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miércoles, 15 de julio de 2015

El intento de asesinato (Crónicas Vienesas)



(Todas las Crónicas son hechos reales. Se ha cambiado el nombre de las personas para preservar su intimidad)

     Hoy voy a presentaros a la tía Elisa, una mujer imprevisible cuya peculiar personalidad no deja de sorprenderme, solo que esta vez  la sorpresa casi me cuesta la vida.
     
     Veréis , he estado de visita en casa de mi tía, en España.  No me sorprendió en absoluto que nada más poner el pie yo en su casa  corriera a la nevera con el fin de  presentarme su último descubrimiento. La tía Elisa siempre está al tanto de las últimas novedades.
     
     El nuevo invento que triunfa en la vecindad para dormir fresquito en una noche de calor sofocante  es un bloque de plástico duro sacado del congelador, recubierto a posteriori con un pañuelo "fallero" ( de los de cuadros negros y blancos),   que uno se coloca sobre el pecho  cuando se echa a sobar.  «Celia, me dijo mi tía, si no puedes dormir, coges esto, te lo abrazas y verás que fresquito que duermes.»
     
     Pues bien, a pesar del calor, pude dormir como un lirón todas las noches excepto la última, que hacía un calorazo del copón. Me imagino a la tía Elisa dando vueltas en la cama preocupada por mi descanso, pues tenía que levantarme a las 7.30 de la mañana para emprender el viaje de vuelta a Viena. Después tía Elisa debió saltar de la cama decidida a acometer su fechoría, porque lo único que recuerdo es que se encendió la luz del  pasillo, luego... caí en el sopor del dulce sueño.
     
     Suelo dormir con tapones en los oídos desde hace años. Debían de ser las 2.30 de la madrugada, o sea, tres minutos después de que la luz del pasillo se encendiera, cuando noté que me zarandeaban , después un murmullo, como de alguien hablando en la lejanía. 
     
     Abro los ojos en la penumbra ( la luz del pasillo seguía encendida), como drogada por el sopor, veo una sombra inclinada sobre mí, no sé exactamente dónde estoy ni qué leches está pasando y de repente,   !zas! un latigazo de hielo sobre el estómago ( ! Me había tirado el bloque helado encima!)
   
      Empecé a berrear como si me estuvieran matando. A mi tía, aterrorizada, se le ocurrió encender la luz, lo cual no hizo más que incrementar mi pavor y desconcierto, mis gritos y mis convulsiones debían de ser acojonantes a juzgar por los rebuznos respiratorios  de la tía Elisa. En cuanto fui consciente de la barbarie , la llamé de todo, todos los tacos que me sé en español y en alemán salieron de mi boca de carrerilla y a grito pelao. A mi tía, asimismo atacada de los nervios, no se le ocurrió otra cosa que decirme: « Ay, hija,  !cómo te pones!», lo cual no hizo sino propiciar otra sarta de improperios por  mi parte
     
     Al día siguiente, de camino al tren, yo muerta por no haber pegado ojo, apenas nos hablamos. Hasta que al final se lo dije: «Estás loca, casi me matas. ¿sabes? ». « ¿Yo?», dice ella, «Me diste un susto que me tuve que tomar una pastilla para los nervios, hija. Menuda  nochecita me has hecho pasar y yo que solo quería que durmieras fresquita. »
     Tía Elisa me ha dado su permiso para que os cuente, en otro post, su visita a Viena.
    !Ay!



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3 comentarios:

Juan Carlos Seguí dijo...

Jajaja, estoy deseando leer la crónica del viaje a Viena

Celia Segui dijo...

Paciencia, ya vendrá ;) Viena, y Mathausen

Tania (Sevilla desde La Giralda) dijo...

Acabo de leer las crónicas de la tía Elisa, me recuerda en cierto modo a alguien muy cercano.

Estás guapísima en la foto de tu último post.

Un abrazo Celia.

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