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viernes, 29 de enero de 2016

Ayuda social a parados de larga duración en Austria ( Vivir en Austria)

   



   Cuando a una persona se le acaba el paro puede seguir percibiendo ayuda del Estado. Se llama Notstandhilfe.

   La cantidad percibida se computa teniendo en cuenta lo aportado a la Seguridad Social en el último trabajo, los ingresos del cónyuge o compañero/a, si se tiene familia, etc.
  
   Un parado soltero y sin descendencia suele percibir de media 882,78 € mensuales.  La ayuda se concede por 52 semanas prorrogables sin límite de tiempo, mientras no cambien las leyes.

   Los parados  pueden realizar trabajos por no  más de 300€ al mes para complementar la aportación del Estado. Estos trabajos no computan para la pensión por jubilación.

   El mínimo de subsistencia en Austria está en 1029 € mensuales.

   Mi opinión al respecto:

   Cuando un Estado no puede garantizar a sus ciudadanos un puesto de trabajo, debería hacerse cargo de ellos ofreciéndoles un sueldo digno para poder subsistir.  Pero matizando.

  Este sistema tiene también su lado negativo: puesto que los sueldos ya no son tan altos como antes, hay personas que deciden no trabajar más : personalmente he oído a una persona decir: “¿Para qué voy a pasarme el día en una oficina si entre la ayuda y un trabajito por horas llego al mismo sueldo? “, y me consta que no es la única.

   Mantener este sistema social y con el paro aumentando a pasos agigantados se está volviendo misión imposible. Mientras tanto a  los pequeños empresarios nos comen a impuestos ( y a los empleados en menor medida también).  Yo estoy a favor de que se mantenga pero con un control:

     Con los sistemas informáticos que tenemos hoy día debería ser posible controlar dónde manda una persona su currículum, las entrestas a las que asiste y el por qué ha sido rechazada  o no   acepta un empleo. Un comentarista de este blog dice que esto sería carísimo y que tanto control no es bueno, esto último puede ser, pero depende de cómo se hiciera crearía nuevos puestos de trabajo. Quizá este no sea el método más adecuado , pero insisto, hay que acabar con la picaresca.

    Además de esto, creo que a partir de determinado tiempo parados deberían realizar trabajos sociales no retribuidos, tipo voluntariado, que no supongan una amenaza para ningún profesional, siempre dándole prioridad al tiempo usado en la búsqueda de empleo . Me refiero a unas horas al día y anteponiendo siempre la búsqueda de trabajo. Un comentarista de este blog dice que esto beneficiaría a los empresarios y que mataría puestos de trabajo. No lo creo, yo he hecho voluntariado en hospitales, por ejemplo, haciendo compañía a personas solas, hablando , dando ánimos, jugando con niños enfermos, lo que una enfermera no puede hacer. Me refiero a este tipo de cosas.

   Los parados realizando cursos de formación de lo que en España sería el INEM no son computados como parados, lo cual quiere decir que las cifra  es bastante mayor de lo que dice el gobierno.

   El dinero se acaba: cada vez ofrecen menos cursos de formación. Suben los precios, bajan los sueldos y la capacidad adquisitiva de la población baja. No se puede soportar que haya gente viviendo del morro mientras los demás pagamos unos impuestos asfixiantes. 

    Por otro lado cada vez son más las personas con más de cuarenta años que pierden su empleo. Y aquí , al igual que en España, a partir de los cuarenta y pico estás muerto. Conozco personas altamente cualificadas, en su día altos ejecutivos que llevan más de diez años en paro  y no van a encontrar trabajo nunca más, seguramente. Un drama incomprensible contra el que nadie hace nada.

     Dejo el enlace a la página del AMS con la información sobre cómo percibir esta ayuda a quien pueda interesar AQUÍ.

                                                                             



  

miércoles, 27 de enero de 2016

El coche que "chisporroteó"( Anécdotas)



     Esto es lo que pasa cuando a las personas no se les enseña a utilizar diccionarios bilingües como ocurre en países de habla inglesa en los que no se imparten o se impartían hace años lenguas extranjeras en el colegio.

     Ignorando yo este punto pedí  a X  que escribiera su primera redacción larga sobre el tema : "Un día en que todo te salió mal", con el fin de que usara los tiempos verbales del pasado que habíamos estudiado. Como era principiante y había aprendido todo en unos meses de cursos intensivos, le advertí   que escribiera una redacción sencilla, con frases cortas.  Esta es la virguería que escribió y que guardo como oro en paño:

   "Empiezo el día a la mesa comiendo cornflakes y leyendo el periódico. Estaba buscando para un trabajo. Mi hermana anduvo en desde un noche duro. La pude si se acordó poner gasolina en mi coche porque tenía un entrevista de trabajo. LLamar por teléfono, era mi madre y decir comprar algunos huevos para la pastilla de tus primos cumpleaños.

    Estaba tarde, así fui a mi coche pero no puedo empiezar. Tenía que lo ve doble loma la colina hasta finalmente empiezo. Me extendí detrás para mi cinta favorito y estuve rota desde la cita de mi hermana. Entonces mi coche chisporroteó hasta lo parao.

     El tanque de gasolina estuve vano no una gata. Así anduve subir la colina y loma otra vez llamar mi hermana.

   Dijiste había un galón de gasolina en el maletero y que mi cartera estaba en la guentera.  Así, mi colgé el teléfono y prise salir, me olvide decir mi hermana sobre los huevos para la pastilla.

   Cuando volví vi una policía andando hacia mi coche. Le dije todos estaba bien, que no tenía gasolina y que estaba quedando sin tiempo. Me dijo a huelga de celo había no raza. Le dije que estaba cansada a ir a una entrevista de trabajo. Me pregunto enseñar identificación válido. Así me extendí para mi cartera en la guentera pero estaba saturada.

    La policía me tomó a la comisaría de policía. Estaba un día mala buscar a trabajo.

    Luego mi hermana llamó la teléfono. La diji que mi día no había bien.

   Me dijo que estuve demasiado tarde comprar los huevos para la pastilla de cumpleaños."

      Lo de "A huelga de celo había no raza" me ha quitado más de una noche de sueño y solo  años después creo que sé cómo llegó a tal traducción. Pero tela...
   

sábado, 23 de enero de 2016

Desahucio ( Relatos Dramáticos)

     


     La mirada reposa desasosegada  sobre los nichos vacíos que albergaron sus retratos.   La casa entera está a punto de convertirse en un cementerio: la  vida enterrada en vida.
  
   «Tenemos que irnos ya», le dice Ana, la trabajadora social, abrazando sus huesudos , añosos hombros. Flanqueada por varios policías y otros señores trajeados abandona la casa, abandona la vida, con el olvido ya albergado en su corazón descorazonado.
  
     La soledad de la tumba no será mayor que esta, ese es su único consuelo.
  
    Ya no ve los muebles, ni siente el olor de los años descender de la techumbre, ni oye el ruido de la lluvia condensar  lluvias pasadas, solo siente, entre el abrumo de las lágrimas, el tacto familiar de la puerta  al cruzarla por última vez.  Y se aferra brevemente, con la esperanza de protección que siempre le ofreció. Y se abraza a ella, por todas las veces que la rescató y la amparó.
   
    Pero esta vez es diferente, y  sabe,  mientras aquellos hombres fuertes  la arrancan de raíz, como la mala cizaña,  que  jamás volverá a sentirse protegida, salvo en los brazos tranquilos de la muerte.
  
                                                         

martes, 19 de enero de 2016

Cómo comprar huevos en Viena según la tía Elisa (Crónicas Vienesas)


      Si en el verano de 2015 la tía Elisa nos soprendía con sus ideas sobre dónde tirar el papel higiénico en Viena ( Aquí) , en el verano de 2014 me enseñó cómo hacerse entender en un país extranjero a la hora de comprar huevos.

    Andábamos las dos trajinando en la cocina cuando me di cuenta de que se me había olvidado comprar huevos. Como no podía dejar lo que tenía entre manos a medias, pedí a la tía Elisa que bajara al supermercado de la esquina.

   —Pero hija mía, ¿Cómo voy a bajar yo si  ni hablo alemán ni inglés ni nada?
   —Es un supermercado, tía. Los buscas, los coges , los pagas en la caja y listo.
    —¿Y no me perderé?
   —Por dios, si está a la vuelta de la esquina...

   Aun así, como es una miedica le hago un croquis y le digo que si se ve apurada me llame al móvil y bajo por ella.

   Llega al súper sin problemas, busca y rebusca con tan mala suerte que no los encuentra.

    Ve una empleada reponiendo productos, le da unos toquecitos con el dedo  en la espalda , la mujer, sorprendida (aquí en Viena no se tocan ni los miembros de una familia) se da la vuelta y se la queda mirando. Tía Elisa, señalándose el pecho con el dedo índice exclama  vocalizando cada sílaba: !YO, ES-PA-ÑO-LA!

    La chica no reacciona. 
    
    "HUE-VOOOSSS", prosigue tía Elisa.

  Nada, la chica no se entera. Dibujando un cartón en el aire y señalando la posición de cada uno de ellos, mi tía empieza a contar:  

   UNO, DOS, TRES, CUATRO , CINCO, SEIS , SIETE, OCHO, NUEVE, DIEZ, ONCE Y DOCE.

    Pero la muchacha al parecer sigue sin entender. Entonces, ahuecando las manos  las baja a la altura de los susodichos masculinos y exclama:  !HUEVOS!

   Nada , que no hay manera. La empleada la mira como si estuviera loca, me cuenta  después. 

   Por fin, la tía  ahueca  las axilas y batiendo los codos cual alas profiere: 

  ! QUIQUIRIQUIQUIIIIIIIIIIIII!!

  Oye, mano de santo. Se vino a casa con los huevos , una gran sonrisa en la boca y orgullosísima de haber descubierto cómo comprar huevos en Viena.


MAS CRÓNICAS DE LA TÍA ELISA AQUÍ



    

martes, 12 de enero de 2016

Respuesta de pañuelo herido a oda "Oh, moco" (Paridas)


No puedes ni debes leer al pañuelo si antes no has leído "Oh, moco" , si lo haces nos cabrearemos los tres. Picha pues AQUÍ  (los suscriptores leed Newsletter de abajo arriba)


Indignado acudo
pues a mi oído ha llegado
que el moco infame ha obtenido
homenaje inmerecido.
Y que yo he sido vejado,
injuriado y maltratado.
Y esto  no lo consiento.
Ninguneado me siento,
!y si me callo reviento!

Que no es plato de buen gusto
de vulgar ser tildado,
por Nada tomado,
de humilla-moco tachado.
Rediez , pardiez y recontradiez,
que mi orgullo no aguanta
tanta gilipollez.

Desagradecidos sois, vive Dios,
Y vive Dios que no os aguanto
y que de vuestras napias reniego
Y que  vuestros  mocos ya no refriego
Y que vuestras expectoraciones
 no  me tocan  más los cojones.

Que soy yo
no el puto moco
quien en desguaces perece,
y  entre residuos desfallece.
Que soy yo
no el puto moco
quien por sucios suelos rueda
y en cañerías se enreda.
Que santo soy
que  moco guarda y resguarda;
que santo soy, vive Dios,
que da cobijo a microbios
y a marañas de  alimañas
que regurgitan vuestras entrañas.

Y harto estoy de los oprobios,
redios,
Y en adelante os condeno
a prescindir de  mi seno
cuando la napia os sacuda
y  vuestra inmundicia mocuda
en candentes erupciones
venga en busca de mi  ayuda:
que ni en más gripes ni entierros
osaré yo recogerlos,
¿Me oís, mocos melindrones?
! Que no me toquéis los cojones!


De este ripio ya me escapo

que harto estoy de tanto bulo,
y en habiendo hecho justicia
os mando a tomar por culo.



                                                         ©2016

sábado, 9 de enero de 2016

Oh, moco ( Paridas)


Oh,moco.
Magma acuciante,
verde viscoso,

amarillo flan,
gris nicotina
o blanco diamante.


De tu patria expulsado,
en pañuelo exiliado
de h
umano cruel,
despreciado y repudiado
morirás ajusticiado
entre vulgar papel.

Verde tu alma humillada,
diluida en el fulgor de la nada
blanca de un pañuelo,
bajarás cañerías
rodarás por el suelo.
De lluvias arrasado,
por suelas aplastado.
Enterrado entre basura
tu arcoíris de colores;
olvidado de Dios.
Oh, moco,
por el amor del cielo,
perdónanos.

Respuesta de panuelo cabreado a oda "Oh, moco" AQUÍ




©2016


domingo, 3 de enero de 2016

Las tres noches de terror que cambiaron mi vida-El desenlace (Fenómeno paranormal)

    


     Antes de leer el desenlace debes leer la primera y la segunda parte. Pincha AQUÍ para la primera:
Para la segunda AQUÍ  (Los que estáis subscritos a la newsletter, recibiréis solo dos de los posts. Para leerlo todo entero pinchad desde la newsletter y entrad en el blog. Gracias).

   Antes de continuar con la historia quiero aclarar una cosa. Soy una persona agnóstica, aun después de esta experiencia. Un fenómeno paranormal es algo que no se puede explicar científicamente, y eso es exactamente esto, más allá de cualquier creencia personal.

    Tarde del 2  a madrugada del  3 de enero de 1997

    Siendo una persona tremendamente miedosa en lo que a estos temas se refiere jamás hubiera pensado que podría soportar algo así, y menos pensar en volver a pisar esa casa, pero tenía que hacerlo. Teníamos la sensación de que no íbamos a recuperar nuestras vidas si no nos enfrentábamos a aquello.

   Volvimos a casa. Temerosos pusimos el contestador. (Por aquel entonces se grababa todo en una pequeña cinta que tiramos a la basura en cuanto acabó todo. Sobre todo yo, me negaba a tener aquella voz grabada en ningún lado). Había llamadas pero no hablaba. Solo ruidos extraños, pitidos. 

   Empezamos a llamar una por una a todas nuestras familias. En una ocasión la línea se cortó durante unos minutos. Alguien en el transcurso de varias llamadas cruzadas nos pasó el teléfono de una vidente y nos urgió a llamarla. Estábamos desesperados, y no nos planteábamos si creer o no, simplemente habríamos hecho cualquier cosa por salir de esta situación. 

   Llamamos a la vidente. Nos dijo que veía a un hombre de unos cincuenta años, atractivo, que había fallecido y no encontraba la luz, que no quería hacernos ningún daño y que sólo quería ayuda. Lo de antes no sé, yo me quedo con las dos últimas frases porque las demostró con creces: no quería hacernos daño y necesitaba ayuda.

   Luego la vidente nos dijo algo que nos dejó excépticos, demasiado peliculero, dijo: «Cuando vuelva a llamar decidle la siguiente frase: "En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, vete al lado derecho de la luz y verás la cara del Padre Celestial"»

   Ateos, agnósticos y creyentes como había entre nosotros, ni un solo momento dudamos en hacer lo que la vidente nos dijo, no perdíamos nada con probar. Pero antes había que buscar gente que estuviera con nosotros, teníamos demasiado miedo para enfrentarnos de nuevo solos a todo esto. 

   Llamamos a varios amigos. Algunos por motivos laborales no pudieron venir. Finalmente Jaime y María aceptaron. Jaime, ateo perdido, se descojonaba al teléfono mientras se lo contábamos. «Anda, que estáis colgados. ¿Qué habéis fumado?»  Miriam tuvo que insistirle varias veces, finalmente le dijo: «Ven y comprúebalo por ti mismo ,y si cuando oigas su voz no te cagas encima ya me lo cuentas...»

   Hasta que Jaime y María llegaron el teléfono nos dejó en paz ( de ahí que insista en que lo que fuera esta cosa solo insistía para movilizarnos de algún modo. Esta era nuestra sensación).

   Por fin llegaron. Les contamos todo desde el principio, muchas veces con lágrimas en los ojos. Jaime, el ateo, empezó a cambiar de expresión. Una vez acabada la explicación sonó el teléfono varias veces. Lo cogimos pero no decía nada y colgaba enseguida.   Entonces María miró hacia el techo y dijo: «Llama pero no cuelgues, que Miriam te quiere ayudar» 

  Sonó inmediatamente: «A los seis... ayudaaaaa» 

  «!Hostiaaaa, qué es esooo, hostiaaaa!», era Jaime, el que se había reído tanto de nosotros. Como veis, sabía que ya no éramos cuatro sino seis.

  Habíamos acordado que cogiera Miriam el teléfono para decirle lo de la vidente. Volvió a llamar y Miriam, temblando, llorosa, cogió el teléfono y dijo: «Por favor, estamos muy asustados... te vamos a ayudar, pero te lo ruego, déjanos en paz... Mira, me han dicho que te diga una cosa que esperamos que te ayude: "En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, vete al lado derecho de la luz y verás la cara del Padre Celestial"» Colgó. No sabíamos qué iba a pasar. Nos quedamos en silencio. 

  Tardó bastante en llamar, pero lo hizo: «A los seis... graciaaas, guaaapooos. » Y colgó.

   Nos levantamos gritando, llorando, abrazándonos: «¿Qué ha sido esto, tía, qué hemos vivido? », recuerdo que me decía Miriam abrazándome. Soltamos todo el estrés acumulado tantas horas, corriendo por la casa, saltando, gritando. Nos hicimos unas copas para celebrarlo. Entonces brindamos por él , por aquella voz.

   Y Jaime, el que no nos había creído, de repente dijo: «Se ha ido sin decirnos cómo se llama.» Recuerdo que me alarmé y cabreada le dije: «!Por favor, no digas eso!»

    Y tal como mi intuición me había dictado el teléfono sonó inmediatamente, paralizando todo nuestra celebración.

    Lo cogimos: «José Mariaaaa», dijo la voz. Y se fue. Nunca volvió a llamar. Pero para los que crean que las palabras de la vidente son la salvación y demuestran algo, tengo malas noticias. No volvió a llamar pero se repitieron pequeños fenómenos que ahora os cuento.

    La vida después del fenómeno

   Intentamos volver a la vida normal después del fenómeno, pero la que más difícil lo tenía era yo. JM no vivía en el piso. Alfonso volvió de Valencia pero no quiso que le contáramos nada, e hizo bien. Miriam iba a casa de su novio antes de quedarse sola, yo siempre quedaba con ellos dos a la vuelta del trabajo o de donde fuera para no subir a casa sola. No podía dormir con la luz apagada. No era vida. Me sobresaltaba cada vez que sonaba el teléfono. Tenía unos días libres y decidí irme a Valencia a casa de mi madre. Dormía con ella y con la lamparita encendida, no soportaba la oscuridad. Era consciente de que si no superaba aquello no podría volver a mi vida. Por no sé qué extraña razón, la única que quería irse de aquel piso era yo, y como ya he dicho, llevaba 5 mudanzas en dos años. Miriam, obviamente, al no estar sola, no tenía problema. Así que la más afectada era yo. Aun así, cogí fuerzas y al cabo de dos semanas volví decidida a estar sola en ese piso, dormir en mi dormitorio con la luz apagada, sin miedo, no estaba dispuesta a que me echaran de mi vida. 

   Primer día en el piso. Sola, feliz, porque lo he superado. No tengo miedo, ni siquiera cuando suena el teléfono. Por fin puedo volver a mi vida normal en ese piso donde tan a gusto estoy. 

  Por la noche, Miriam y Toni van a dormir al otro lado de la casa. No se habla del tema, está prohibido. Yo me acuesto, tranquila. Me duermo enseguida, con la luz apagada por primera vez . Pero de madrugada un gran ruido me despierta. Enciendo la luz. No es nada, solo es un libro que ha caído de la estantería, solo que ha hecho, o me da la impresión de que ha hecho demasiado ruido al caer, y además ha caído del centro, no de los lados. Pero no quiero darle vueltas. Vuelvo a tener miedo y me voy corriendo a la habitación de Miriam. Les pregunto si puedo dormir con ellos, cogemos un colchón pequeño y lo ponemos en el suelo. 

   Por la mañana me levanto para ir al baño y veo algo que no quiero contar. Porque mi mente estaba en un estado en el cual es probable que lo creara ella, aunque yo no lo creo. Solo sé que empecé a gritar, que Miriam y Toni vinieron corriendo. Que les dije que me iba de la casa ya y no volvía más. Y así lo hice. Me duché, con ellos haciendo guardia en la puerta. Llamé a mi amigo Juan. Hice una maleta y me trasladé  a su casa hasta saber qué iba a hacer con mi vida. No volví más , excepto a sacar mis libros y mis efectos personales, vendí mis muebles a la persona que se quedó con el dormitorio. Sé por Miriam, hoy día aún gran amiga mía, que hubo pequeñas cosas, macetas que se caían de sitio, etc. Hasta que poco a poco paró todo y volvió a la normalidad. Pero antes, aún sucedió algo insólito.

    El desenlace

   Estaba yo viviendo en casa de mi amigo Juan. No podía abandonar todo porque aún me quedaban unos bolos de teatro por hacer antes de despedirme. Un día me llama JM, alteradísimo: «Tengo que verte inmediatamente. Vas a flipar. Voy para allá».

  «Mira, Celia, mira, es alucinante», JM tiene unas facturas en la mano, son las de su móvil. Las cojo. «!Mira los días dos y tres!», los miro: decenas de llamadas al número de mi casa, una detrás de otra. !Todas las llamadas habían sido hechas desde el móvil de JM!  Y os recuerdo: los móviles de entonces eran grandes y negros, y el de JM estuvo todo el tiempo delante de nuestras narices, sobre la mesita del salón. Es más, ese móvil estuvo largo tiempo sin batería. ¿Cómo narices se puden hacer llamadas desde un móvil sin batería?  JM, Miriam, Toni y yo, no nos separamos ni para ir al baño. ¿Quién llamaba entonces?

  Yo cogí inmediatamente mis facturas, para ver si pasaba lo mismo, en efecto, pero solo las cinco primeras llamadas fueron hechas desde mi móvil. El motivo no lo sé, puede que fuera que mi móvil estaba en mi habitación y el de JM justo delante del teléfono fijo (¿de ahí que se acoplara?)


   Este es el final de esta historia enloquecida y totalmente real, lo juro de nuevo por todo lo que más quiero. Yo me fui en febrero a Gandía a casa de mi madre, totalmente perdida y decidí lanzarme por mi segundo sueño: ser profesora de inglés. Con este fin aterricé en Londres dos meses después y lo logré. Tres años después, con los títulos pertinentes, me dediqué a mi otra pasión durante ocho años.  Hoy día, no hago nada de eso, distribuyo productos españoles en Austria y tengo una tienda, pero sin todas estas experiencias nada de lo que hoy hago hubiera sido posible.
   De modo que gracias, José María, seas quien seas y estés donde estés.


  Antecedentes

   A veces tenemos las cosas delante de las narices y no las queremos ver. Visto a posteriori, nos dimos cuenta de que la cosa no había empezado de repente, lo que ocurre es que no le habíamos prestado atención.

  El piso era estupendo y nos lo alquilaron por una miseria, y recuerdo que en broma, Alfonso, el único habitante que nunca se enteró de nada, dijo «Tías, tendrá fantasmas.» Aún me río acordándome.

  Por mi parte, fueron varias las veces en que fui al salón a apagar la radio que se había puesto en marcha sola. Pero esas cosas pasan. 

 El 22 de agosto de 1996, día de mi 31 cumple,  hice mi última sesión para una serie de Telemadrid. Me levanté a las cinco de la mañana, encendí el calentador y me duché. Y al salir del baño, andando por el pasillo oí: click. Volví y la rueda del calentador había girado y estaba apagado. La ventana cerrada. Pero esas cosas pasan.

  Un día llegué a casa y me encontré a Miriam parada en medio del pasillo llorando. Me contó que oía ruidos y pasos tras ella. La tranquilicé diciéndole  que era un piso antiguo y las vigas hacían ruidos. Ella me creyó, yo también.

   Una madrugada, dormía toda la casa, con Alfonso incluído, cuando un gran ruido de cristales rotos nos despertó. Salimos todos a ver qué era. La puerta de cristal del pasillo se había cerrado con fuerza y los cristales estaban hechos añicos en el suelo. Todas las ventanas de la casa estaban cerradas... pero esas cosas pasan.

   En un viaje a Gandía recuerdo haberle dicho a mi familia riendo que teníamos un fantasma en casa. Por supuesto, estaba lejos de creerlo de verdad. Pero como pasaban tantas cositas... bromeé sobre ello.

  Cuando le contamos a la portera lo que había pasado días después del fenómeno, apenas se inmutó. Lo que nos hizo preguntarnos si no habría habido ya historias con anteriores inquilinos. 

   Esto es todo. Mis creencias no han cambiado, sigo siendo agnóstica. Esto es un hecho a todas luces inexplicable. Nosotros ya hicimos todas las cábalas. Una explicación desmonta la otra. Que esto fuera un fenómeno paranormal no quiere decir para mí que se tratara de un espíritu, ni que demuestre la existencia de la vida tras la muerte, aunque da qué pensar, la verdad, y sería lo más "entendible". En mi opinión somos seres limitados viviendo en una realidad limitada, y de vez en cuando pasan cosas que escapan a nuestro entendimiento. Quizá haya otras realidades que se nos escapan. 

   En realidad no sabemos de qué va esto llamado Universo. Esto llamado Vida.

   Por mi parte no suelo pensar en esto. Ya no me da miedo. Escribí un resumen junto con Miriam hace años para que no se nos olvidara. Hace unos días lo volví a leer tras muchos años sin hacerlo. Ahora lo he revivido para vosotros. Espero que nunca más me pase algo así porque no sé si podría superarlo.




    


    



sábado, 2 de enero de 2016

Las tres noches de terror que cambiaron mi vida - DÍA 2 (Fenómeno Paranormal)




(Antes de leer este post si no lo has hecho ya, es necesario leer el anterior AQUÍ.
Si estás leyendo esto es que no me has hecho caso. No tiene sentido, créeme. Pincha aquí, .)


 2 de enero de 1997


     De vuelta en el salón Miriam nos calma. Insiste en que es un borracho que aún no se ha acostado desde la nochevieja. «Si llama otra vez lo cojo yo y va a ver el capullo ese...», dice.

    Tal cual  si nos estuviera retando, el teléfono suena en cuanto Miriam acaba de decir su frase. Le decimos que conecte el altavoz para poder oírlo todos ( durante todo el tiempo a partir de aquí  oímos las llamadas por el altavoz).

    Miriam:

      «Oye, capullo,  vete a dormir ya que ya está bien. ¿Por qué no te haces una paja y nos dejas en paz?  Que sepas que...»

   No pudo acabar de hablar:

    «Ayuuudaaaaa, Miriaaam, ayudaaaa ». 

   Miriam colgó el teléfono: «Por dios, sabe mi nombre...»

  Registramos toda la casa y creo que fue en este punto cuando empezamos a desmontar cosas en el salón para comprobar si nos estaban espiando por algún agujero  en la pared  ( habíamos amueblado el piso nosotros con  muebles básicos, de modo que no había mucho que desmontar). No encontramos nada.Durante todo este tiempo el teléfono no sonó. Daba la impresión de que nos dejaba hacer para luego volver a demostrar que era lo que no podíamos creer ( a esta conclusión llegamos una vez pasado todo). 

     Nada más concluir nuestro registro volvió a sonar:

       «Miriaaaam, ayudaaa, ayudaaaa.»

     Miriam:  «Bueno, mira, ya está bien de bromas. !No tiene gracia! !Como no pares ya llamamos a la policía!»

   Entonces, muy pausadamente dice: «Miriam... pantalón amarillo... Toni...camisa a cuadros...algo...azul oscuro.» Y cuelga.

   Nos quedamos lívidos . Nos estaba viendo sin duda alguna. Había descrito nuestra ropa (yo llevaba una sudadera azul oscuro). 

    —Vamos a ver —dije yo, una vez nos hubimos calmado un poco—. Llama desde un móvil, eso lo sé porque antes se le ha acoplado un par de veces. Si no está en este edificio, está abajo en la calle. Seguro que os ha  visto subir, por eso sabe cómo vais vestidos. Lo de azul, puede ser casualidad. Y obviamente es alguien que nos conoce.

   Toni y Miriam  bajaron a la calle . No había nadie. Durante el tiempo en que JM y yo quedamos solos no nos llamó. 

     Nada más regresar Toni y Miriam el teléfono sonó en varias ocasiones pero no dijo nada. Luego en una de las ocasiones habló al fin:

    «A los cuatroooo... ayudaaaaaa. »  

   Sabía que éramos cuatro, a pesar de que JM y Toni se acababan de conocer esta misma noche  y JM  y yo llevábamos más de 24 horas sin salir a la calle. Luego si en la calle no estaba...  

    Hablamos y hablamos, intentamos sacar conclusiones imposibles mientras el teléfono no paraba de llamar sin decir nada. Consideramos la posibilidad de ir a la policía, pero la desechamos por parecernos inútil. Finalmente volvió a hablar:

    «A los cuatroooo... os cuidoooo.»

   No aguantábamos más, descolgamos el teléfono para ver si "el borracho" se cansaba y se iba a dormir. Estábamos muy confusos pero no creo que ninguno de nosotros a estas alturas pensara en algo que no tuviera una explicación racional.

  Serían las seis de la mañana cuando decidimos colgar el teléfono otra vez e irnos a dormir: «Este tío debe de estar durmiendo la mona», declaró Miriam.

   Nada más colgarlo suena: «¿Dóoonde estáaais?»

   Gritamos, recuerdo la exaltación, las risas nerviosas de JM en un momento dado señalando al techo con el dedo. El enorme y tranquilo desconcierto en la cara de Toni, ateo declarado. Los abrazos nerviosos entre Miriam y yo y nuestros lloriqueos cada vez que hablaba aquella espantosa voz. 

  Una cosa estaba quedando clara, y la habíamos analizado ( ahora o después, no recuerdo) : le costaba mucha energía hablar. No usaba artículos ni conjunciones. Economizaba. No había ruido alguno al otro lado del teléfono cuando llamaba y no hablaba, ninguno en absoluto. Como un vacío total. Como si el teléfono no funcionara.

  Decidimos dejar el teléfono descolgado. Estábamos agotados y necesitábamos dormir. Teníamos mucho miedo, de modo que trajimos el colchón de Miriam al salón. JM dormiría conmigo. 

   Encendemos mi lamparita de noche, apagamos la luz del salón. JM y yo nos agarramos muertos de miedo, me extiendo hacia la lamparita la apago y a la vez, justo a la vez que se apaga a la luz se oye: !PAM! !PAM!

   Enciendo la luz corriendo. Gritamos todos: «¿Qué ha sido eso?  JM y yo salimos al salón. Toni ha encendido también la luz. Entonces veo lo que ha sido. Empiezo a temblar. Le pregunto a Toni: «¿Has tirado tu eso?» «¿El qué?», dice sin entender. Yo, sin atreverme a tocarlo señalo mi pincel de colorete. Está en el suelo. Miro mi bolso que sigue encima de la mesa grande del salón, pegado a la pared por el lateral por el cual se abre ( se levantaba una tapa lateral), no lo he tocado desde la nochevieja. Temblando declaro: «Ese pincel estaba dentro de mi bolso. No lo he tocado para nada desde la nochevieja. » «Venga ya —dice Toni—, lo habrás sacado. » «No —digo— Miriam, dime la verdad, ha sido Toni el que lo ha cogido y lo ha lanzado, ¿no?» Habían sido dos golpes, el primero se supone que el que hizo al golpear contra la mesa pequeña ( debajo de la grande habíamos apartado la mesita auxiliar),  y el segundo el golpe que hizo al golpear contra el suelo. Ambos, golpes fuertes.

   «Vale, debe de haber alguna explicación —digo puesto que no puedo creer otra cosa—. Vamos a dormir. Mañana será otro día.»

    Volvemos a apagar la luz del salón primero. Nos metemos todos en nuestras respectivas camas, agarrados de puro miedo. Apago la luz de la lamparilla:  !PAAAMMMM, clack, clack, clack, pam!

  Nos levantamos chillando, llorando, horrorizados. En seguida veo que ha sido porque ha sonado primero a la puerta de mi habitación luego en la pared contraria.

   «Mi bote de laca —lloro—. Dime que lo has tirado tú, por Dios, Toni—. Estaba ahí dentro —digo señalando mi bolso de nuevo. Lo puedo jurar.»

  El pequeño botecito de laca había sido lanzado de tal manera que rebotó por toda la habitación hasta dar contra la pared. El bolso seguía como y donde yo lo dejé.

   «Lo que quiera que sea eso —dice Miriam—, parece que no quiere que apaguemos la luz. Celia, no apagues la lamparita. »

   Y así lo hicimos. Por increíble que pueda parecer nos dormimos de inmediato. Dormimos unas ocho o nueve horas de un tirón hasta que a las tres de la tarde sonó mi despertador, y aunque no recuerdo ni ahora ni entonces haberlo puesto, lo considero pecata minuta . 

   JM y yo salimos al salón. Nos sentamos sobre el colchón de Miriam y Toni. Todos nos reímos sobre la noche anterior. Con la luz del día todo tiene otro color. «Qué heavy , el tipo —decimos—. Debe de estar durmiendo la mona.»  Y colgamos el teléfono.

   Sonó inmediatamente. No lo podíamos creer. Viendo lo alteradas que estábamos Miriam y yo, Toni se ofreció a cogerlo:

   «Ayudaaaa, Ayudaaaa, Ayudaaaa! »

   Toni: «¿Quién eres?»  Silencio. «¿Quién eres? Dinos. ¿Dónde estás?»

  «Os cuidooo, a los cuatrooo.»

  Toni, cabreado: «Oye, te estás pasando ya. Déjanos en paz, ¿vale?»

  «Pijamaa marrón... cuadrooos.»

  Acababa de describir el pijama de Toni. Nos miramos, incrédulos, asustados. No podia ser. Nos negábamos a admitir lo que aquello intentaba demostrarnos. De modo que Miriam , toda chula ella,dijo:

  «Jajajaja. Venga ya, un pijama a cuadros marrones lo tiene cualquiera. Tío, anda, si de verdad nos estás oyendo, di el color de mi pijama, anda. Jajajaja.»

  Suena:

   «Pijamaaa fucksiaaaa.»

    Nos levantamos gritando. Ahora sí éramos todos presa del pánico. Lo juro por mi vida. El único que no lloraba era Toni, que movía la cabeza a derecha e izquierda diciendo: hostia, hostia, esto qué es.

    Fuimos de dos en dos al baño (así íbamos desde que empezó todo). Mientras uno se duchaba el otro esperaba en la puerta. El teléfono no volvió a sonar. Sabía que nos íbamos a buscar ayuda.  No sabíamos dónde ir. Fuimos al centro. Yo habia leído en algún periódico recientemente que habia una asociación de espiritistas en la Puerta del Sol. Fuimos, pero estaba cerrado por vacaciones. Nos acercamos a una libreria esotérica que había cerca. Obviamente nos miraron como si estuviéramos locos.

    Recuerdo la sensación en el metro. Viendo a la gente con sus vidas normales. Nos sentíamos lejos de ellos, como raptados. Nuestra intimidad nos estaba siendo robada. Algo así sentíamos.

   Fuimos a casa de JM, su móvil estaba sin batería y quería cargarlo ( detalle importantísimo para el final, recordadlo). Después pasamos por casa de Toni, quería coger ropa. Mientras estábamos allí sonó el teléfono, todos saltamos. Toni nos tranquilizó: aquí no nos va a seguir, no os preocupéis. La verdad es que cuando lo cogió no contestó nadie.

  Entonces pasó algo insólito: el móvil de JM sonó, lo cogió, nadie dijo nada. Volvió a sonar inmediatamente después de colgar , pero con una melodía diferente, lo cogió, nadie dijo nada. Y así, una vez tras otra, el móvil sonó cada vez con una melodía diferente. ( Años después consulté esto con unos alumnos míos que se dedicaban a la telefonía móvil: es imposible cambiar la melodía si no se hace de forma manual. Es decir: nadie pudo manipular el móvil a distancia o de ninguna otra manera. Y recordemos que estamos en 1997, el comienzo de la era de los móviles).

   Dos cosas teníamos claras: no podíamos huír, ni escondernos. Teníamos que acabar con aquello enfrentándonos a la situación. Y no estábamos dispuestos a pasar otra noche solos con aquello. El terror era demasiado grande. Habia que volver a casa y llamar a gente.

   Continúa AQUÍ   
     




viernes, 1 de enero de 2016

Las tres noches de terror que cambiaron mi vida - Noche Primera (Fenómeno Paranormal)

    



     Ante todo desearos a todos un feliz Año Nuevo, y si no nos viene feliz por lo menos que no nos toque las narices.

    Puesto que lo que voy a contar es inaudito que yo sepa, juro por mi vida, por la de la gente que más quiero, por todo lo que es importante para mí que todo lo que pasó es real. Que hay personas que lo vivieron conmigo y pueden ratificarlo. Más todas las personas de nuestro entorno cercano por aquel entonces y ahora, que nos vieron sufrir y escucharon con la boca abierta , los pelos de punta y en ocasiones lágrimas en los ojos, lo que nos estaba pasando.

    En el post anterior os adelantaba el preludio de los que fueron los tres días más... no sabría como definirlo, digamos increíbles y aterradores de mi vida. Quien no leyera el post anterior puede hacerlo Aquí.

    A la salida del teatro nos estaba esperando JM, digamos que los tres éramos como hermanos. Juan, JM y yo fuimos a una fiesta en una casa particular. De madrugada, JM decidió que prefería venirse a dormir a mi casa y pasar el día 1 juntos.  Y eso hicimos. Alfonso había ido a pasar las navidades en Valencia y Miriam pasaba unos días en casa de su novio en un piso muy cercano al nuestro. 

   Día 1 de enero de 1997.

    El piso, situado en la 4ª y última planta de un viejo edificio tenía forma de T. Nada más entrar estaba el dormitorio de Alfonso, en el ala derecha el dormitorio de Miriam al fondo, seguido de cocina y baño, en la izquierda, primero el salón que daba a un patio interior y al fondo mi dormitorio con ventana a la calle.

   Nos levantamos tarde, nos pedimos unas pizzas y pasamos el día entero tirados en el sofá sin salir de casa, viendo películas y charlando. Nadie más entró ni salió de la casa en todo el día.

   Sobre las diez de la noche, mientras veíamos "Sister Act" en la tele, sonó el teléfono por primera vez.

    Me levanto y lo cojo. Han colgado. Me siento de nuevo. Vuelve a sonar, me levanto y lo cojo. No hay nadie, de nuevo a sentarse. Vuelve a sonar y repito la operación y así en varias ocasiones.

    JM, pensativo me dice algo en lo que yo no he caído: 

    —Celia, cada vez que lo coges ya ha colgado. Parece que nos esté viendo.
    —¿Tú crees? —digo algo preocupada.
    —Si vuelve a sonar espérate tres señales y lo coges.

    Suena. Lo cojo. Da señal de colgado.

   —Ahora espérate diez y cógelo —dice JM en voz baja.

   Suena. Lo cojo. Señal de colgado.

   —Quédate ahí. Cógelo a la segunda —susurra JM.

   Suena. Lo cojo. Señal de colgado. Repetimos la operación varias veces con el mismo resultado.

   —Nos está viendo, es obvio. Está ahí arriba —dice JM señalando la azotea.
   
   Corriendo bajo la persiana (recordemos que da al patio interior y es la única que hay en el salón).

   Suena el teléfono. Lo cojo. Han colgado.

   —Vale, Celia. Ahora ya no nos puede ver —dice JM en voz muy baja —vamos a repetir la operación si sigue llamando. Espera tres tonos.

  Suena. Espero. Lo cojo. Probamos varias veces más con el mismo resultado y en una de ellas, de repente, hay alguien al otro lado, pero en silencio absoluto. «¿Sí?...¿Quién eres? » No contesta, pero oigo un pitido como de un móvil que se acopla. Cuelga. Seguimos el "juego" y en otra ocasión vuelvo a oír el silencio y el  bi-bi-bi del móvil al acoplarse. «Quien sea llama desde un móvil», recuerdo haber dicho. ( Este hecho será decisivo y quedará revelado al final. Acordaos).
  
   Nos queda claro que a pesar de estar la persiana bajada estamos siendo observados. Nos levantamos rápidamente. «Vamos a echar los cerrojos inmediatamente», dice uno de los dos. Corremos a la entrada, echamos  cinco cerrojos, creo recordar. Vólvemos corriendo al salón. «Hay que llamar a Miriam», dice JM. 

    El teléfono de momento ha dejado de sonar. «Miriam, estamos  asustados. Está pasando esto...» «Bueno, será un borracho. ¿Queréis que vayamos? » «No creo, pero estaos atentos por si acaso. Bueno, esperamos un poco y si no llama vamos a dormir».

   Esperamos un ratito. No suena. Es ya tarde, más tranquilos nos damos las buenas noches. JM se encamina hacia la habitación de la entrada, yo apago luces , enciendo la de mi habitación. Estoy justo en el umbral de la puerta cuando vuelve a sonar el teléfono. Me quedo quieta esperando no sé qué. Salta el contestador: «Este es el contestador de Miriam, Alfonso y Celia, si quieres dejar un mensaje espera que suene la señal... biiiip»:

    —Ayudaaaaa, Ayudaaaa, Ayudaaaaa.

   Fueron tres palabras. Arrastradas, pronunciadas con gran esfuerzo, con una voz que jamás podré describir porque jamás la he oído ni antes ni después ni la quiero volver a oír. Siemplemente espeluznante. JM llegó corriendo: «¿Has oído eso?!!!!», exclamó muerto de miedo.  «Vamos a llamar a Miriam y Toni. Esto no me gusta nada», dije.

   Encendimos todas las luces y llamamos a mi amiga y su novio: «Venid corriendo. Tenemos mucho miedo» «En diez minutos estamos ahí».

  No recuerdo si descolgamos el teléfono o simplemente no volvió a llamar hasta la llegada Miriam y Toni. Tal como dijeron, no tardaron mucho. Sonó el timbre, corrimos. Preguntamos quién era. Eran ellos. Descorrimos los cerrojos, les contamos en el salón lo que había pasado. Nos armamos de valor y no recuerdo si de algo más y subimos los cuatro a la azotea: no había nadie.

   Era la madrugada del día 2 de enero y nos esperaban dos días aterradores por delante.