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sábado, 2 de enero de 2016

Las tres noches de terror que cambiaron mi vida - DÍA 2 (Fenómeno Paranormal)




(Antes de leer este post si no lo has hecho ya, es necesario leer el anterior AQUÍ.
Si estás leyendo esto es que no me has hecho caso. No tiene sentido, créeme. Pincha aquí, .)


 2 de enero de 1997


     De vuelta en el salón Miriam nos calma. Insiste en que es un borracho que aún no se ha acostado desde la nochevieja. «Si llama otra vez lo cojo yo y va a ver el capullo ese...», dice.

    Tal cual  si nos estuviera retando, el teléfono suena en cuanto Miriam acaba de decir su frase. Le decimos que conecte el altavoz para poder oírlo todos ( durante todo el tiempo a partir de aquí  oímos las llamadas por el altavoz).

    Miriam:

      «Oye, capullo,  vete a dormir ya que ya está bien. ¿Por qué no te haces una paja y nos dejas en paz?  Que sepas que...»

   No pudo acabar de hablar:

    «Ayuuudaaaaa, Miriaaam, ayudaaaa ». 

   Miriam colgó el teléfono: «Por dios, sabe mi nombre...»

  Registramos toda la casa y creo que fue en este punto cuando empezamos a desmontar cosas en el salón para comprobar si nos estaban espiando por algún agujero  en la pared  ( habíamos amueblado el piso nosotros con  muebles básicos, de modo que no había mucho que desmontar). No encontramos nada.Durante todo este tiempo el teléfono no sonó. Daba la impresión de que nos dejaba hacer para luego volver a demostrar que era lo que no podíamos creer ( a esta conclusión llegamos una vez pasado todo). 

     Nada más concluir nuestro registro volvió a sonar:

       «Miriaaaam, ayudaaa, ayudaaaa.»

     Miriam:  «Bueno, mira, ya está bien de bromas. !No tiene gracia! !Como no pares ya llamamos a la policía!»

   Entonces, muy pausadamente dice: «Miriam... pantalón amarillo... Toni...camisa a cuadros...algo...azul oscuro.» Y cuelga.

   Nos quedamos lívidos . Nos estaba viendo sin duda alguna. Había descrito nuestra ropa (yo llevaba una sudadera azul oscuro). 

    —Vamos a ver —dije yo, una vez nos hubimos calmado un poco—. Llama desde un móvil, eso lo sé porque antes se le ha acoplado un par de veces. Si no está en este edificio, está abajo en la calle. Seguro que os ha  visto subir, por eso sabe cómo vais vestidos. Lo de azul, puede ser casualidad. Y obviamente es alguien que nos conoce.

   Toni y Miriam  bajaron a la calle . No había nadie. Durante el tiempo en que JM y yo quedamos solos no nos llamó. 

     Nada más regresar Toni y Miriam el teléfono sonó en varias ocasiones pero no dijo nada. Luego en una de las ocasiones habló al fin:

    «A los cuatroooo... ayudaaaaaa. »  

   Sabía que éramos cuatro, a pesar de que JM y Toni se acababan de conocer esta misma noche  y JM  y yo llevábamos más de 24 horas sin salir a la calle. Luego si en la calle no estaba...  

    Hablamos y hablamos, intentamos sacar conclusiones imposibles mientras el teléfono no paraba de llamar sin decir nada. Consideramos la posibilidad de ir a la policía, pero la desechamos por parecernos inútil. Finalmente volvió a hablar:

    «A los cuatroooo... os cuidoooo.»

   No aguantábamos más, descolgamos el teléfono para ver si "el borracho" se cansaba y se iba a dormir. Estábamos muy confusos pero no creo que ninguno de nosotros a estas alturas pensara en algo que no tuviera una explicación racional.

  Serían las seis de la mañana cuando decidimos colgar el teléfono otra vez e irnos a dormir: «Este tío debe de estar durmiendo la mona», declaró Miriam.

   Nada más colgarlo suena: «¿Dóoonde estáaais?»

   Gritamos, recuerdo la exaltación, las risas nerviosas de JM en un momento dado señalando al techo con el dedo. El enorme y tranquilo desconcierto en la cara de Toni, ateo declarado. Los abrazos nerviosos entre Miriam y yo y nuestros lloriqueos cada vez que hablaba aquella espantosa voz. 

  Una cosa estaba quedando clara, y la habíamos analizado ( ahora o después, no recuerdo) : le costaba mucha energía hablar. No usaba artículos ni conjunciones. Economizaba. No había ruido alguno al otro lado del teléfono cuando llamaba y no hablaba, ninguno en absoluto. Como un vacío total. Como si el teléfono no funcionara.

  Decidimos dejar el teléfono descolgado. Estábamos agotados y necesitábamos dormir. Teníamos mucho miedo, de modo que trajimos el colchón de Miriam al salón. JM dormiría conmigo. 

   Encendemos mi lamparita de noche, apagamos la luz del salón. JM y yo nos agarramos muertos de miedo, me extiendo hacia la lamparita la apago y a la vez, justo a la vez que se apaga a la luz se oye: !PAM! !PAM!

   Enciendo la luz corriendo. Gritamos todos: «¿Qué ha sido eso?  JM y yo salimos al salón. Toni ha encendido también la luz. Entonces veo lo que ha sido. Empiezo a temblar. Le pregunto a Toni: «¿Has tirado tu eso?» «¿El qué?», dice sin entender. Yo, sin atreverme a tocarlo señalo mi pincel de colorete. Está en el suelo. Miro mi bolso que sigue encima de la mesa grande del salón, pegado a la pared por el lateral por el cual se abre ( se levantaba una tapa lateral), no lo he tocado desde la nochevieja. Temblando declaro: «Ese pincel estaba dentro de mi bolso. No lo he tocado para nada desde la nochevieja. » «Venga ya —dice Toni—, lo habrás sacado. » «No —digo— Miriam, dime la verdad, ha sido Toni el que lo ha cogido y lo ha lanzado, ¿no?» Habían sido dos golpes, el primero se supone que el que hizo al golpear contra la mesa pequeña ( debajo de la grande habíamos apartado la mesita auxiliar),  y el segundo el golpe que hizo al golpear contra el suelo. Ambos, golpes fuertes.

   «Vale, debe de haber alguna explicación —digo puesto que no puedo creer otra cosa—. Vamos a dormir. Mañana será otro día.»

    Volvemos a apagar la luz del salón primero. Nos metemos todos en nuestras respectivas camas, agarrados de puro miedo. Apago la luz de la lamparilla:  !PAAAMMMM, clack, clack, clack, pam!

  Nos levantamos chillando, llorando, horrorizados. En seguida veo que ha sido porque ha sonado primero a la puerta de mi habitación luego en la pared contraria.

   «Mi bote de laca —lloro—. Dime que lo has tirado tú, por Dios, Toni—. Estaba ahí dentro —digo señalando mi bolso de nuevo. Lo puedo jurar.»

  El pequeño botecito de laca había sido lanzado de tal manera que rebotó por toda la habitación hasta dar contra la pared. El bolso seguía como y donde yo lo dejé.

   «Lo que quiera que sea eso —dice Miriam—, parece que no quiere que apaguemos la luz. Celia, no apagues la lamparita. »

   Y así lo hicimos. Por increíble que pueda parecer nos dormimos de inmediato. Dormimos unas ocho o nueve horas de un tirón hasta que a las tres de la tarde sonó mi despertador, y aunque no recuerdo ni ahora ni entonces haberlo puesto, lo considero pecata minuta . 

   JM y yo salimos al salón. Nos sentamos sobre el colchón de Miriam y Toni. Todos nos reímos sobre la noche anterior. Con la luz del día todo tiene otro color. «Qué heavy , el tipo —decimos—. Debe de estar durmiendo la mona.»  Y colgamos el teléfono.

   Sonó inmediatamente. No lo podíamos creer. Viendo lo alteradas que estábamos Miriam y yo, Toni se ofreció a cogerlo:

   «Ayudaaaa, Ayudaaaa, Ayudaaaa! »

   Toni: «¿Quién eres?»  Silencio. «¿Quién eres? Dinos. ¿Dónde estás?»

  «Os cuidooo, a los cuatrooo.»

  Toni, cabreado: «Oye, te estás pasando ya. Déjanos en paz, ¿vale?»

  «Pijamaa marrón... cuadrooos.»

  Acababa de describir el pijama de Toni. Nos miramos, incrédulos, asustados. No podia ser. Nos negábamos a admitir lo que aquello intentaba demostrarnos. De modo que Miriam , toda chula ella,dijo:

  «Jajajaja. Venga ya, un pijama a cuadros marrones lo tiene cualquiera. Tío, anda, si de verdad nos estás oyendo, di el color de mi pijama, anda. Jajajaja.»

  Suena:

   «Pijamaaa fucksiaaaa.»

    Nos levantamos gritando. Ahora sí éramos todos presa del pánico. Lo juro por mi vida. El único que no lloraba era Toni, que movía la cabeza a derecha e izquierda diciendo: hostia, hostia, esto qué es.

    Fuimos de dos en dos al baño (así íbamos desde que empezó todo). Mientras uno se duchaba el otro esperaba en la puerta. El teléfono no volvió a sonar. Sabía que nos íbamos a buscar ayuda.  No sabíamos dónde ir. Fuimos al centro. Yo habia leído en algún periódico recientemente que habia una asociación de espiritistas en la Puerta del Sol. Fuimos, pero estaba cerrado por vacaciones. Nos acercamos a una libreria esotérica que había cerca. Obviamente nos miraron como si estuviéramos locos.

    Recuerdo la sensación en el metro. Viendo a la gente con sus vidas normales. Nos sentíamos lejos de ellos, como raptados. Nuestra intimidad nos estaba siendo robada. Algo así sentíamos.

   Fuimos a casa de JM, su móvil estaba sin batería y quería cargarlo ( detalle importantísimo para el final, recordadlo). Después pasamos por casa de Toni, quería coger ropa. Mientras estábamos allí sonó el teléfono, todos saltamos. Toni nos tranquilizó: aquí no nos va a seguir, no os preocupéis. La verdad es que cuando lo cogió no contestó nadie.

  Entonces pasó algo insólito: el móvil de JM sonó, lo cogió, nadie dijo nada. Volvió a sonar inmediatamente después de colgar , pero con una melodía diferente, lo cogió, nadie dijo nada. Y así, una vez tras otra, el móvil sonó cada vez con una melodía diferente. ( Años después consulté esto con unos alumnos míos que se dedicaban a la telefonía móvil: es imposible cambiar la melodía si no se hace de forma manual. Es decir: nadie pudo manipular el móvil a distancia o de ninguna otra manera. Y recordemos que estamos en 1997, el comienzo de la era de los móviles).

   Dos cosas teníamos claras: no podíamos huír, ni escondernos. Teníamos que acabar con aquello enfrentándonos a la situación. Y no estábamos dispuestos a pasar otra noche solos con aquello. El terror era demasiado grande. Habia que volver a casa y llamar a gente.

   Continúa AQUÍ   
     




16 comentarios:

Lapiz Pluma dijo...

Ayyy qué cagueeeee!!!
Me quedo con lo evidente, tú sobreviviste :)

Macondo dijo...

Esperaremos hasta mañana... pero hasta mañana eh.

Holden dijo...

Joder, estoy totalmente enganchado. Lo juro. Tengo muchas ganas de saber como acaba todo esto.

TORO SALVAJE dijo...

Sigo sin decir nada.

Glups...

Besos.

unjubilado dijo...

Paranormal no se si lo será, pero desde luego no tiene nada de normal. Estoy tratando de buscar una explicación científica ya que mi mente rechaza que sea algo que la ciencia no puede resolver, aunque según James E. Alcock : Un fenómeno paranormal es aquel que:
No ha sido explicado en términos de la ciencia actual.
No es compatible con la norma de las percepciones, de las creencias y de las expectativas referentes a la realidad.

Pero por lo menos tu sobreviviste.
Besos.

Celia Segui dijo...

A eso me refiero con paranormal. Lo que tú has definido. Cuando acabe si encuentras explicación científica te lo agradeceré. Pero me temo que no vas a poder.
Besos

El collar de Hampstead dijo...

Aggggffff
Yo ya estaría por lo menos en el aeropuerto intentando salir de ahíiíií!
:S

Besos fantasmagóricos...

Mirian Cartagena dijo...

Lo bueno es que no les agredieron físicamente, se les pasará el susto, imagínate si estabas sola.
Saludos.

Opiniones incorrectas dijo...

Madre mía. Me tienes acojonada, Celia!!! Está noche tengo pesadillas seguro jajaja besos

Marcos dijo...

Seguuuimos pendieeeentes, acabamo, porfa.

Conxita Casamitjana dijo...

Hola Celia, soy nueva por aquí, he llegando curioseando desde otro blog que sigo y me ha enganchado la historia...estoy deseando saber como acaba...qué miedo!!!!
Un saludo

La utopía de Irma dijo...

Glupssss...sigo acojonaita.

Besines utópicos, Irma.-

LA ZARZAMORA dijo...

Eres buena para el suspense... jodía!!

;)

A ver cómo acabastéis con todo esto...

Ta chán!

Bss, Celia.

Trescatorce dijo...

Tengo los pelos como escarpias, Celia. Menos mal que lo estoy leyendo con toda la historia publicada, si no me muero de esperar al final.
Ahora mismo voy al desenlace.
¡Besotes!

Alfred dijo...

Me lo estoy leyendo con toda la atención posible, es demasiado fantástico.
Besos.

Celia Segui dijo...

Pero es cierto, ALfred, te lo juro por mi vida.

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