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martes, 21 de julio de 2015

Los cerrojos de Fredy Baby (Crónicas Vienesas)

        

Todas las crónicas son hechos reales.
(Recomiendo leer antes los posts por este orden: Fredy Baby , y Las Manías de Fredy Baby 
    
       Una vez tranquilo por haber conseguido aparcamiento debajo de casa, otra curiosa manía echa por tierra la  recién conseguida paz en el peculiar espíritu de Fredy  Baby:   echar la cerradura de la puerta sin cometer el menor error. Pues  la mente de Fredy Baby está habitada por todo aquello que podría suceder y que hay que evitar a toda costa, de ahí su empeño en mantener su pequeña fortaleza vienesa a salvo de la codicia de ladrones y otros malhechores.
    
     Tanto es así que además de la cerradura normal  su piso está protegido por un  inmenso cerrojo con una barra de hierro que cruza la puerta por dentro  de lado a lado. Y  para que este cacho  hierro cubra toda la puerta hay que darle cuatro vueltas al cerrojo, ni una más ni una menos.
     
      Viendo peligrar su seguridad, Fredy Baby se pone extremadamente nervioso cuando tiene invitados y no le queda otra que  facilitarles una copia de las  llaves. 
     En el verano de 2005, aún residiendo  yo en España vine  a Viena con el fin de tomar  un curso intensivo de alemán.Unos buenos amigos me ofrecieron quedarme en su casa alertándome del estrés emocional  que supondría vivir sola con Fredy Baby entre sus aparcamientos , las tazas y platos ascensor arriba y ascensor abajo en sus diarios desplazamientos al pueblo y otras múltiples peculiaridades por todos conocidas. 
     Consciente de que no les faltaba razón, acepté su invitación , pero como el curso tenía lugar en el centro y mi amigo vivía a las afueras le pregunté a mamá Hofbauer (recordemos que ella pernocta fuera de Viena) si podía darme unas llaves de su casa por si algún día me quedaba por el centro hasta tarde. Mamá Hofbauer aceptó encantada pero para  Fredy Baby, que ya se alegraba de no tener que soportar la presencia de otros seres humanos en su casa, supuso un inesperado revés, una auténtica alteración de su sistema nervioso.
    
     Ya un  mes antes de mi llegada se dedicó a hincharle la cabeza  a mamá Hofbauer con el tema de las llaves: «No sabe cómo van las llaves, hay que decirle que tiene que dar cuatro vueltas »,   o «¿Cuándo viene? ...Mejor no le doy las llaves hasta  que no le haya enseñado como se cierra... »
     
     Mi avión llegó sobre las once de la noche y debo agradecerle a mamá Hofbauer que se negara en redondo a satisfacer la insistente petición de su marido de hacerme ir a su casa a las doce de la noche  antes de llevarme a casa de mis amigos, con el fin de enseñar a una servidora  cómo se da cuatro vueltas a la cerradura de una puerta.
    
     De todos modos, no dejó pasar la ocasión, no os creáis:  El día en que les visité  me hizo salir del piso llave en mano para aleccionarme   como dios manda: " Mira tienes que dar cuatro vueltas: rac, rac, rac, rac". Cosa que tuve que repetir, Fredy Baby mediante, hasta que quedó satisfecho con mi "performance".
     
     Por supuesto, durante el mes que pasé en Viena,  tuve la sensatez de no pernoctar en su casa ni una sola noche, no sea que me equivocara y se me cayera el pelo. O peor, que entraran ladrones y me echara la culpa.

  
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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Menudo personaje, jaja

Celia Segui dijo...

En efecto.
Gracias por comentar y un saludo.

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