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domingo, 17 de mayo de 2015

Fredy Baby (Crónicas Vienesas)

(Todas las Crónicas son hechos reales)


     Por suerte o por desgracia conozco a gente única en el mundo, en general frikis, y alguno que otro pertenece a mi familia.
      Fredy Baby es un señor extraño que intenta ser encantador con todas sus fuerzas, pero al pobre le queda muy forzado. Es de estas personas que después de cualquier insulsa frase suelta un “ jijiji” que nadie entiende, y que te hacen sentir fatal porque si no te ríes quedas mal y si te ríes vas a soltar un “jijiji” tan idiota como el suyo. Así que después de visitar a Fredy Baby te tiemblan  los carrillos  y te duele el diafragma de tanto forzarlos. Fredy es el único de la familia que no sabe que todos, incluida su mujer, lo llaman Fredy Baby.
     Fredy Baby y mamá Hofbauer se odian a rabiar; pero son una pareja ejemplar. Cuando están con sus hijos ambos se esfuerzan  enormemente por ser encantadores, y mamá Hofbauer siempre gana. Se pisan el uno al otro hablando y se lanzan miradas fulminantes, incluso algún que otro grito de “¡déjame hablar!” seguido del consabido “jijiji”.
     Son una pareja ejemplar porque son el único matrimonio que conozco que ni vive junto ni separado. Fredy Baby  vive en  el piso de Viena donde mamá  Hofbauer duerme sólo cuando va  de compras y en la misma cama. Mamá Hofbauer vive en un pueblecito y Fredy  Baby va todos los días a comer y a trabajar en el jardín. Después de comer, Fredy hace la siesta en la ¿cama matrimonial?,  y espera a la merienda de las cuatro  para después, como un reloj, coger todas sus cajas y volver a Viena.
     Los traslados de Fredy Baby de Viena a Königstetteten y viceversa no son fáciles, porque desde hace unos años  se le ha metido en la cabeza llevarse toda la vajilla sucia cada día a  Viena para meterla en el lavavajillas, a pesar de que mamá Hofbauer tiene un lavavajillas nuevo en Königstetten. Así que todos los días sobre las diez, Fredy Baby sale de Viena con su coche cargado hasta arriba de cajas de cerveza, cesta de la compra (el hombre es moderno y "agarrao"  como un "condenao" y compra en tres supermercados distintos  cada producto, a razón de su precio, obviando el dineral que se gasta en gasolina yendo de un supermercado al otro: que si los huevos en el Lidel, la leche en el Spar, etc.). Y, por supuesto, se lleva devuelta a Königstetten toda la vajilla reluciente: vasos, platos, cucharas, tazas de café. Todo metido en una caja de madera para la comida de las doce  y la merienda de las cuatro. 
     A nadie se le ha ocurrido ni siquiera preguntarle por qué se lleva la vajilla a Viena. La familia hace tiempo que ha asimilado que Fredy Baby tiene sus manías y hay que dejarlo a su bola.
     Mamá Hofbauer es muy lista y muy pasota. Y para ella este extraño hecho  se ha convertido en algo cómodo y  rutinario. Cuando Manfred, mi marido, y yo le preguntamos atónitos por qué se llevaba la vajilla a Viena, hizo ese sonido gutural tan típico en ella y levantó la mano como diciendo: ya se apañara.
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DANKE!




2 comentarios:

Salamandra dijo...

FLIPO

Celia Segui dijo...

Yo también :)

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