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miércoles, 2 de septiembre de 2015

El universo surrealista del bar de Hans ( Crónicas Vienesas)




  

        Hans es un hombre de mediana edad, regordete, tranquilote, con cara de bonachón, sonrisa simpática, y vestimenta imposible. Es dueño de uno de los últimos vestigios de “Beisl” vienés; es decir, viejos  bares de cocina típica que en su mayoría  datan de finales del siglo XIX o principios del  XX. El de Hans es una auténtica joya del siglo XIX. Mantiene la madera, paredes y barra de cuando lo regía su bisabuelo.
     
     Desgraciadamente, y a pesar de las advertencias de los  amigos, el bar está cada vez tan cochambroso como la vestimenta de Hans. Algunos platos todavía mantienen cierta calidad dentro de su sencillez, pero en general se ha convertido en un auténtico desastre.

     La cocina es un submundo donde  la pobre cocinera lucha por mantener su dignidad, en condiciones infrahumanas: fríe los huevos en una sartén  sin asa, agarrándola con un trapo; el horno no cierra y otra  de las sartenes  tiene un agujero por donde se sale el aceite. 
     Hans le va pagando  pequeñas cantidades según le viene, con lo que cuando llega el final de mes, la mujer ha perdido la cuenta de lo que ha cobrado.
     
    Un día, mientras cocinaba,  se le cayó una tabla de madera sobre el pie causándole una considerable hinchazón.
.
      —Tengo que irme al médico, esto está muy mal —anunció finalmente, la dolorida mujer.
     — ¡Espera, espera, tú no te vas que ya te lo arreglo yo! —exclamó Hans. Al poco apareció con   una venda y le vendó el pie hasta casi estrangulárselo—: Hala, listo, ya puedes seguir trabajando—aseveró.
     
     Peor fue el día en que la pobre mártir acudió al trabajo con un terrible dolor de muelas y dijo que tenía que irse urgente al dentista: « ¡No, no, tú no te vas que ya  te lo arreglo yo! »  Hans corrió al teléfono y llamó a un amigo suyo dentista, el cual se personó en el bar  y... ! le arrancó  a la sumisa  cocinera una muela en la cocina!
     
     Durante meses, si no años, la  mujer se estuvo quejando de que el cubo de la basura era tan viejo que no tenía base, de tal modo que la bolsa se salía por debajo al ir a sacarla por la noche. Finalmente Hans le hizo caso y compró un nuevo cubo, sólo que demasiado grande. Y una noche mientras la mujer abrazaba un cubo de 60 kg  y lo arrastraba sudorosa con las piernas abiertas   le dio el lumbago. Al día siguiente Hans dijo que no sabía si la cocinera vendría a trabajar porque estaba muy mal. Sin embargo, esta cumplida mujer  se presentó  cojeando. Al preguntarle mi mariden por qué no se había quedado en casa,  dijo resignada: «Hans siempre quiere que trabaje. »

     El mariden , que había trabajado de estudiante en este local hace un huevo de años,  se ofreció a ayudar a su amigo dos o tres veces por semana porque su empleado se había  herniado ( ¿trabajando?).  El amigo Hans, le pagaba religiosamente el sueldo semanal cada viernes excepto 20€ que se guardaba para dárselos el lunes. Lleno de curiosidad, el mariden le preguntó  el por qué de esta peculiar forma de pago y Hans, con su cara de no haber roto nunca un plato , espetó: «Así sé que vendrás a trabajar.»

   Un buen día, la cocinera llama al mariden a la cocina:

    «Ven, mira esto», dice.  
    
      El palo de la escoba  se había roto hacía un tiempo, y en lugar de gastarse un par de euros en uno nuevo, Hans, en un alarde de creatividad, había cogido un puñado de pinchos de madera para carne  y los había pegado  con cinta aislante juntando los dos trozos rotos para darles estabilidad, dando así lugar al nacimiento de la nueva “escoba pértiga”.  
    
      !Sin duda alguna unos cuantos euros más cara que un simple palo de escoba!

                                                         
                                                     
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6 comentarios:

Marta M. dijo...

Hola: ya leo que este Hans es super tacaño... seguimos en contacto

Mi Álter Ego dijo...

Jajajaja. Madre mía, vaya fauna hay por ahí. No sé quién está peor; si él o la cocinera por seguirle el juego...

Besotes!!!!

Celia Segui dijo...

Una fauna del copón. La cocinera, la pobre es una mujer mayor y extranjera. Supongo que aguanta porque tiene miedo a no encontrar trabajo.
Besos.

Opiniones incorrectas dijo...

Jajaja menudo explotador el Hans, parece de otro siglo :D

Daría algo por conocerlo, aunque la verdad es que hace años que me muero por ir a Viena.

Besos

Celia Segui dijo...

Pues si vienes te llevo a comer allí :)
Besos

Blanca Lafarga dijo...

JA JA
Veo que el bar de Hans también tendremos que visitarlo...
Un besico

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