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miércoles, 19 de agosto de 2015

Fumigadores don Manfredo ( Crónicas Vienesas)

   


     Señores, aquí estoy, sentada frente al ordenata, cosa normal si no fuera porque acabo de descubrir un vaso boca abajo en la esquina de la habitación y dentro del vaso hay un abejorro del copón subiéndose por las paredes, literalmente. Esto es cosa del mariden Don Manfredo, que tiene, a saber, dos obsesiones desde que le conocí: una, construir una autopista al Senegal (estoy convencida de que soy la única alma de esta valle de lágrimas que reza para que no le toque la lotería) y dos, capturar insectos, y en esto último se aplica con creatividad, el tío.

    Le acabo de llamar por teléfono para darle las gracias por el regalo de buenos días y decirle que en ese vaso va a beber su austriaca madre. « ¡Voy a aspirarlo con la aspiradora!», le grito. Y él, que no, que lo deje hasta que él vuelva, que los insectos son cosa suya. Le digo que  está sufriendo y me entero de que el animalillo lleva así toda la noche. No es que el mariden sea un sádico, es que al parecer pensó que el abejorro estaba malito, pues lo vio entrar mareado y pensó que así moriría en paz, según me dice. Y es que hacía un caloramen de la leche anoche y el animal estaría alelado, como todos.
     Al final he pasado la aspiradora porque tenía que limpiar la casa y haciéndole caso al mariden la he pasado por el lado del vaso, intentando no tocarlo, pero ¡ay!, el vaso se ha dado la vuelta, el bicho ha volado hacia mí y yo gritando como una posesa le he dado con el mango de la aspiradora y el pobre  ha salido  por la ventana.

     La suerte que tengo es que en Austria no hay cucarachas, la especialidad de Don Manfredo, porque cuando vivíamos en Valencia para sustos no ganaba.
     Este  hombre tiene el don de oírlas a cien metros de distancia y dormido. Tal talento no le viene de nacimiento sino que lo desarrolló en su pisito de soltero de la Avenida de América de Madrid, pero eso lo dejamos para luego.
    El caso es que en Valencia me entraban asquerosillas cucarachas voladoras por la terraza.
    Imaginaos la siguiente  escena:

    Son las tres de la madrugada, intuitivamente me despierto, toco el lado del mariden y me doy cuenta de  que no está. Habrá ido al baño, pienso. En esto que veo una halo de luz que oscila en el pasillo. ¡Ladrones!, pienso. Aguzo el oído y oigo que alguien anda por  ahí.  !Manfreeeed!, bisbiseo. Con el corazón en un puño voy a hurtadillas hacia el salón. Ahí está la lucecita moviéndose de un lado a otro. A punto del llanto  ruego que no le hayan hecho nada. Por fin me atrevo a asomarme y veo a un tipo alto andando sigilosamente con una linterna de camping en la cabeza, a lo minero: es el mariden

     ¡Joder, ¿qué pasa?!, susurro  convencida de que  los ladrones están en  la terraza. ¡Shhhh!, me dice apuntando el oído  hacia una esquina. ¡¿Pero que pasaaaa?!, barboteo yo.
     —¡Vete a dormir! —exclama cabreado.
     —¿Has oído ladrones??
     —¡Que no!
     —¿Entonces qué haces?
     — !Hay una cucaracha!

    Oye, y el capullo la cazó.

   Una noche, en nuestro piso anterior, me levanté de madrugada para ir al baño. Era verano y las ventanas estaban abiertas. De repente veo por el patio de luces que en el baño de enfrente ( al otro lado del piso),  fluctúa en plena oscuridad una lucecita a derecha y a izquierda. Histérica, grito: !ladrones, ladrones!:  una luz cegadora me acribilla los ojos,  un tipo con una  linterna en la cabeza se acaba de asomar: es el mariden. ¡¿Qué te pasa, estás loca?!!!, me grita.
     Todavía hoy no me explico como oyó una cucaracha mientras dormía,  al otro lado del piso ; pero, en efecto, había una y no paró hasta que la  mató.
  
    Como ya he apuntado, tal talento sobrehumano no le viene de nacimiento sino que  lo adquirió a base de arduo trabajo. 
   
     La cocina de su pisito de soltero en Madrid  estaba limpia como una patena pero cada noche, cuando llegaba de trabajar, las cucarachas, por decenas, campaban a sus anchas. ¿Qué hacer? Pues lo que cualquier persona normal: 
     Sigiloso, te acercas  a la cocina. La escoba y el recogedor preparados tras la puerta. Abres,  coges rápidamente  escoba y recogedor , enciendes la luz y las barres a toda leche. Cual sartén tortillera, vas removiendo el recogedor con una mano  mientras con la otra enciendes el gas, o lo que tengas. La olla la preparas ya por la mañana  y cuando el agua hierve, zas, a escaldar cucarachas.

     Como buen y metódico austriaco, el mariden repetía la operación hasta que acababa con toda la tanda , noche tras noche. ¿Qué por qué este método? Pues para ahorrarse el chasquido asqueroso que hacen al pisarlas

   Los matacucarachas según él no son tan efectivos.
   Así que ya sabéis, si  alguien necesita un fumigador de insectos:

               Fumigadores don Manfredo,
               lo más eficaz del mundo entero.

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4 comentarios:

Mi Álter Ego dijo...

La técnica de las cucarachas me ha matado. Jajajaja. Hay que tener paciencia y muuuucho estómago para hacer eso. Porque entiendo que el ruidito que hacen al pisarlas es de lo más desagradable pero tirar bichos vivos al agua hirviendo no es para menos. Jajajaja. Besotes!!!

Celia Segui dijo...

Pues si alguna vez tienes el problema, te lo mando para ahí gustosa... y gratis!!!

Marta M. dijo...

Hola: Acabo de descubrir tu blog y me gusta mucho la variedad de temas que tratas en relación con tu día a día en Viena. Conozco la ciudad y me trae super buenos recuerdos. Recuerdo que estaba muy limpìa y cuidada aunque hace como 10 años que no regreso a Austria. Me gusta el método de tu marido para matar las cucarachas...tampoco me gustan nada los bichos y me muero de asco. Yo hubiera gritado al igual que tu cuando pasabas la aspiradora y te 'atacó' el bichito... En este momento tengo un blog dedicado a los jóvenes y nuevas tecnologías que te invito a visitarlo: http://cativodixital.blogspot.com.es/ . Si quieres seguimos en contacto. Yo ya me hice seguidora de tu blog.

Celia Segui dijo...

Hola Marta:
Efectivamente Viena es una ciudad preciosa. Respecto al método de matar cucarachas de mi marido, ejem, ejem, yo me muero del asco solo de pensarlo , menos mal que me dice que la olla solo la usaba para las cucarachas porque si no , imagínate! Aunque hay culturas que comen estos bichos, qué asco.
He visto tu blog y me parece muy interesante la temática que tratas, no en vano tienes tantos seguidores. Desde hoy una más :) Seguimos en contacto.
Un abrazo

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