen que andar con los ojos muy abiertos, Lucila ¿No ves que no se les puede escapar nada? —la tranquilizó Graciela.
     Si bien Lucila nunca llegó a creerse que su hijo fuera un verdadero gurú, tal como Graciela predicaba por el barrio, tras leerse “How To Good-Bye Depresssion” se quedó tranquila y empezó a ver la situación con otros ojos.
     Como era mujer muy imaginativa, acabó encontrando una solución para el problema de la mirada de Jorgito: un día, mientras arreglaba unos papeles en el despacho, colocó a Jorgito delante del espejo, le agarró el pliegue lateral del párpado superior, lo juntó con el del inferior y los pinzó con un clip de presión dejando la mirada del niño como la de un chino miope.
       —Parezco un chino, mamá —le dijo Jorgito.
     —Mejor  chino que criminal. Te los voy a comprar de colores; los negros te hacen muy serio; parecés un gótico de esos —resolvió Lucila.
     Los clips de colores causaron furor. Al poco tiempo, el barrio parecía una colonia de chinos miopes, tal fue la cantidad de niños y jóvenes que imitaron a Jorgito.
      —Te lo dije, Lucila —se enorgullecía Graciela—.Tu hijo es un gurú.
     —Pues  vas a tener razón, Graciela. La verdad es que tiene planta de líder —presumía la madre mirando el culete apretado de su hijo.
       Los años pasaron viendo a  Jorgito defecar colgado de un arnés cada vez más grande, y pasearse con sus pinzas de colores y andares de chulo del lejano oeste por toda la ciudad.
Lucila y Graciela se habían convencido a sí mismas y al chico, de que era un sabio, un elegido, un ser venido al mundo para liderar a las  masas; y entre los tres estaban dispuestos a hacer lo que fuera para que el mundo diera la bienvenida al nuevo gurú, que naturalmente, ante tales expectativas, había acabado convertido en un joven chulesco, creído y maleducado

     Lo primero que aparecía en la grabación era el título: “COMO SER FELIZ APRETANDO EL CULO”. A continuación, la cámara enfocaba a un Jorgito ya
adolescente durmiendo en su cama con los ojos como la niña del exorcista. Inmediatamente después, aparecía Lucila por detrás con un cartel que decía:
“DUERME CON LOS OJOS ABIERTOS
Y VIVIRÁS UNA VIDA DE ACIERTOS”.
     La siguiente secuencia mostraba a un Jorgito de mirada homicida pinzándose los ojos con los clips de colores ante el espejo del baño. Una piba espectacular, también con los párpados sacrificados, aparecía de repente tras Jorgito en el espejo y  le daba un bocado en la yugular. Fundido en blanco.  Lucila aparece con otro cartel:
 “LA PROPIA MODA HABRÁS DE CREAR,
SI A LAS CHICAS GUAPAS QUERÉS LEVANTAR”
     La cámara, llevada por Graciela, pasaba después a grabar a Jorgito y su aparatosa novia paseando por la calle, él con sus andares de pistolero. Barrido. La imagen se centra directamente en el culo apretujado de Jorgito. Fundido y cartel:
“APRIETA EL CULO Y SERÁS EL REY,          
UN TÍO TAN CHULO COMO JOHN WAYNE”.
     Como Graciela se quejaba de no salir en la película, Lucila la dejó sacar el cartel consecutivo:
”CON EL CULO BIEN APRETADO,
CUALQUIER PROBLEMA ESTÁ SOLUCIONADO”.
     Costó convencer a Jorgito de que saliera  haciendo mayores colgado de un arnés y una vara, pero finalmente, convencido de su superioridad sobre el resto de los mortales, cedió. Así pues, el siguiente plano mostraba a  Jorgito cagando, colgado del arnés, y sin necesidad de banda sonora. Detrás aparecía Lucila con el final del poema:
 “A LA HORA DE CAGAR,
EL CULO HABRÁS DE AFLOJAR.
LAS PIERNAS EN UNA ARISTA
COLGADO, CUAL TRAPECISTA
EMBUTIDO EN UN ARNÉS,
Y A DESCARGAR COMO UN MARQUÉS

     El video se convirtió rápidamente en número uno en youtube. Jorgito, transformado en ídolo de adolescentes, recorrió todos los platós de televisión del país contando su historia. Lucila y Graciela María, en su nuevo papel de  representantes, recitaban orgullosas el famoso poema por los múltiples programas de radio y televisión a lo largo y ancho del país. El grupo pop de moda pidió permiso para utilizar el poema como letra para su próxima canción que se convirtió en el Hit del año. En definitiva: se montaron en el dólar.
  Un día recibieron una llamada de España: «el chico tiene que venir pa España inmediatamente. Tiene planta de torero», les dijo el apoderado de Francisco Rivera Ordóñez, al otro lado del teléfono. En realidad, Jorgito era un cagao, pero su chulería no le permitiría admitirlo. Después de calibrar los pros y los contras la ambición le pudo al miedo  y Jorgito se embarcó para España.
     El día que tomó la alternativa no cabía ni un alfiler en la plaza, abarrotada como estaba de “chinos” miopes con pincetas de colores gritando a su ídolo. Allí se plantó Jorgito, con ojos de psicópata en crisis recién escapado del sanatorio —había decidido prescindir de las pinzas para poder ver bien al toro—; acojonao como la abuela de caperucita en la tripa del lobo; con el culo apretao como dientes de mono rabioso. Allí se plantó,  solo, en medio de la plaza. Gradualmente se hizo el silencio; se podía cortar el aire. De repente, salió el toro escopetado a la arena. Paró. Jorgito y el toro se miraron en silencio, midiéndose. Una ristra de petardos resonó súbitamente en la plaza ennegreciendo el pantalón amarillo pálido del torero. Por  primera vez en su vida Jorgito se había cagao por las patas abajo.
     En Buenos Aires, frente al televisor, Lucila y Graciela dieron un grito de horror:
     — ¡Ay Lucila! ¡Qué horror! ¿Qué va a ser de él ahora? —gritaba Graciela espantada. Hubo un momento de silencio. Lucila, movía la cabeza confusa, como si no se creyera lo que estaba sucediendo; entonces se volvió hacia Graciela y dijo:    
     — Y tener que esperar dieciocho años a que venga un toro para poder cagar sin arnés...  ¡qué huevos tiene el boludo!. Si ya lo digo  yo siempre: “de algún culo saldrá sangre”, pues mira, ya salió.

©2012



lunes, 13 de junio de 2016

La pregunta adecuada (Paridas)



Interior noche. Hombre solo, sentado en la mesa de un pub.  Una desconocida sofisticada y sexy se acerca.

—Hola, ¿me puedo sentar?
—Claro, cómo no.

La chica permanece en pie.

—¿Pero no has dicho que querías sentarte?
—No. Solo lo he preguntado. Hay una diferencia.
—Ah… bueno, ¿y te vas a sentar?
—El futuro no importa. Yo vivo  el presente.

Pausa. Se miran fijamente.

—Oye, si no te piensas sentar , ¿Podrías explicarme  por qué lo has preguntado?
—Claro. Porque en las respuestas se hallan las posibilidades.
—¿Qué posibilidades?
—Las de elección. Obvio. Si no pregunto no tengo elección. ¿Entiendes? En cambio ahora puedo elegir sentarme o quedarme en pie. Soy libre.
—Oye, ¿tú estás bien?
—Perfectamente.
—¿Y te vas a decidir pronto?
—Esa pregunta es estresante, no dejo que nadie perturbe mi paz interior.
—Lárgate ya, haz el favor.
—Estás perdiendo tu paz interior. Ves, el que no está bien eres tú y yo sé por qué.
—Será posible... Yo también lo sé. ¡Porque me estás poniendo nervioso!
—Efectivamente… ¿Y sabes por qué?
—¡¿Por queeeé???!
—Porque no haces las preguntas adecuadas.
—Anda, y ¿cuáles son las preguntas adecuadas?
—Ya te lo he dicho, las que te ofrecen posibilidad de elección. Ahora no estás eligiendo.
—¿Y que se supone que tengo que preguntarte para que te largues de una puta vez?
—Lo que yo vaya a hacer o no no está en tus manos, por lo tanto la pregunta adecuada es: ¿Oye, te vas o te quedas?
—¿Oye te vas o te quedas?
—Ya te lo he dicho, vivo el presente, jamás me planteo que haré al minuto siguiente.
—Entonces ¿dónde coño están mis posibilidades de elección?
—En que si no me voy yo  te vas tú, la vida es muy simple pero la gente como tú os la complicáis demasiado.
—¡Hostia, qué tía más loca!
—El que está desvariando eres tú. Desde que te he conocido no has dado ni una. Estás desequilibrado, no sabes hacer las elecciones correctas, no eres libre ni sabes vivir el presente. Y además pierdes los nervios con cualquier influencia externa inesperada.
—Mira, tía, déjame en paz.
Se levanta para irse. Ella le tiende una tarjeta.
—Por cierto, toma. Soy psicoanalista. Llámame, necesitas aprender a gestionar tus emociones, a hacer las preguntas adecuadas a …

El hombre se va cabreado. La chica se acerca a la siguiente mesa donde hay un hombre solo.

—Hola ¿Me puedo sentar?..

©2016

sábado, 11 de junio de 2016

La necesidad de ocultar las emociones (Vivir en Austria)



En ocasiones, el aislamiento, el clima y la dureza de todo lo que he vivido y estoy viviendo en estos años me arrancan alguna lágrima por la calle, en el supermercado o donde me pille. Simplemente cuando sube no lo puedo parar. Las seco, bajo la cabeza, intento ocultarme, pasar desapercibida. Pero de vez en cuando algún desconocido detecta unos ojos llorosos, o simplemente ve la lágrima antes de que pueda ocultarla. Cuando esto ocurre puedo ver su cara de desconcierto , como si jamás hubieran presenciado algo semejante.

Los austriacos lloran, como todo ser humano, pero la gran mayoría jamás se lo permiten ni entre amigos.

He visto a una amiga ser abandonada por su amor de toda la vida,  su alma destrozada ante mis ojos pero jamás se permitió derramar una lágrima. He visto a otra amiga perder en un accidente de moto al hombre con el que quería casarse y pasó lo mismo.

El austriaco en general ha sido educado para ocultar sus emociones.

Cuando aún vivía en España, durante mis vacaciones en Viena, pasó algo que me hizo llorar delante de una pareja “mis mejores amigos” de muchos años. Tiempo después me enteré de que decían de mí que yo era una desequilibrada y que debía ir al psicólogo porque “lloraba”.

A pesar de todo, me cae bien el austriaco en general, me tratan bien y la gente suele ser afable y simpática conmigo. Y hasta percibo que algunos en lugar de criticar este "defecto" lo admiran sorprendidos.

Me costó muchísimo acostumbrarme a llamar a la gente de usted. No importa la edad que uno tenga, en determinadas circunstancias ( es decir, a uno ser que estés tomando copas con ellos o algo similar) uno debe tratar de usted a cualquier persona mayor de edad aunque tenga dieciocho años. Me incomoda inmensamente tener que hablar de usted a niños recién salidos del Instituto . En la consulta del médico la gente es llamada según su nivel de estudios: “ Magister (licenciado), Doktor o Doktor Doktor” Es todo terroríficamente formal. Y aunque la sociedad en general es bastante más abierta que la alemana, en el fondo ambas sociedades sufren de incapacidad para comunicar sentimientos.

La sensación general para mí, entre el clima, la falta del aire del mar, y esta prohibición implícita de manifestar las emociones es, en ocasiones,  de gran asfixia. 

La mayoría de las veces me siento como un pez fuera del agua.



miércoles, 8 de junio de 2016

La extraña familia (Anécdotas)



Un verano de los años 70, mi hermano y yo jugábamos a indios y vaqueros en la terraza del apartamento de la playa cuando oímos la voz de nuestro abuelo:

—¡Niños, mirad a quién traigo!!!!!  
Esta es Patrocinio. !Patro, saluda a mis nietos!
—¡Hola Patro!!! !Holaaaa!!!!!

    En mitad de la calle, al lado de mi sonriente abuelo y  sujetada por una cuerda estaba Patro: una cabra blanca.  Entusiasmada corrí al salón.

—¡Papá, mamá, venid, el abuelito está en la calle con una cabra!!!!!

   Sin perder un segundo, mis padres y abuela salieron corriendo  a la terraza.

—Padre, ¿Qué hace usted con esa cabra?
—Es  Patrocinio, el nuevo miembro de la familia.
—!!!¿De dónde la ha sacado? !!!
—Se la  he comprado a un hombre.  !Patro, saluda a tu nueva familia!
—!Me cago en... ! !Ya  está devolviéndo la cabra donde la compró! —gritaba mi  padre.

—!!!! Ni hablar. La cabra sube conmigo a casa!!! 

    Resuelto a subir con la cabra los tres pisos sin ascensor, mi abuelo enfiló hacia la entrada.

—!Quieto ahí! !!!Ni se le ocurra subir la cabra a casa!!! 
—Vamos, Patro, vamos...
—¡Sí, abuelito,que suba la cabra, que suba la cabra!

    Mi padre salíó escopetado escaleras abajo. El vecino del cuarto, que al igual que el resto de vecinos observaba la escena desde su terraza, bajó a ayudarle. No oí lo que decían solo sé que discutían. Finalmente , el buen hombre ofreció una caseta que tenía detrás del apartamento para que durmiera la cabra  y al día siguiente  mi hermano y yo, entristecidos,vimos alejarse a mi abuelo y a Patro  desde la terraza.

     No era la primera vez. En los años cincuenta, siendo mi padre un niño, apareció un buen día  con una monita en casa, que había comprado a un hombre al que se había encontrado en la calle ( como al de la cabra) y esta vez sí se la quedaron. Se llamaba Chita, iba vestida de marinero. Reconocía a la mala y la buena gente, de tal modo que cuando las cotillas del pueblo entraban en casa se lanzaba desde su columpio  y las mordía. «Me libré de todas», decía riendo.

    Muchos años antes, poco después de la guerra,  había aparecido en casa con un  cerdito. Mi abuela lo bañaba cada día y se lo llevaba a la compra. Hasta que el cerdito se convirtió en un cerdo con todas las de la ley y  mi abuelo, muy a su pesar, tuvo que ceder y sacarlo de la casa.


    Murió en 2001 y lo echo de menos todos los días. Fue un niño grande hasta el final.
         
 Con mis abuelos, mis hermanos, cuñada y nuestra perrita Betty en el apartamento en cuestión. Verano de 1998.





sábado, 4 de junio de 2016

La reunión ( Paridas)



Reunión improvisada en el Palacio de la Moncloa, organizada vía whatsapp con la promesa de tapitas, cervecita, vino, y cazalla para la Bebelá que si no se negaba a asistir. Todos los políticos que se hallan por la zona, españoles o extranjeros están invitados.

Se presentan: Rita Bebelá, Alpedo Rubia-al-cava, Dolores Depedal, Jajoy, el rey Cagal-lo, Micolá-s Tadura  y el pajarito Pávez, Ami-la Botella y Peto Sántez.

Pajarito Pávez: Briiiiii, briiiiii, tiquitiquitiiiiiiii, grrrrrr, driiiiiiiii, driiiiiiiiiiiiii....

Rita Bebelá: ♪♪ Ringui rianga, ringui rianga...♪♪

Micolá-s Tadura: !Jajoy,  mi presidente pide alpiste!

Jajoy: Zzzzzzz, shhhhhhhh.

Micolá-s Tadura: ¿Pero cómo...? !¿ Duerme, coño?!

Alpedo Rubia-al-cava: Se le ha enganchao el frenillo.

Pajarito Pávez: Briiiii, briiii, piupiupiupiuuuuuuuuu, briiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

Micolá-s Tadura: !Alpiste, coño!

Amí-la Botella: Calma, Tadura. A relaxing cup of café con leche?

Pajarito Pávez: rrriiiiiiiiiiiiiii, riiiiiiiiiiiiiiiiiiii, brrrriiiiiiiiiii, pruprupruuuuuuu.

Rita Bebelá: Ese pájaro necesita una bona cazalla. ♪♪ Ringui rianga, ringui rianga...♪♪

Peto Sántez: Bebelá, deja de cantar, entre el pájaro y tú , peto.

Rita Bebelá: Pues peta, Peto, peta. Mira, mira ( le enseña su smartphone) ♪♪El caloret, el caloret... ringui rianga...♪♪

Pajarito Pávez: Briiiiiii, riqriqriqqqqqqqqqqq  briiiiiiiiii, briiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

Micolá-s Tadura: !Alpiste, hostia!

Rey Cagal-lo: !!!¿POR QUÉ NO TE CALLAAAASSS?!!

Amí-la Botella: A relaxing cup of café con leche???

Rita Bebelá: ♪♪ El caloret, el caloret...♪♪

Jajoy: Alpissshhhhhhhh.... te

Alpedo Rubia-al-cava: se la ha vuelto a enganchar  el frenillo.

Pajarito Pávez: Riiiiiiiiiiiiii, briiiiiiiiiiiii, pipipipiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

Rey Cagal-lo: !¿Que por qué no te callas, hostiaaa?!

Dolores Depedal: pide alpiste, majestad.

Rey Cagal-lo: !Jajoy, haz algo, coño!

Jajoy: Shhhhhh... Alpishhhhhhh

Rita Bebelá: son las cinco, por el culo te la hinco.

Dolores Depedal: buena idea, a ver si se desatranca.

Pajarito Pávez: Briiiiiiiiiiiii, briiiiiiiiiiiiiiiiiii, pipipipi , riiiiiiiiiiiiiiiii, riiiiiiiiiiiiiiii.



Rita Babelá: Mira, mira ♪♪ El caloret, el caloret ♪♪



                                    BIS (De todo)
                                    BIS
                                    BIS...